LA SOLUCIÓN UNILATERAL DE ZLOTO

EDITORIAL 11/02/2018 Por
El tratamiento asimétrico de la realidad argentina que más que brindar soluciones agrava la situación nacional
4167_zlo-1

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

[email protected]

Marcelo Zlotogwiazda, reconocido periodista en temas económicos, acaba de publicar un artículo titulado “¿Cuál es el principal problema de la economía argentina?”

Su propia respuesta no se hace esperar: la culpable es la “escasa capacidad exportadora” del país.

Y muestra que Argentina exporta apenas por valor equivalente al 12,8% de su producto bruto, cifra inferior al promedio mundial. Por debajo también de países de la región (Chile 28,5%) y más todavía comparados con los europeos, que exhiben porcentajes mayores que el 30, con Alemania alcanzando el 46%. Son cifras del Banco Mundial, y llama la atención que Singapur y Hong Kong figuren con alrededor del 180% (¿Cómo se puede exportar más que la riqueza total generada?).

Pero más allá de este detalle (sabemos que esos países son ciudades-estado y sus economías absoloutamente singulares) lo primero que aparece cuestionable es que nosotros debamos tender a parecernos a otras naciones en este modo de medir las variables relacionadas con la riqueza, la producción y el comercio.

Zloto tiene razón cuando se preocupa porque actualmente las divisas obtenidas por las exportaciones no alcanzan a pagar lo que cuestan las importaciones. Pero él, para solucionar este problema -que es muy real- solamente propone hacer crecer lo que se vende al exterior. Es decir, mira solamente una cara de la moneda.

“La escasa capacidad exportadora del país es la causa principal de que la economía haya chocado recurrentemente con lo que en la jerga especializada se conoce como restricción externa, y que no es otra cosa que falta de divisas”.

Sí, hoy faltan las divisas, pero no faltaban hace dos años, aunque es cierto que no daba para tirar manteca al techo. Y no es que faltan porque se exporta poco (aunque si se exportara más faltarían menos) sino por varias muy gruesas razones:

1) El dólar barato provoca una sangría de alrededor de 10 mil millones de dólares, que se van en turismo al exterior. Ese es el saldo entre lo que se gastan los argentinos fuera de nuestras fronteras contra lo que traen los turistas extranjeros.

2) El Estado se encarga de venderle esos dólares baratos a quien quiera comprarlos, ya sea para guardar bajo el colchón o ponerlos a buen resguardo en Miami o en paraísos fiscales.

3) El tremendo endeudamiento externo en que el

gobierno hizo incurrir al país demanda otros 10 mil millones de dólares anuales en concepto de intereses.

4) Las importaciones crecen irrefrenablemente a favor de que los límites preexistentes para traer bienes del exterior van cayendo uno a uno y sus precios son mucho menores que los locales.

5) Los productores agrarios pueden guardar sus cosechas indefinidamente, no tienen un plazo perentorio para liquidar sus exportaciones y no están obligados a dejar las divisas en el país.

6) Se abrió la válvula que regulaba la repatriación de utilidades de las empresas multinacionales. Es justo que extranjeros que invierten en el país tengan derecho a llevarse las ganancias. Pero hay que controlar que ellas sean reales y no dibujadas con precios que se arreglan entre las sucursales y las casas matrices. Estas maniobras no son fáciles de detectar y sancionar, y menos en el momento actual en que el gobierno busca otorgar confianza para que lleguen inversiones.

Tampoco se puede dejar de considerar que no todas las inversiones extranjeras producen bienes exportables ¿Qué sentido tiene la radicación de empresas que no tendrán nada que exportar, como las multinacionales de comida rápida.

El cepo virtuoso

Todavía en círculos afines a la filosofía del gobierno actual se considera un logro haber terminado con el llamado “cepo” y con las restricciones para comprar divisas y enviarlas a otras economías.

Pero esas trabas configuraban precisamente los instrumentos que trataban de contener -aunque eran suficientemente laxas como para dejar abundantes filtraciones- el vaciamiento del país.

No está mal exportar autos con un crecido componente argentino de valor, del 50%, como celebraba el presidente en la inauguración de las instalaciones en las que Fiat produce su nuevo modelo Cronos. Pero sí es malo seguir desmontando el monte salteño para liberar tierras en las que se plantará soja para vender al exterior. Esto se hace a costa de dañar el clima, el suelo y la salud de los argentinos.

En el esquema que plantea Zloto, las mayores exportaciones no harán sino acentuar la velocidad con que los intereses extranacionales -y los de los argentinos que todavía sienten la angustia de los patriotas que declararon la independencia- exprimen a la sociedad entera.

Te puede interesar