Palmas pruriginosas

OPINIÓN 10/02/2018 Por
La corrupción, se basa en elementos culturales. Se da más en culturas que consideran que la mentira o el desprecio por la propiedad privada, no tienen importancia.
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La corrupción ha sido y será un concepto cambiante y en constante evolución, con variaciones geográficas, religiosas y económicas.

No nos equivocamos al decir que la corrupción es una cuestión cultural. Cómo decía Séneca, "lo que hoy son vicios, mañana serán costumbres".

No era lo mismo la corrupción en los regímenes autocráticos, donde los reyes o funcionarios reales administraban las finanzas de su país sin supervisión de la justicia, que el criterio de corrupción donde los poderes están separados, o se vive en democracia. Pero nuestra larga experiencia nacional demuestra que la elección por voto popular no implica separación de poderes, como requieren los regímenes republicanos.

El cristianismo calificó los actos de compra de voluntades como simonía, por Simón el mago, el falso profeta al que hace referencia Los hechos de los apóstole. Simón pretendió torcer la voluntad de Pedro, a lo que éste contestó: "Que tu dinero desaparezca contigo, dado que has creído que el Don de Dios se adquiere con oro".

CHISPA REFORMISTA

La corrupción también tiene que ver con bienes sagrados, y en muchos casos, con la promesa de salvación eterna. Durante la Edad Media, el Papado consiguió crear un número increíble de acciones relacionadas con la simonía, que garantizaban no solo bienaventuranza en el Reino de este mundo, sino también una cómoda posición en el Cielo, después del Juicio Final.

Fue la corrupción papal, en última instancia, la chispa que disparó la Reforma Protestante del siglo XVI. Eso, y algunas formas de corrupción específicas, como la conocida como nepotismo. La palabra nepotismo, deriva del término latino nepos sobrino, dado que los Papas eran muy afines a la práctica de colocar en puestos vaticanos a sus sobrinos. Esto acabó dando lugar a una forma de corrupción; todos sabemos que hay políticos a los que les entusiasma colocar a sus parientes en buenos puestos públicos, y no suelen limitarse a los sobrinos (aunque también debemos entender que muchas veces en la soledad del poder, uno solo puede confiar en sus parientes).

En el año 1538, Calvino y algunos de sus amigos fueron expulsados de la ciudad de Ginebra por las autoridades. Estas consideraban que estaba bien una cierta reforma, pero que Calvino era demasiado estricto, y que estaría mucho mejor que aplicase su rigor fuera de los límites de la ciudad. Esta situación fue aprovechada por el Cardenal Sadoleto para enviar una carta a los poderes públicos de Ginebra invitándolos a regresar al seno de la Iglesia católica.

El municipio de Ginebra pidió a Calvino que escribiera una respuesta a Sadoleto. En ese intercambio epistolar, más allá de los conceptos teológicos, surge un tema de enorme importancia para comprender la corrupción. La tesis del Cardenal Sadoleto era que la ley estaba por debajo de las instituciones. Las instituciones decidían como se interpretaba y se cumplía la ley, y eso era especialmente real en el caso del Papado.

La tesis de Calvino era la inversa: las instituciones estaba por debajo de la ley, y aun por arriba del Emperador y del Papa. Evidentemente una visión u otra daba lugar a una perspectiva para definir qué era la corrupción. Esta fue la primera conquista de la Reforma: la supremacía de la ley.

VISION PESIMISTA

El segundo regalo, fue que la Reforma tenía una visión pesimista del ser humano: No nacemos buenos ni somos una tabla rasa. Nacemos malos y posiblemente perversos, y por lo tanto lo más sensato que se puede hacer con el poder político, para evitar la corrupción, es dividirlo. Cuando el poder está solo en una mano, ese poder, inevitablemente, se corrompe y acaba en tiranía.

Esa es la base del sistema de división de poderes o checks and balances, de frenos y contrapesos en la Constitución norteamericana (que, por lo visto, no funcionaron tan bien en el caso argentino, sometida al populismo). Si mantenemos todo el poder en una sola mano, eso acabará en la tiranía; si lo dividimos tenemos cierta posibilidad de vivir en un país más justo.

Gracias a esta perspectiva histórica podemos definir la corrupción en cinco puntos:

* El primero es que la corrupción es una deviación en el proceso de tomar decisiones.

* El segundo es que esa desviación significa desviarse del final lógico y legal de la decisión.

* El tercero es que además esa desviación no se debe a una equivocación humana. Todo el mundo sabe que los humanos nos equivocamos. Y tampoco una falta de competencia. La corrupción es un desvío voluntario, consciente y meditado. 

* El cuarto que se debe al hecho de que hay una recompensa o a la promesa de una recompensa.

* Y el quinto, es que esa desviación en el proceso de tomar decisiones que se aparta de su final lógico y legal, y que no se debe a una equivocación humana ni a la falta de competencia, sino a la promesa de una recompensa, tiene un efecto en la sociedad como un todo y contribuye, en mayor o menor medida, a corromperla y hacer que avance en el camino de su decadencia. 

LA MENTIRA

La corrupción, se basa en elementos culturales y no institucionales, y se da más en culturas que consideran que la mentira o el desprecio por la propiedad privada, no tienen importancia. 

¿Puede esa corrupción ser combatida? Pues la respuesta es nuevamente una respuesta cultural. Aquí es justamente adonde apunta el relato de las tiranías y en este caso, el célebre relato kirchnerista: Hay que cambiar la cultura de una sociedad y cambiar el concepto de justicia.

Ibn Jaldún, que fue posiblemente el historiador musulmán más importante de la Edad Media, era pesimista y escribió lo siguiente: "Varios gobernantes, hombres de gran prudencia en el gobierno, viendo los accidentes que han llevado a la decadencia de sus Imperios, han intentado curar el Estado y restaurarlo a una salud normal. Piensan que esa decadencia es el resultado de la incapacidad o de la negligencia de sus predecesores. Se equivocan. Estos accidentes son inherentes a los imperios y no se pueden curar".
Hay muchos que opinan que la corrupción es imposible de curar. ¿Es así?

Si ustedes me lo permiten, yo me voy a quedar con otro testimonio: En el suelo de piedra de la torre de Constance, una prisión francesa que está en la localidad de Mont, un desconocido hugonote del siglo XVII, valiéndose de un clavo, escribió una sola palabra. La palabra de era Resisté (resistir), y ciertamente yo creo que el mejor grito de batalla contra la corrupción.

Resistir como si estuviéramos combatiendo a la misma muerte.

Resistir teniendo los conceptos claros sobre la justicia y sus límites.

Resistir pensando que podemos ser mejores como individuos y como sociedad. Todos nacemos en el barro, decía Oscar Wilde, solo que algunos miramos a las estrellas.

* Este texto que han leído es la adaptación de una conferencia de César Vidal (YouTube https://youtu.be/oBkI3Mmjw84) con algunas variaciones y comentarios de mi cosecha, adaptados a este país.

Fuente: La Prensa

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