La lógica de Kicillof

OPINIÓN 13/02/2018 Por
Axel Kicillof volvió a hablar sobre el rumbo económico del gobierno y reveló que la lógica es algo que no siempre está al alcance de todos.
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Axel Kicillof es una de las caras más identificadas con el kirchnerismo. Con su look de patillas setentistas, logró trepar por las ramas del organigrama del gobierno de Cristina Kirchner tras cautivar a la ex presidenta y ganarse su confianza.

Temido por su fama de marxista ortodoxo, rápidamente supo demostrar que -en el mejor de los casos- sólo podía ser una mala reversión del clásico Ber Gelbard, haciendo equilibrio sobre la soga usando sólo la vara del keynesianismo.

Ayer, en una entrevista radial, dejó algunas declaraciones que demuestran su perfil como economista. El ex ministro interpela a la oposición para que abandone su silencio cómplice y empiece un esfuerzo para detener el avance de Cambiemos que estaría barriendo lo que a su entender fueron los doce años de bonanza kirchnerista.

Parece olvidar que parte de la oposición prefiere darles la espalda a él en diputados y a su jefa en senadores, ya que es sabido que el gobierno está en la obligación de negociar las votaciones por carecer de una fuerza mayoritaria para manejar el poder legislativo. Aunque no lo pueda decir públicamente, sabe que es así.

También dijo que el de Cambiemos es un gobierno de coalición, pero no entre partidos, sino entre grandes empresas. La idea de que no hay partidos dirigiendo la política y de que las empresas son demonios que explotan a los trabajadores en lugar del vehículo a través del cual éstos crean riqueza es todo un indicador ideológico.

Como gran parte de la izquierda argentina, Kicillof está convencido de que la política económica del gobierno implica aplicar principios del siglo XIX, como si quienes tienen a su cargo la política económica desconocieran los cambios estructurales que el mundo ha vivido en los últimos 30 años.

Siendo benévolos, el ministro enarbola ideas de la primera mitad del siglo XX, considerándose un estudioso de las propuestas económicas de John Maynard Keynes, un ser que falleció apenas terminada la Segunda Guerra Mundial y no pudo ver nada de transferencias virtuales de dinero, internet, la economía de los servicios y la informática.

De allí su apología sobre las políticas de incentivación del consumo y protección del mercado interno, en contra de la apertura económica. Según su posición, el retroceso que significa la irrupción del proteccionismo trumpista es un movimiento que contradice las tendencias estructurales a una mayor integración e interdependencia globales.

Quizás gran parte de su análisis esté sesgado no tanto por lo ideológico como por la lógica aplicada. Es que el exministro aseguró que “el gobierno tiene un mal plan que está siendo mal aplicado”. Aunque los cronistas muchas veces estamos más entre letras que entre signos matemáticos, esa expresión de doble negación es una cancelación de lo que pretende afirmar.

Si el mal plan es liberar la economía, el fracaso de esa implementación debería ser celebrado por el ex ministro.

Si la mala implementación es que se está liberando la economía, el plan que se está aplicando mal sería el de cerrarla, por lo que el gobierno coincidiría con los pedidos de Kicillof.

Muy probablemente lo que Kicillof quiso decir es que el gobierno quiere liberar la economía y lo está logrando, pero que ninguna de las dos cosas coincide con su visión del mundo.

A la luz de sus declaraciones, bien vale preguntarse sobre su conocimiento de la lógica y las consecuencias de la implementación de algunas de las políticas que intentó llevar a cabo. Quizás esa doble negación revele la verdadera naturaleza de los resultados de su gestión.

Fuente: Alfil Diario

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