"DIOS LOS CRIA Y EL DELITO LOS JUNTA"

El acercamiento de dos de los personajes más ingestigados por la justicia argentina
MOYANO-CRISTINA

Ya lo expresé en una editorial de hace unos pocos días: Hugo Moyano se asociaría con el mismísimo diablo si éste hecho le garantizara impunidad.


Lo dijo no hace mucho y lo volvió a repetir ayer. El líder camionero, jefe de un “clan familiar” que tiene tentáculos en todos los ámbitos del quehacer nacional, desde lo gremial, lo político y, el más importante, lo empresarial, que mueve cientos de millones de dólares al año, no tiene ningún tipo de reparo en contar con el apoyo de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Y va a hacer uso de las más inverosímiles excusas para lograr ese cometido.


Según las últimas declaraciones de Moyano, vertidas en una entrevista realizada en la señal de cable C5N, no tendría inconvenientes en juntarse con CFK, porque, palabras textuales “....esto lo arreglamos entre todos o no lo arregla nadie”.


Creo que no hace falta entrar en detalles, pero vale la pena recordar que el ex secretario general de la Confederación General del Trabajo mantuvo una manifiesta enemistad con la ex presidenta “de todos y de todas”, en virtud de la disputa, en ese entonces, por la aplicación indiscriminada a todos los trabajadores argentinos del Impuesto a las Ganancias.


En ese momento, tanto Moyano como la hacedora de la “década ganada”, no se ahorraron mutuamente epítetos peyorativos, insultos y hasta serias e importantes acusaciones de toda índole, desde las que tienen que ver con los desmanejos de la administración pública nacional, la deslealtad del sector gremial representado por la CGT para con el proyecto populista y totalitario “Nac & Pop” que entonces comandaba la hoy senadora Fernandéz de Kirchner, hasta lo atinente a los delitos cometidos desde la función pública en perjuicio de las arcas del Estado y aquellos negociados, siempre turbios, en dónde jamás estuvo ausente la ambiciosa “uña” del camionero.


Así, las cosas, hoy asistimos a uno de los fenómenos más recurrentes dentro de una realidad política argentina con demasiadas hipocresías, que hizo su irrupción en la escena nacional desde el mismo nacimiento del peronismo como partido político: las siempre presentes componendas entre las cúpulas sindicales y los más altos sectores dirigenciales de ese y otros partidos afines.


El General Perón solía usar una frase, luego atribuida erróneamente a Antonio Cafiero: “cuando los personistas se pelean se están reproduciendo”, queriendo significar con esto que, en verdad, no existían peleas ni rupturas dentro de las filas de su partido, sino que eran movimientos que aglutinaban y aúnanban más a sus miembros.


En verdad, esto ha sido siempre una enorme falacia, puesto que las diferentes vertientes ideológicas que tienen cabida dentro del movimiento peronista han producido infinidad de hechos luctuosos, de enorme magnitud, que no pueden ser considerados como una simple disputa para limar asperezas, y que dieron a una historia nacional no muy lejana negras paginas que enlutaron a cientos de miles de ciudadanos del país.


Las disputas entre el sindicalismo argentino, considerado una de las patas fundamentales del partido peronista, y los dirigentes de éste, cuando no con el mismísimo Juan Domingo Perón, causaron más muertos que la más cruel lista de inseguridad ciudadana que la Argentina registra desde hace ya varias décadas, sólo para hacer una comparación que cualquiera puede entender y corroborar. Desde la época del exilio en España del ex presidente argentino, pasando por los hechos de violencia protagonizados entre gremialistas de la derecha y la izquierda peronista, con los atentados y las bombas que diariamente se producían durante la década de los 60 y principios de los 70, hasta el paso a la clandestinidad después del discurso pronunciado por Perón, en el que, literalmente, hecho de la Plaza de Mayo a los “imberbes”, la historia del peronismo, su pata sindical y sus violencia ha sido una triste constante que depositó al país en la más cruel y genocida dictadura militar que se pueda llegar a registrar.


Entonces, hablar de un acercamiento entre dos sectores que siempre se han disputado la supremacía dentro de un partido, pero, más significativo aún, entre dos personas que manifiestan de manera abierta y pública una vocación de poder insaciable, resulta a todas luces una mera excusa circunstancial para campear la complicada situación que los tiene atrapados.


Por un lado, la ex presidenta y hoy senadora nacional, Cristina Fernández de Kirchner, con su cientos de casusas judiciales en su contra, y hasta con el todavía pendiente pedido de un juez federal de su desafuero como miembro de la Cámara Alta del Congreso de la Nación, paso previo ineludible para cumplimentar con la orden de prisión preventiva emanada del mismo magistrado; y por otro lado, la investigación que están llevando a cabo varios fiscales y jueces del Poder Judicial de la Nación en contra del ex mandamas de los camioneros y de la Confederación General del Trabajo, por la presunta comisión de delitos, tanto dentro del ámbito privado como del público, definitivamente llevan a la conclusión que lo de “juntarse para arreglar entre todos algo que sino no lo arregla nadie” es, en todo caso, “juntarse” o “aunar fuerzas” entre dos poderosos personajes, al solo fin de apoyarse el uno al otro, de la misma manera en que se apoyan los cómplices de un atraco para no caer presos y arrastras consigo a los demás miembros de la gavilla delictiva.


Esta es la correcta lectura que debe hacerse de las declaraciones de Hugo Moyano, siempre y cuando se pueda hacer un análisis despojado de pasiones partidarias. Un análisis basado en hechos reales y concretos, y no en meras quimeras inventadas al fragor de un discurso mentiroso y direccionado a obtener un resultado diferente al que se expresa.


No me voy a cansar de decir, de anhelar, y si alguien quiere tildarme de soñador, tampoco me voy a cansar de soñar en el momento en que la mayoría del pueblo argentino pueda ver la realidad que se esconde en este tipo de personajes, que no tienen ningún tipo de empacho en hacerse ver como representantes y defensores de los más humildes y necesitados, pero que sólo ansían impunidad para seguir robándole al pueblo y acumular tantas riquezas imposibles de gastar en el transcurso de varias vidas.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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