"PROSPERO EN EL LABERINTO". LAS DOS CARAS DEL BARROCO

Análisis del libro de José Francisco Martínez
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En esta obra poliédrica, plural y sorprendente, que destaca por su claridad expositiva, fineza analítica y la calidad de la ingente documentación manejada, el profesor Francisco José Martínez recoge una serie de trabajos desarrollados durante los últimos veinte años bajo el hilo conductor del Barroco como hecho (histórico, político, social), idea (filosófica, cultural, idiosincrática) y ethos (estrategia, disposición, arreglo compositivo). No presenta un estudio sistemático del Barroco, sino el esbozo de “una constelación de casos particulares que se presentan como mónadas a la par que como indicios o síntomas, los cuales remiten a una idea de Barroco que reverbera en cada uno de ellos pero no se agota en el mismo, esta idea del Barroco se presenta como una hipótesis que se va formando a partir de los temas analizados”. El autor presenta el Barroco como una época histórica concreta que muestra concomitancias con la nuestra, no como un eón intemporal. Una época en la que “la cultura dominante es una cultura dirigida al control de las masas urbanas nacientes, protocapitalistas, lo que no impide que no se den actitudes a contrapelo de la dominante que no se doblegan ante la crisis, ni se adaptan a ella, sino que presentan un sano escepticismo que se conjuga a veces con la conservación de los ideales renacentistas y otras veces se abren al futuro presagiando, incluso, las luces próximas”.


La metodología analítico-expositiva del autor combina un método monadológico inspirado en Walter Benjamin e indiciario tomado de Carlo Ginzburg. La razón de usar este método monadológico-indiciario radica en que el Barroco es un estilo en el que los detalles son centrales: cada idea puede contener toda la imagen del mundo (lo concreto porta la imagen de su tiempo, en el detalle reverbera la totalidad de una época, lo excéntrico muestra la forma general) y las trazas son indicios que remiten a algo no presente y no experienciable directamente (el procedimiento de la abducción postula causas posibles a partir de efectos observados). La imagen global resultante es un retrato ético-político inédito: el Barroco como conjunto abigarrado de series divergentes y tensiones no resueltas en sus diversas manifestaciones, atravesadas todas ellas por una dualidad o ambigüedad profunda.


La “Introducción: Ambigüedades barrocas” analiza varios vértices de la compleja figura del Barroco. El primero es su carácter teatral (juego de apariencias, simulacros, engaños, secretos) y la conversión de la religión en espectáculo exterior. El segundo es la proliferación alegórica, el arte constructivo, el manejo de los espacios urbanos y monumentos. La revalorización de lo móvil, el cambio, lo multiforme, es el tercer vértice. El cuarto lo conforma el intento de conjurar las masas, crecientes en número y capacidad de movimiento, peligrosas por la crisis económica y espiritual, a través de la fuerza militar, la apelación a los sentidos y la imaginación: “el trono y el altar se unen para sojuzgar cualquier hálito de libertad”. El absolutismo se constituye como poder frente a la esperanza humanista y republicana de las comunas renacentistas. No obstante, lo que realmente define al Barroco es una dualidad que enfrenta polos opuestos: visible-lisible, fachada-interior, poder-nada, espíritu-carne, entre otros. Una ambigüedad que combina lo tenebroso y luminoso, ambos excesivos, paradójicos, atrevidos y extremos. Ambos hiperbólicos, uno en su sencillez y otro en su magnificencia. “Las dos caras del Barroco son las dos respuestas complementarias a la constatación de la inestabilidad del mundo, a la perpetua movilidad de inconstancia de las cosas, a la metamorfosis permanente de todo, a la visión del mundo como un juego de apariencias evanescentes, como una ilusión sin fundamento”. Doble cara que se materializa no sólo en las artes sino, sobre todo, en el ejercicio moral y político.


