MÁS SOLO QUE ADÁN EN EL DÍA DE LA MADRE

Cada vez son más los sectores sindicales que no acompañaran a Hugo Moyano en la movilización del 21 de febrero próximo
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Evidentemente Argentina está cambiando. Lo que hasta hace tan sólo dos años parecía sólo un eslogan de campaña hoy se va transformando en una realidad incontrastable.


El cambio no se evidencia, únicamente, en los temas que tienen que ver con un giro de 180 grados operado en la manera de encarar la economía del país, ni en el respeto irrestricto a la insitucionalidad, con el funcionamiento a pleno e independiente de los tres Poderes del Estado, ni en la forma que tiene la administración de Mauricio Macri y quienes lo acompañan en su gestión de gobierno a la hora de hacer público su trabajo, ni en la manera de comunicación con la ciudadanía. El cambio se deja notar en situaciones más profundas de nuestra sociedad, situaciones que muestran un crecimiento de la responsabilidad del hombre de “a pie”, en lo que hace a su rol dentro del entramado de la comunidad.


El hombre común ya no se deja arrastrar por arengas vacías, ni pide a gritos, como en épocas no tan lejanas, que el gobierno caiga cuando una medida afecta su bolsillo u otro tipo de beneficio que solía disfrutar.


Salvo expresiones recalcitrantes, de sujetos que jamás van a poder aceptar un gobierno de signo distinto al peronista, no he sido testigo de grandes manifestaciones por no poder tener más la gratuidad de las transmisiones televisivas del fútbol, tal como se hizo durante gran parte del proyecto “Nac & PoP”. Tampoco se palpa, en la mayoría de los sectores sociales, un rechazo marcado hacia los ajustes en el precio de los servicios, habida cuenta que éstos no fueron de la brutalidad que los agoreros presagiaban y alertaban a la población antes de las elecciones del mes de octubre pasado. La sociedad argentina ha sabido interpretar que lo que parece gratis, a la larga sale costando carísimo. Esa es sólo una de las tantas experiencias que los argentinos hemos podido cosechar del populismo totalitario que supuso el kirchnerismo en el país.


Hoy sabemos que si la luz, el gas, el agua, el transporte público y otros servicios son abonados con tarifas irrisorias, eso no significa que el precio de los mismos sea también irrisorio. No, para nada. Quizá, durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner al frente del Ejecutivo Nacional puede que haya habido un atraso en lo que a tarifas públicas se refiere, pero que el ciudadano haya tenido que pagar “monedas” por ellas no significa, de modo alguno, que el Estado no se haya hecho cargo del costo subsidiado o, lo que es lo mismo, que la diferencia entre lo que el ciudadano pagaba y el valor real de esas tarifas se solventaba con dineros públicos, dineros de todos los argentinos, que se sustraían de otro tipo de afectaciones, con la consecuente desinversión de vastos sectores de infraestructura fundamental para el buen funcionamiento de todo el sistema.


Pero, lo que es aún más importante para notar ese cambio al que me estoy refiriendo, es un hecho puntual que está aconteciendo en estos momentos: el ex secretario general de la Confederación General del Trabajo y, también, ex secretario general del Sindicato de Camioneros, jefe de un “clan familiar” que se ha posicionado en todos los sectores de poder y decisión del país, Hugo Moyano, el hombre que, hasta hace muy poco tiempo, con sólo pronunciar una palabra movilizaba a una inmensa parte del gremialismo y de los trabajadores argentinos, que se encolumnaban detrás suyo sin chistar, hoy se está quedando “más solo que Adán en el Día de la Madre”. Así lo demuestran las manifestaciones de importantes dirigentes sindicales y representantes de los gremios con mayor peso dentro de la coyuntura nacional, que han tomado distancia del “camaleónico” camionero y no van a participar de la movilización que éste ha decidido realizar para el próximo día 21.


Es que, por una parte, la citada movilización no tiene un fin claro ni real, más allá de pretender ser una acción de presión, dirigida a las actuales autoridades nacionales, proveniente de un personaje que está siendo investigado por la justicia por la presunta comisión de diversos delitos. A esta conclusión se llega fácilmente si se analiza el aparente motivo que se ha dado para realizar la medida en cuestión: Moyano dice que es por la lucha salarial de los camioneros y por la pauta paritaria a la que el gobierno de Mauricio Macri le ha puesto un tope del 15%, pero, si ese fuera el caso, la discusión de la misma está prevista recién para el mes de junio de esta año, con lo que la inmediatez de la movilización pierde sentido desde ese punto de vista. Por otra parte, las recientes declaraciones vertidas por el mismo Moyano, que configuran a todas luces una apología del delito, figura tipificada en nuestro Código Penal, cuando manifiesta que al “gobierno le queda poco tiempo” y que él “va a ayudar para que caiga”, son vistas por otros representantes de los trabajadores y por todos los ciudadanos con sentido común, que gracias a Dios son la mayoría de la población argentina, como manotazos de ahogado de una persona que no se resigna a perder protagonismo, sobre todo cuando de ese protagonismo depende en gran medida su libertad y la de varios miembros de su familia.


A decir verdad, Moyano hoy siente, en carne propia, lo que ya recientemente han sentido otros miembros del gremialismo y el sindicalismo argentino, algunos de los cuales ya se encuentran tras las rejas aguardando que la justicia los condene por los delitos cometidos, mientras otros esperan ser llamados para rendir cuenta de sus actos de un momento a otro.


La soledad de personajes como Hugo Moyano, que siempre estuvo acostumbrado a tener una séquito de cortesanos y aduladores; la soledad de quien se sintió siempre absolutamente impune, puede obrar en sus ánimos de tal manera que dejen al descubierto lo que realmente son: oportunistas, vividores, parásitos de una sociedad de la que se sirvieron para satisfacer su insaciable sed de poder y de riquezas.


La soledad que hoy refleja la figura de Moyano es el más notorio y auspiciante augurio de un cambio de mentalidad y actitud de una sociedad que decidió no dejarse obnubilar ni engañar más con “piedritas de colores” y ser, de una vez, protagonista de su propio destino y beneficiaria directa del progreso que la administración de “Cambiemos” vino a proponerle al pueblo argentino.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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