A LA INSEGURIDAD SE LA COMBATE CON POLÍTICAS Y FUNCIONARIOS IDÓNEOS

Los habitantes de Santa Fe estamos a merced de la delincuencia, mientras las autoridades posan delante de los nuevos patrulleros
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Este último domingo no fue un domingo cualquiera en el mundo. La feligresía cristiana festejó la resurrección de Jesús. Pero en la Ciudad de Santa Fe había alguien que tenía otros planes para dar culminación a la Semana Santa. Un “mal nacido” que salió a delinquir y truncó la vida de un joven padre de familia, un buen hombre, un honesto trabajador que todos los días se levantaba a las 5 de la mañana para ganarse su sustento, el de su esposa y el de sus dos pequeños hijos.


Ariel Castelló estaba compartiendo el almuerzo del Domingo de Pascua con su familia cuando, a los postres, escuchó el pedido desesperado de auxilio de una mujer. Sin pensarlo dos veces, ni siquiera sopesando que su vida podía correr algún tipo de riesgo, enfiló para la calle. Un delincuente apuntaba con su arma la panza de una embarazada de ocho meses y medio. Otros vecinos también salieron en ayuda de la víctima. Todo fue muy rápido. Al sentirse acorralado, el agresor comenzó a disparar con su arma, una pistola calibre 9mm. Una de las balas impactó en el abdomen de Ariel, que no entendía de dónde provenía el gran dolor que comenzó a sentir. Se desplomó en un instante. Raudamente lo trasladaron al Hospital Cullen para atenderlo, pero falleció como consecuencia de los daños que el proyectil le causó en órganos vitales. El asesino fue apresado por los mismos vecinos de la zona y entregado a la policía que acudió al lugar.


Hasta acá la crónica de un suceso luctuoso; crónica que, lamentablemente, se repite sin cesar en todo el país, y que tiene a la población encarcelada dentro de sus propias casas, mientras los delincuentes se pasean por las calles como si fuesen los amos y señores de la vida y el destino de las personas honrada y honesta.


Una muerte como esta no tiene lógica ni explicación. No hay palabras para consolar a esposa, hijos, madre, hermanos y amigos.


Mientras las autoridades de la Provincia de Santa Fe hacen gala de la adquisición de nuevos patrulleros “inteligentes”, con sofisticados sistemas de detección de vehículos con pedido de captura y toda la parafernalia de aparatos electrónicos, los malvivientes se ríen en las propias narices de los agentes del orden. Esto no es una novedad para nadie, y no estoy haciendo ninguna revelación que no surja de las propias conclusiones a las que puede arribar cualquier ciudadano que transite por calles y avenidas de la capital provincial. Sin hacer demasiado esfuerzo, es posible observar puestos fijos de control vehicular, por ejemplo en el paseo de La Costanera. Se realizan controles de alcoholemia, constatación de documentación para circular, etc., etc, mientras, a pocos metros, grupos de motociclistas hacen arriesgadas piruetas, picadas y todo tipo de infracciones a las leyes de tránsito, con motovehículos sin patente, sin luces. En una palabra, la Policía de la Provincia de Santa Fe incorpora modernos patrulleros para controlar a ciudadanos que pasean sanamente por la ciudad, pero no se “meten” con quienes alteran el orden público de manera descarada y manifiesta. De aquí, a la comisión de cualquier tipo de ilícito hay solamente unos pocos pasos, ya que la “escuela de la calle”, las “malas juntas”, las “bandas juveniles” que transgreden todas las normas son el mejor caldo de cultivo para una delincuencia que está dispuesta a todo, puesto que sus propias vidas no tienen ningún valor.


Quizá, la ciudadanía tenga que esperar que se vea truncada por el accionar delictivo la vida de algún hijo de un alto funcionario, de un juez “garantista”, de esos que ahora pululan dentro de nuestro Poder Judicial, para que sienta , en carne propia, el dolor que hoy sienten los familiares de Ariel Castelló, para que se pongan a trabajar en serio en la lucha “sin cuartel” que hay que darle a este gran flagelo de la inseguridad que todos los días nos enluta como miembros de esta sociedad.


Las promesas de campaña, las presentaciones rimbombantes que realizan los políticos cuando tienen la oportunidad de mostrar que hacen algo en pos de esa lucha, son nimiedades cuando la muerte, fruto de un acto de inseguridad, golpea a la puerta de cualquier familia.


Es necesario que las autoridades provinciales entiendan que a la delincuencia se la tiene que combatir con políticas específicas, implementadas por funcionarios de carrera especializados en la materia. Mientras se ponga al frente de un área tan delicada a personas inexpertas, sólo se podrá mostrar un poco más o un poco menos de equipamiento, pero no es, precisamente, el equipo lo que hace a un buen tratamiento de este flagelo, sino la idoneidad de los recursos humanos que se dediquen a su combate. Sin esta idoneidad, nada de lo que se haga podrá contabilizarse como un avance, sino, todo lo contrario: siempre estaremos a merced de quienes no consideran a la vida como un bien supremo.


La población de Santa Fe eligió autoridades para que garanticen ese bien supremo. Es deber y obligación de esas autoridades hacer honor a ese mandato. No más “espejitos de colores” Sr. Gobernador. Arremanguese, dejé los recitales de Los Palmeras con la Filarmónica Provincial cuando lo delincuencia de Santa Fe esté controlada !!!! Póngase a trabajar para lo que la ciudadanía le otorgó el mandato !!!!

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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