La segunda parte “Ética: Modos de hacer y de sentir” se compone de siete estudios. En el primero, “Astrología y libre albedrío”, se exponen las posturas del Renacimiento con respecto a la relación entre el libre albedrío y las creencias astrológicas (o determinismo astral). Parte de dos suposiciones: que es en esa época cuando esta discusión toma su forma canónica, y que las discusiones posteriores hasta el día hoy non han añadido nada substancial al debate renacentista. El segundo, “Espacio interior y espacio exterior en Miguel de Montaigne”, es un retrato de la obra y figura homónima, centrado en su apuesta teórico-práctica: el ensayo como género en el que se traza la construcción de una sabiduría basada en la experiencia, atenta al cuerpo. La escritura subjetiva y la expresión de la subjetividad, la creación intermedia entre ciencia y arte, la reconciliación con lo finito, el autorecitado, el sensualismo, el humor, el viaje y la construcción del yo, son algunos de los mojones que delimitan el proyecto de Montaigne. El tercer estudio, “Melancolía y filosofía”, expone y analiza las distintas formas que toman las relaciones entre el mal de la melancolía y la meditación filosófica que arranca en Heráclito, el Problema XXX de la tradición aristotélica y Rufo de Éfeso (s. II d.C). Se repasan las posturas de Alexander Neckan, la medicina medieval, el neoplatonismo, Ficino, Andrés Velásques, J. Milton, Tirso de Molina y, sobre todo, R. Burton (quien se inserta en la estela de las obras de Bright y J. Ferrand). El punto y final lo pone la concepción de Spinoza. El cuarto texto, “El cuerpo doliente y el cuerpo triunfante en la pintura barroca”, trata la dualidad del cuerpo durante el Barroco. Por una parte portador del dolor, retorcido por el sufrimiento, cuyo fin último es la muerte, por otra parte resplandeciente, triunfante, liberado de la muerte y el sufrimiento, que avanza, liberado, hacia Dios. Se analizan obras de los pintores Valdés Leal, Guido Reni, Tintoretto y Miguel Ángel. El quinto estudio, “La controversia De auxiliis en el siglo de oro español. El caso de Tirso de Molina”, explica cuál es la postura teológico-filosófica que late en la representación dramática de los temas centrales de la discusión sobre el conflicto entre la gracia divina y la voluntad humana, los diversos efectos de la gracia sobre la salvación o condenación, la importancia de la acción divina sobre el entendimiento humano, en algunas obras de Tirso de Molina. El sexto estudio, “La estetización del tema de las sibilas en el Barroco”, aborda la continuidad y discontinuidad que el tema de las sibilas ha tenido a lo largo de la historia y, sobre todo, como se transforma en el Barroco bajo la influencia de las disposiciones sobre las imágenes sagradas emanadas del Concilio de Trento y el ambiente contrarreformista que se impuso en el siglo XVII especialmente en España. El autor sostiene que en el Barroco se produce una estetización del tema de las sibilas, y en general de los temas mitológicos, que hace que se representen más por razones estéticas que por sus valores simbólicos y alegóricos (que, sin embargo, no desaparecen del todo porque este valor es el que les confiere su prestigio). El último texto de esta primera parte, “Mito y retórica en el discurso ingenioso de sor Juana Inés de la Cruz”, es un análisis pormenorizado del uso del “discurso ingenioso” de sor Juana. Este tipo de discurso tiende a poner de relieve y descubrir relaciones secretas de las cosas entre si mediante la utilización de metáforas atrevidas que llevan al límite las comparaciones y conexiones entre cosas y palabras. Las palabras cobran autonomía y libertad, y la alegoría y la etimología se ponen al servicio del despliegue de significados desconocidos. Un arte de la creación de nuevos conceptos a través de la producción de campos semánticos sorprendentes. El autor analiza cuatro obras y la función que la mitología desempeña en ellas: El divino Narciso (conexión entre imágenes mitológicas y teológicas), Neptuno alegórico (conexión con imágenes de poder), Amor es más laberinto (conexión con imágenes de amor), Primero sueño (conexión con reflexiones filosóficas). Así se ponen de relieve las diversas funciones que cumple la mitología en el discurso barroco.


