Combatir el narcotráfico, para combatir la inseguridad

OPINIÓN 14/02/2018 Por
La droga es el principal problema. La droga corrompe, destruye personas, destruye familias, destruye sociedades enteras. Eso estamos viviendo hoy en Rafaela
Viotti
Viotti

Para poder combatir seriamente la inseguridad, hay que combatir la droga, combatir el narcotráfico. Necesitamos saber quién trae la droga a nuestra ciudad, por dónde llega, si existe o no un entramado de poder que maneja este negocio, quiénes son sus verdaderos dueños y quiénes son los cómplices que permiten que conseguir droga sea tan fácil como comprar pan en una panadería.

Los robos de motos, de celulares, arrebatos, robos en viviendas, son los principales delitos en nuestra ciudad, y por la información que dan las distintas fuerzas de seguridad y la Justicia, muchas veces “off the record”, casi el 100% de estos delitos tienen que ver con hacerse de dinero fácil para acceder a las drogas.

Otro daño colateral que causa el negocio de las drogas en nuestra ciudad son los enfrentamientos y tiroteos constantes entre las bandas que disputan el negocio del menudeo, donde no sólo lamentamos víctimas fatales jóvenes, sino que los vecinos viven expuestos y muchas veces son rehenes de los delincuentes que contralan sectores de algunos barrios, ante la ausencia casi total del Estado en todos sus niveles.

Falta de prevención, falta de control, falta de políticas sociales coordinadas entre todos los niveles del Estado que resguarden a los más débiles y eviten que cada día más chicos caigan en el consumo. El Estado casi siempre llega tarde, cuando el hecho está consumado. Pocas veces se logra prevenir, evitar un delito, o detectar un chico en riesgo.

“No te metas porque no es problema tuyo” es la frase que cada vez se escucha más, con un Estado que no asegura protección a los vecinos que quieren denunciar irregularidades, fuerzas de seguridad que muchas veces no dan la confianza necesaria y los vecinos no se animan a denunciar por miedo, porque ellos son los que luego quedan en el barrio, desprotegidos e inseguros ante las represalias de aquellos que acaba de denunciar. Ahí es donde se pierde el compromiso y una gran batalla, la de los vecinos, que prefieren callar y encerrarse en sus casas, por miedo, por no saber quién es el bueno y quien es el malo en esta historia.

¿Quién es el malo?, ¿el que roba para comprar un porro?, ¿el que tira tiros en medio de la calle contra quienes les disputan el pequeño negocio del menudeo?, ¿o los malos son aquellos poderosos que entran la droga a la ciudad, los que la distribuyen en grandes cantidades, los que van comprando voluntades con dinero o con la misma droga que utilizan para su propio consumo?.

La corrupción permite esto, personas corruptas que gustan del dinero cómodo. Cada eslabón del negocio es culpable, el que vende y el que distribuye, pero también el que se deja coimear para

mirar para otro lado, el que agarra ese dinero sabiendo que está manchado con sangre. Ellos son culpables de los robos, arrebatos, heridos y muertos que semana a semana aumentan las estadísticas, ficticias muchas veces porque ni siquiera existe una estadística completa que permita prevenir y evitar futuros problemas.

No podemos decir que la droga es solo un problema de las clases sociales más relegadas porque bien se sabe que el consumo se da en todos los niveles de la sociedad, con la diferencia que, los que más plata tienen, consumen de mejor calidad y no tienen la necesidad de salir a delinquir para poder mantener un vicio tan costoso.

Muchas ONG´s, grupos de padres y algunas personas aisladas tratando de hacer esfuerzos para recuperar chicos adictos (y no tan chicos), personas que le restan tiempo a su trabajo y a sus familias para tratar de ayudar. Recuperar cada adicto requiere de esfuerzos terribles, no sólo económicos sino, por el contrario, esfuerzos sobrehumanos psicológicos, emocionales y físicos. Pero tanto esfuerzo parece en vano cuando vemos que la droga sigue corriendo por la calle libremente, cuando vemos que todos nuestros hijos están expuestos y que cada día hay nuevos consumidores, que se arruinan sus vidas y muchas veces también la de otros.

Muchos saben esto, pero nadie quiere hablar, principalmente por miedo. Porque no sabemos qué intereses estamos tocando cuando hablamos y sentimos que corremos riesgos muy grandes, nosotros y nuestras familias. El miedo calla, ciega y ensordece. Pero no debemos dejar que el miedo nos vuelva cómplices. Por eso debemos contar y denunciar lo que sabemos, debemos exigir compromiso y trabajo real, que se mantenga en el tiempo y no solo esporádicamente para “calmar las aguas”.

Para frenar esta ola de inseguridad, para recuperar a tantos chicos adictos y para evitar que más sigan ingresando a este círculo de muerte, necesitamos el compromiso de quienes corresponde para terminar con este negocio. Por mi parte, como concejal, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance, pero lamentablemente las herramientas para terminar con este problema de raíz las tienen otros, las tienen las fuerzas de seguridad, la Justicia y el Ejecutivo local que debe poner todos los esfuerzos para que el Estado trabaje coordinado y comprometido. Mi compromiso será siempre decir la verdad, buscar y gestionar soluciones, dar visibilidad a los verdaderos problemas y no callarme, nunca, sin dejar que el miedo me gane.

Para ver resultados reales y sólidos hay que ir a la raíz del problema, hay que atacar el negocio mayorista de las drogas, hay que atacar a los poderosos; porque sino, los esfuerzos aislados nunca van a dar resultados reales.

Leonardo Viotti es Concejal de Rafaela, miembro del bloque Cambiemos-UCR

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