Peligroso 2018: De la corrupción K a la corrupción M

OPINIÓN 04/03/2018 Por
El “Mejor Gabinete de los últimos 50 años” ¿tiene verdadera dimensión de lo que ocurre en la calle, en las familias, en los comercios y en las Pymes?
40_un_ranking

Urgente 24. En medio de dudas locales e internacionales sobre la sustentabilidad del modelo económico macrista, pronósticos del REM (Relevamiento de Expectativas del Mercado, que colecta el Banco Central) con menores proyecciones de crecimiento y más inflación y condiciones internacionales que no son favorables para impulsar las exportaciones argentinas y las colocaciones de deuda; Mauricio Macri casi ni mencionó la economía en su presentación en el Congreso; y en el Centro Cultural Néstor Kirchner reconoció que hay internas en el “Mejor Gabinete de los últimos 50 años”.

Por su parte, Marcos Peña pide tener fe, Nicolás Dujovne hizo una presentación que causó espanto entre aquellos que saben de economía; y Francisco 'Pancho' Cabrera confirmó que se quedó sin argumentos ante los reclamos de empresarios e industriales, confirmando su incapacidadpara buscar soluciones, negociar acuerdos e impulsar la producción local.


Mauricio Macri realizó el más corto de sus discursos ante los Legisladores, dado que duró 20 minutos menos que en 2016, según Cippec (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). En consecuencia, pronunció 2.000 palabras menos, los aplausos recibidos cayeron, de 52 tandas en 2016 y 58 en 2017, a sólo 30; la cantidad de datos o indicadores mencionados bajó de 46 en 2017 a sólo 29 este año y dejó la sensación de no tener éxitos para mostrar luego de 27 meses de gestión.


Pero en la Memoria 2018 que se entregó a los Legisladores Nacionales se citan, literalmente hablando, miles de datos; y si bien el resultado se encuentra lejos de los 2 tomos con más de 2.000 páginas que se otorgaron en algún momento del pasado, Mauricio Macri tenía muchos logros para exhibir, sobre todo en Educación, Salud e Infraestructura, 3 áreas que le quitan la pátina de “Gobierno de los Ricos, para los Ricos” que tanto repite la oposición.

Por el contrario, el discurso presidencial se cargó de temas que no son de la Agenda de su electorado (tal como la despenalización del aborto o cuestiones de género), de neto corte progresista, lejana del conservadurismo popular que encarna el macrismo. ¿A quién le habló Mauricio Macri en el Congreso? ¿A un kirchnerismo que lo escuchó en silencio, salvo un grito inmaduro de Andrés 'Cuervo' Larroque, casi ignorando su presencia? ¿Ha los 'lilitos' y radicales que se espantaron con las propuestas? ¿Ha un electorado independiente que desde Diciembre decidió que no quiere votar a “Cambiemos” en las próximas elecciones?Hasta ahora, nadie logra descifrar este enigma.

La mayoría de los datos utilizados no muestran una tendencia a través del tiempo que pueda apreciarse, sino que permiten únicamente ver la foto al día de hoy, sostiene el Cippec. Sólo el 24% de los datos utilizados permite mostrar la evolución del estado de situación se algunos rubros como exportación de software o variación porcentual de homicidios. Muy poco.

En su presentación en el Congreso, Mauricio Macri presentó 12 propuestas de políticas o reformas, 4 de las cuales retoman iniciativas anteriores que no pudieron ser aprobadas, como el Acceso Universal a Internet, la Reforma Procesal Penal, Ley de Extinción de Dominio de Bienes Provenientes del Crimen Organizado y Narco-Crimen y leyes de nuevos parques nacionales que ya fueron expresadas ante las Asambleas Legislativas de 2016 y 2017. Una notable evidencia de debilidad política.

La estructura utilizada en la redacción del discurso presidencial hace difícil constatar avances concretos en los términos que allí se plantean. Así, no sabemos qué quedó de las 3 prioridades para su gestión que lanzó Mauricio Macri en 2016 o las 8 propuestas y 100 prioridades de Gobierno que se redactaron en 2017. Así, el “relato” que construye el macrismo es un discurso sin memoria, que no explica donde estamos respecto del camino trazado pero, como se repitió en 2016, 2017 y este año: “Estamos mejor que antes, lo peor ya pasó”, una idea vacía sin datos que respalden.