La tercera parte “Política: Formas de concebir y organizar la sociedad” se compone de ocho estudios. El primero, “Política y astrología”, profundiza en algunas de las funciones de la astrología al servicio del poder político: por un lado la utilización de los temas astrológicos y mitológicos para exaltar al poder y los gobernantes, por otro la utilización política que se hizo de la filosofía de la historia de corte determinista y naturalista, implícita en la astrología. El segundo, “Medea como emblema barroco de la dualidad y el desorden”, analiza como el mito de Medea es retomado por algunos autores barrocos destacando sus aspectos éticos y políticos. El estudio tiene dos partes: en la primera se analiza al individuo barroco como campo de batalla de las diversas pasiones; en la segunda como emblema de lo políticamente ajeno, lo socialmente inconmensurable, lo culturalmente inhumano. En este segundo aspecto, las actuaciones de Medea señalan a su exterioridad con respecto al Estado, al derecho y al orden. El tercer estudio, “¿Es posible regresar de la estadística a la ética?”, expone y penetra con perspicacia como el Estado moderno (renacentista y barroco) actúa y maneja el secreto, y como esta idea se opone al ideal ético de transparencia que debe acompañar las actuaciones del gobernante. Un secreto esencial que hace de la política moderna la capacidad y técnica de manipular los secretos. “Laberinto”, cuarto texto de esta parte del libro, es un recorrido por las diferentes ideas que a lo largo de la historia ha simbolizado el laberinto, las diversas tipologías laberínticas, la interpretación gramatical de los laberintos, sus significados religiosos, la especificidad de lo laberíntico en el Barroco, su utilidad como metáfora de la modernidad y su conexión con una simbología del devenir. El texto titulado “Una lectura ontológica y política de La Tempestad”, quinto estudio, es un fino examen de la última obra de Shakespeare y sus interpretaciones. El autor aborda la obra desde dos ejes: ontológico (los diferentes niveles de realidad, la relación entre realidad y ficción, la función de la magia) y político (los distintos aspectos del problema de la autoridad política, del poder y la soberanía). Próspero es el rey-mago (aplica la justicia de forma implacable) que ejerce su poder a través de la magia y la fantasía y, también, la autoridad mágico-religiosa (magnánima) capaz de perdonar y restablecer la paz a través de la reconciliación. El estudio “La teología milenarista de la historia del padre Antonio de Vieira” explica la vida comprometida y obra política del padre jesuita Antonio de Vieira (1608-1697) a través de sus variados rostros: misionero, predicador y diplomático; orador sagrado (sus sermones eran antológicos); pensador milenarista lusocéntrico. El análisis de sus obras Historia del futuro y Clavis Prophetarum rematan el estudio de una figura que es ejemplo paradigmático del carácter barroco y del jesuitismo como epítome del mismo, mezcla de vislumbres de protomodernidad mezclados con resabios medievalizantes. El penúltimo texto, “Razón de Estado barroca, policía y sincretismo religioso: los arcángeles arcabuceros coloniales”, es un análisis de las series de ángeles arcabuceros producidos en los siglos XVII y XVIII en la pintura cuzqueña como expresión de la aculturación política y religiosa, de un sincretismo religioso que da a luz obras originales que expresan una forma de ser y pensar mestiza (sincretismo que es, en el fondo, una muestra de resistencia a la aculturación). El último estudio “La trinidad trifacial como representación gráfica del milenarismo joaquinita” acomete el intento de dar una explicación verosímil de un tipo de representación pictórica de la teología trinitaria en el arte cristiano. El anclaje teológico y los avatares históricos de esta iconografía trinitaria son explicados de manera brillante y sorprendente con la hipótesis de la influencia de la teología de la historia de Joaquín de Fiore y sus seguidores referida, en este caso, a la cercana “edad del espíritu” que para los evangelizadores americanos franciscanos y jesuitas se anunciaba en América, lugar donde había de erigirse la nueva Sión y el nuevo templo. La historización de la trinidad es la clave de estas singulares representaciones trifaciales.


En la parte final “Epílogo gnoseológico: Barroco y neobarroco” el autor explicita algunas de sus razones para estudiar el Barroco: la suposición de que la serie barroca presenta un conjunto de coincidencias (concomitancias, resonancias, reverberaciones) con la serie posmoderna (nuestra época). El autor aprovecha para reforzar a propuesta (que recorre todo el libro) de la complejidad constitutiva del ethos barroco: una estrategia de resistencia frente a la invasión a la que el capitalismo somete a la vida cotidiana. Una resistencia que, sin duda, tiene elementos medievalizantes, carencias científicas y tecnológicas, y un trasfondo patriarcal y religioso (aunque sea herético y sincrético). El proyecto de erguir una modernidad alternativa jesuítica supuso poner al servicio de un proyecto de modernización católica de la sociedad la estetización barroca de la vida, la secularización y popularización de la mística que extendió a todos los individuos la exigencia de vivir en tensión permanente entre lo natural y lo sobrenatural. Pero esta tensión, alternativa a la ética productivista protestante, no pudo mantenerse y fue derrotada por carecer de una lógica económica coherente. El autor pone sobre la mesa su apuesta por una modernidad poscapitalista que articule de forma más simétrica la modernización, la modernidad y el modernismo, democratizando profundamente todos los ámbitos del sistema político, económico y del mundo de la vida, controlando los efectos perniciosos del desarrollo económico, las ideologías religiosas, patriarcales y tecnocráticas, e impulsando el valor sensual y creativo del arte.


Autor: Miguel Angel Martínez Quintanar

Fuente: Agora: Papeles de filosofía

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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