El único adversario que tiene Macri sigue siendo la inflación

OPINIÓN 18/03/2018 Por
Siete días de política. Opera a voluntad para contener los precios que comenzaron a desbordar riesgosamente: 2,4% los minoristas en febrero y 4.8%, los mayoristas. Usará tasas y dólar como ancla. El PJ, mira
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Las encuestas muestran un mal humor social cuya causa es perfectamente conocida: es con el gobierno por la economía. Es menos sabido, en cambio, que al gobierno no le preocupa demasiado esa caída de popularidad.

¿Por qué? Porque el presidente trazó una estrategia económica para 2018. Será el año del emprolijamiento de las variables macro que piensa exhibir en la campaña de 2019. Se apega a ese plan sin atender al clima que generan los medios (en su mayoría muy críticos), ni a las opiniones de los economistas o de los dirigentes opositores.

La estrategia consiste en su primera etapa en eliminar el retraso cambiario acumulado a lo largo de 2017, que complicaba las exportaciones y las economías regionales. Dicho más simplemente, Macri volvió a devaluar como lo había hecho a comienzos de 2016, pero con menos costo porque la "herencia" que le dejó la campaña de las legislativas fue mucho menos gravosa que la que le dejó el dúo Cristina y Kicillof.

El siguiente paso consiste en frenar la suba de la inflación generada por la devaluación y por el alza de tarifas. ¿Cómo? Manipulando la política monetaria vía tasas y usando nuevamente al dólar como ancla. Nada nuevo, ni "ortodoxo", ni creativo.

La inflación mayorista del primer bimestre llegó al 9,6%, muy lejos de las previsiones oficiales para este año. Pero en el tablero oficial no se encendió ninguna luz roja porque Macri cree saber cómo controlar ese desborde.

Sabe como la controlará porque no tendrá (o tendrá un mínimo de) costo electoral, porque el presidente juega solo. El peronismo en todas sus variantes es el gran ausente en la pelea por el poder.

El peronismo no puede aprovechar el descontento que señalan los sondeos por dos tipos de razones: económicas y políticas. Las económicas consisten en que no hay crisis, el consumo no decae, la economía hace más de 20 meses que crece, lentamente, pero crece y los pronósticos apocalípticos parecen fantasiosas elucubraciones de un Zaffaroni o de un Solá.

Las razones de tipo político-social no son menos obvias. Las reformas para bajar el déficit primario afectaron principalmente a la clase media. En los sectores bajos y medio-bajos del conurbano, donde manda (o mandaba) el peronismo tuvieron un impacto menor por la combinación de planes y subsidios a gran escala.

Pero las clases medias, aunque salieron perjudicadas y expresan el descontento que detectan las encuestas, difícilmente abandonen al presidente porque la única alternativa a mano es volver al pasado K.

Por otra parte, aunque la inflación creció, está lejos de provocar un escenario de catástrofe. Hasta los más cautelosos admiten que a fin de año podría estar por debajo del 20%, lo que finalmente es una reducción modesta, pero reducción al fin. Es lo peor que le podría ocurrir a Macri, si no se desata una crisis internacional que altere por completo el contexto global.

Por otra parte el rebrote inflacionario es parcialmente producto del año electoral que pasó, pero también del "gradualismo" al que Macri no piensa renunciar. Para medir el acierto de esa decisión baste señalar que fue elogiada por la presidenta del FMI, Christine Lagarde, ante empresarios y economistas que piden un violento ajuste de "shock".

El FMI fue siempre un organismo burocrático que generó costos a los políticos a sabiendas. Pero en esta ocasión ayudó al presidente diciendo que no venía a negociar un crédito. La izquierda quedó más desorientada que la Iglesia frente al debate sobre la despenalización del aborto y del salario que el Estado paga a los obispos.

En el frente corporativo el presidente también parece tener las cosas bajo control. Los sindicalistas siguen divididos y están firmando las paritarias que les piden, los empresarios reciben castigos (los industriales) y premios (los agrarios), mientras la Iglesia es objeto de una ofensiva que la tiene arrinconada y sin respuesta.

En este panorama otra corporación en retroceso es la política. El miércoles el jefe de Gabinete, Marcos Peña, concurrió a la Cámara de Diputados y polemizó contra los opositores con un aplomo y una efectividad no vistos con anterioridad, expresión acabada de la postración en la que se encuentra el PJ. Una postración ratificada por la idea de armar un "frente patriótico nacional" con Moyano, Boudou, Kunkel, la Cámpora, los Rodríguez Saá y CFK. Un tren fantasma que sólo servirá para consolidar a Macri.

Fuente: La Prensa

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