Dado que la carrera electoral para el 2019 comenzó en Enero, los discursos de Mauricio Macri ante el Congreso o ante el Gabinete Ampliado tienen sentido preelectoral. Sin embargo, no se hizo balance, las propuestas fueron pobres, ya ni se habla de buscar consensos y acuerdos y, cada vez más, se abunda en frases positiva propios del entrenamiento de los equipos de venta domiciliaria que de un planteamiento político seductor.

Si bien a los políticos no hay que juzgarlos por sus palabras sino por lo que hacen, es importante el sustento racional, la argumentación emotiva y la rendición de cuenta que se debe hacer ante la Asamblea Legislativa, no sólo por su repercusión en los medios, sino porque dota a los funcionarios de argumentos para salir a defender la gestión, justo un pedido que hizo Mauricio Macri en el Centro Cultural Néstor Kirchner, un reclamo que sólo se explica por la baja abrupta en la encuestas de imagen e intención de voto.

Tal como se sostuvo, por primera vez Mauricio Macri reconoció públicamente los roces con los aliados de “Cambiemos” y entre los funcionarios del “Mejor Gabinete en los últimos 50 años”. En la reunión de Gabinete Ampliado, el Presidente de la Nación dijo, casi en código futbolístico: “defendamos al equipo, no caigamos en la trampa de querer salir a empatizar con alguien de afuera” e, insólitamente, reclamó que los presentes que “no se mientan entre Ustedes y no me mientan”, algo casi imposible de escuchar en boca de un Mandatario en el mundo.

¿Qué relación hay con el pedido de Mauricio Macri de mantener buenas relaciones con los aliados de “Cambiemos” y el almuerzo de 4 horas que tuvo Elisa Carrió con el Jefe de Gabinete, Marcos Peña; y el Vice, Mario Quintana, que luego dio para un café de 15 minutos con el Presidente de la Nación, el día antes del discurso presidencial? ¿O con la descompensación que tuvo la legisladora chaqueña en el Aeroparque, a punto de volar a Punta del Este, luego de enojarse con la alocución de Apertura de Sesiones Ordinarias? Por ahora, son todas especulaciones.

Pero las internas dentro del “Mejor Gabinete de los últimos 50 años”obligaron a Alberto Abad a tener que dejar su cargo. A esta altura es anecdótico si tuvo que irse por no aceptar los acuerdos de pago de deuda fiscal que presentaron OCA o el Grupo Ceibo -exGrupo Indalo-; o si fue por la multa que le quiso aplicar a Mercado Libre, o por las demandas del ministro de Agroindustria, Luis Miguel Echevehere, para que elimine muchos de los controles que se impusieron para evitar la evasión y elusión fiscal entre los productores agropecuarios y agroindustriales.


Una conclusión puede sacarse del accionar de Marcos Peña, de las palabras de “Pancho” Cabrera y de la salida de Alberto Abad: En la “Mesa Chica” creen que los problemas provienen de las personas, no de las políticas que se aplican o de las órdenes que no se cumplen.

La idea de verticalizar la gestión igualando hacia abajo le da sustento a la desconfianza e incertidumbre que generan las metas macroeconómicas de la Casa Rosada; lo más grave es que cada vez que cae una de las figuras del “Mejor Gabinete de los últimos 50 años”, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, coloca una persona propia o que le responde incondicionalmente, demostrando una voracidad de poder preocupante. Y estas ansias de controlar todo aumentan al ritmo de caída en las encuestas. Sin duda, un dato alarmante.

En cierto sentido, con cada miembro original del “Mejor Gabinete de los últimos 50 años” que deja su cargo, la figura que lo reemplaza tiene mucho menor 'seniority', menor respeto del rubro con el cual tiene que trabajar; está más sometido políticamente y genera menos confianza a los inversores y analistas extranjeros y el “Círculo Rojo”. Es una lenta degradación de calidad que se siente en la imagen y en la gestión.

Desde que fue despedido de su cargo el entonces ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, se observa un rechazo notable de la “Mesa Chica” de la Casa Rosada a la voz disidente, a aquellos funcionarios que tienen vuelo propio, a aquellos que se niegan a cumplir un pedido que, dicen, viene del Presidente de la Nación. Esta característica ya se observaba en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero una cosa es la disputa por un canon a una disco o un negocio inmobiliario a refinanciar una deuda fiscal de $10.000 millones.

