"ETICA ERÓTICA". UNA MANERA DIFERENTE DE SENTIR

Análisis del libro de Javier Sadaba
9788499422459

El título de este libro puede despistar al lector candidato, a quien despierte una curiosidad por leerlo, aunque nos parece que convencerá a quien haya concluido la lectura de este interesante ensayo de Javier Sádaba. Él mismo, a posteriori, al poner el ramo al texto en las páginas finales, señala las virtualidades y subraya las virtudes del título.


“Ética erótica” puede llevar a pensar en una ética del erotismo o para el erotismo, cuando en estas páginas lo que el lector o lectora hallará es una asociación tenue entre la ética y lo erótico. Un giro en la ética, que se convierte en una ética amorosa, es decir, atenta, amable, cariñosa, cuidadosa, simpática,... ocupada en el buen vivir, en la vida buena. En esto consiste esta ética erótica: una ética de la vida buena y para la vida buena. Que, por cierto, pasa por el “erotismo” y la “sexualidad”.


Insistiendo en el toque erótico, podríamos decir que se trata de una ética del querer, que no es solo quererse y querernos, sino también querer hacer, pues la propuesta de Sádaba dista de ser pasiva: la revalorización y la renovación de la sensibilidad, y lo sensible, que preconiza tiene una inequívoca vocación práctica: volcarse “en lo que se puede hacer”. Lo dice bien, y ampliamente, el último capítulo, que funciona como resumen y conclusión: “Una manera diferente de sentir”.


Javier Sádaba lleva un tiempo transitando este camino, la vida buena, explorándolo en todas sus ramificaciones. Recordemos algunos títulos: “La vida buena. Cómo conquistar nuestra felicidad”, “El amor y sus formas. Claves para entender el sentimiento más universal”, “No sufras más. La felicidad en la vida cotidiana”. Este nuevo libro, “Ética erótica”, no solo guarda una proximidad temática con los tres anteriores, sino también un parentesco formal con los dos últimos.


A diferencia de “La vida buena”, un ensayo académico o científico, estos otros tres podrían encuadrarse en un género que cabría rotular como “ensayo periodístico”, tomando esta expresión en el sentido de Michel Foucault cuando proponía hacer filosofía como periodismo. Cosa que no resulta nada fácil y tiene sus riesgos. El primero y mayor sería lo que Roland Barthes llama “estereotipo”, una aleación fatal de lenguaje y discurso imperante en la comunicación social, y Sádaba, empleando otro término clásico, denomina “tópico”: hay que cuidarse, no solo de no caer en el tópico, sino también de ser atrapado por los tópicos (mentiras, medias verdades, convenciones, frases hechas, etc.). De ahí, la llamada a una nueva sensibilidad, y los cuidados del autor ya desde la “Introducción”, marcando diferencias con los estereotipos: lo convencional y conveniente, lo que suele decirse porque conviene decirlo.


Ahora bien, hacer filosofía en los odres de lo que calificó Mallarmé como “l’universel reportage”, escribir como decíamos un ensayo mediático, significa partir casi de cero por lo que respecta a la ética. Y no solo a la ética. Además de combatir y esquivar los estereotipos, hay que decirlo casi todo, explicándose bien y matizando mucho. Hasta lo que parecería más obvio. Y empezar por el principio. En concreto, Sádaba comienza la ética erótica vindicando la vida cotidiana (algo que no existe y, por lo tanto, no tiene importancia en una cultura mediatizada, instalada en lo extraordinario, lo excepcional, lo excelente, etc.) como espacio, tiempo y relaciones donde la felicidad es posible (“Vida cotidiana y ética”). Y ahí surge una ética, que nuestro autor presenta con trazos largos y finos, que se aleja de la vaga y/o dura obligación moral impuesta, que cae como una red sobre el individuo o resuena en su cabeza como una molesta voz “off” estorbando y/o impidiendo el desear y el sentir (“Los consejos de la ética”).


Deseo y sentimiento, o simplemente “sensibilidad”, son las piedras angulares de la apuesta de nuestro autor. Lo sensible, que integra sensación, percepción y sentimiento, envuelve a uno, a cada persona, y los otros, nosotros y todos los demás: “Sensibilidad y valores ciudadanos”. De ahí, la vocación práctica, para lo que se requiere, en este tiempo y espacio de acción trillada, el recurso a la “imaginación”, necesaria también en lo íntimo y los detalles (“El erotismo y el humor”). Esto puede sonar a 68 y, sí, salvadas las distancias, tiene que ver con todo aquello.


“Eros”, en el sentido que hablaba Marcuse en Eros y civilización, como recuerda Sádaba, puede ser otra manera de denominar esta suma, este combinado, de sensibilidad e imaginación, volcado como dijimos al “poder hacer”. Como antaño, en el siglo XX, señalaba Marcuse, hoy Sádaba nos indica que es tiempo, y lugar, de des-represión y des-sublimación, de des-reprimirnos y des-sublimarnos, empezando por uno mismo, pero sin quedarse ahí. Esta “ética erótica” nos alerta de que tendemos a privarnos de más y a andar por las ramas y estar en las nubes también de más. Hay que romper esos círculos, que además ahora y aquí la crisis y la austeridad estrechan y refuerzan. Ese es, en nuestra opinión, el mensaje, el reto a que Javier Sádaba invita en este texto, marcado por la actualidad, con la documentación y la cultura habituales en sus trabajos, características de su buen hacer como filósofo.


Autor: Luís G. Soto

Funete: Agora: Papeles de filosofía

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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