Pero en la salida de Alberto Abad hay que ver la mano de Mauricio Macri para mantener cierto equilibrio dentro de la Jefatura de Gabinete, dado que la expulsión del titular de la AFIP se produce luego de varias duras peleas con el viceJefe de Gabinete, Mario Quintana; y si bien es un triunfo político para el funcionario la salida del hombre de la AFIP, el reemplazante fue propuesto por su par, Gustavo Lopetegui, que, a partir de ahora, será el encargado de controlar el organismo recaudador y los acuerdo que se firmen con grandes deudores fiscales o la eliminación de controles incómodos.

No parece lógico colocar en la AFIP un ingeniero industrial con un MBA, que asesoró en temas de gas natural, electricidad y mercado postal, que dirigió un negocio de energía renovables y una banca 'offshore'; con escasa o nula experiencia en temas fiscales. En su paso por la Jefatura de Gabinete haciendo el trabajo de un politólogo o al ser enviado como “Comisario Político” al Ministerio de Finanzas, Leandro Cuccioli demostró ser obediente a sus mandantes, sin importar sus mandos naturales.

Tampoco parece una buena idea colocar en la AFIP a un especialista en banca 'offshore', justo cuando varios funcionarios de Mauricio Macri enfrentan causas judiciales por este mismo tema; o reemplazar a Alberto Abad para poner un funcionario del ministro de Finanzas, Luis Caputo, horas más tarde que el organismo recaudador reclamara a la Justicia información sobre las actividades profesionales con 'offshore' que tuvo el funcionario. Puede no haber sido esa la intención del equipo de Mauricio Macri, pero deja toda la sensación de que se está intentando tapar todos estos casos.

La elección de Leandro Cuccioli lejos está de permitir que el Gobierno recupere parte de la mística perdida, lejos de la idea de transparencia que se declama, lejos de la intención de mostrarse diferentes al kirchnerismo. Por eso, no hay que extrañarse que aquellos que se cansaron de la corrupción kirchnerista hablen hoy de la corrupción macrista. Cuando el bolsillo no rinde, el límite de tolerancia a los errores de los errores que cometen los políticos de turno baja abruptamente, como se observa hoy.

Todos los medios y analistas destacaron que el Presidente de la Nación abrió su presentación ante el Congreso recordando al ARA “San Juan”, pese a que nada se dijo sobre si se llevará a no la contratación de barcos privados para seguir con la búsqueda. Sin embargo, pocos relacionaron el anuncio presidencial de convertir parte de Campo de Mayo en un Parque Nacional, dejando de lado la idea de vender esos terrenos, que fue rechazada por Elisa Carrió y por las Fuerzas Armadas; y que llevó a la renuncia del Jefe del Ejército, teniente general Diego Suñer, confirmando la gravedad de la crisis castrense que enfrentó la Casa Rosada.

Un párrafo aparte merece la idea de lanzar una Consulta Popular para aprobar la despenalización del aborto dado que crea la excusa perfecta para introducir una campaña que polarice a los votantes en un año no electoral, una forma de refrendar el triunfo en las urnas del año pasado, ya casi olvidado por los errores cometidos desde Noviembre 2017.

La jugada de la Casa Rosada es clara: Si las posiciones que defiende el Gobierno son las ganadoras, esa bandera será usada para dar por tierra con la sensación de debilidad política, caída de imagen positiva y especulaciones de un triunfo sencillo del peronismo en las elecciones del año que viene.

Además, sacaría de la Agenda Mediática los actos de corrupción que impactan sobre funcionarios macristas y sus familiares; y los problemas que hay en la economía, al tiempo que reviste al Gobierno de Mauricio Macri de una pátina de progresismo, que le permite soñar con recuperar parte del voto independiente de centro izquierda y el voto joven, que desde Diciembre dicen que no apoyarán a “Cambiemos” en 2019.

En el fondo, fue lo que hizo Raúl Alfonsín con la Consulta Popular por el Canal de Beagle en 1984, para ratificar el poder ganado en 1983.

Te puede interesar