ALBERTO RODRÍGUEZ SAA: "EL PERONISMO TIENE VOCACIÓN DE PODER"

Análisis de parte de la entrevista que el dirigente puntano le concedió a Mauro Viale y su peronismo decadente y obsoleto
rodriguez saa

Ayer tuve la oportunidad de ver una entrevista, de más de media hora de duración, que el siempre polémico conductor periodístico Mauro Viale le realizó al, también siempre polémico, Alberto Rodríguez Saa, el menor de los hermanos puntanos que manejan la Provincia de San Luís desde el año 1983, es decir desde la reinstauración democrática en el país, al cobijo de la ideología peronista, pero adaptándola, según la época y las circunstancias, a su muy particular forma de entender la política, ya que, hoy por hoy, constituyen uno de los casos de cudillismo más largos de toda la historia nacional, con características de verdaderos “patrones de estancia”.


Dejo el video para quien quiera ver parte o la entrevista completa, les aseguro que no se van a arrepentir, porque la misma no tiene desperdicio y desnuda lo que el peronismo y sus hombres constituyen actualmente o, para decirlo con mayor exactitud, desde la muerte del su creador, el General Juan Domingo Perón: “una bolsa de gatos”.




Lo primero que me da para reflexionar sobre la entrevista en general, es la aseveración realizada por el entrevistado, sobre que el peronismo tiene “vocación de poder”. Y no lo dijo una, sino varias veces, con lo que no se trató de un error lingüístico, sino de una verdadera confesión. Si bien Alberto Rodríguez Saa habla de la doctrina social que el peronismo ha enarbolado como bandera y estandarte, en defensa de los intereses de los más necesitados, en ningún momento, a lo largo del extenso reportaje, dice que la vocación del partido y de sus hombres sea el “bien común”, que, a mi humilde entender, es a lo que todo partido político debe propender. No, él habla de “vocación de poder”, a la usanza de lo que las viejas monarquías absolutistas entendían por “poder”. En una palabra, la dominación de los estamentos públicos, con el fin de constituirse en un camino unívoco que abarcase todo los aspectos de la realidad política, en desmedro de cualquier otro tipo de idea u opinión.


Esa “vocación de poder”, por ejemplo, es la que ha hecho que los peronistas puedan perdonarle a sus máximas autoridades, dirigentes y funcionarios cualquier tipo de desviación o de hecho repudiable, como sería el mal ejercicio en la función pública hasta la corrupción misma desde los puestos más relevantes de gobierno, pero jamás la derrota, ósea la pérdida de ese poder a manos de otro espacio o propuesta política.


Esto último, que configura una característica que viene dejando su huella negativa desde hace más de 75 años en la histórica política nacional, habla claramente de la no aceptación, por parte de la mayoría de los dirigentes peronistas, de la lógica y fructífera alternancia de gobiernos de diferentes signos ideológicos, que es una constante en la mayoría de los países más avanzados del mundo, pero que en el nuestro significa ignorar, de manera absoluta y con marcado ánimo negacionista, cualquier tipo de acto, hecho u obra de gobierno realizado por quien no profesa o no está, en un todo de acuerdo, con los postulados básicos del peronismo, haciendo, a su vez, incompatible con el ejercicio de la función presidencial y legislativa, la ejecución de políticas de Estado, porque las mismas no pueden tener continuidad formal y, mucho menos, material con este tipo de pensamiento.


En lo antedicho hay una consecuencia más que elocuente de gran parte de las repetidas crisis que han atacado a nuestro país, puesto que aquél que no puede reconocer la existencia de ideas y maneras diferentes de encarar la cosa pública, lo político, mucho menos podrá no caer en los mismos errores cometidos en un pasado no muy lejano.


En otro momento de la larga charla con Mauro Viale, Alberto Rodríguez Saa hace alusión a lo que él denomina “el peronismo de 2019”, aclarando que el actual gobierno de Mauricio Macri ha instalado la idea de que la contienda presidencial del próximo año ya está absolutamente decidida a favor de “Cambiemos”, pero que, en realidad, el problema es que los propios peronistas se creyeron ese pronóstico, auto proclamándose, de manera abierta, como uno de los candidatos más potables para encabezar una lista que le dispute la Primera Magistratura de la Nación al actual Presidente Macri. Si bien el dirigente puntano no es un referente de primera línea dentro del partido peronista, al menos en la actualidad, lo importante y fundamental de sus dichos tiene que ver con la línea de pensamiento de gran parte del partido al cual adhiere, que no ha podido hacer una real, sincera y saludable renovación dentro de sus filas, y se comporta hoy de la misma manera que lo hacía cuando era gobierno y responsable de los destinos de todos los habitantes de este país. Y es que esta camada “renovadora” de aquél peronismo combativo de los años 60 y 70, se ha transformado en una asociación de “cavernícolas” que ya dieron e hicieron lo que tenían que dar y hacer, pero no se han dado cuenta, ó no quieren darse cuenta, que su tiempo expiró, y que, para bien de toda esa inmensa masa ciudadana que aún sostiene los ideales de Perón, deben dar un paso al costado, dejando el espacio a nuevas generaciones que aporten frescura, imaginación y la innegable vocación democrática que tienen, ya que se han desarrollado, políticamente, en un período histórico de absoluta continuidad institucional argentino, con lo que las viejas artimañas, reyertas y picardías de sus predecesores quedan excluidas del normal juego democrático.


Esto sería un gran logro y un gigantesco paso, no solamente para el partido peronista, sino para toda la ciudadanía argentina, que reconoce en el peronismo a uno de los interlocutores fundamentales de su idiosincrasia nacional, conjuntamente con los demás partidos tradicionales y los nuevos espacios abiertos al compás de ideas y personas que evolucionaron consecuentemente con los grandes cambios producidos en el mundo en los últimos 15 años.


Ya sabemos, de sobra, cómo es tener y ser gobernados por una facción del peronismo que quiso reinstalar ideas y métodos que el mundo abandonó por obsoletos o, directamente, por erróneos. La experiencia “Nac & Por” de gran parte del período kirchnerista en el poder, queriendo reflotar un populismo totalitario de mediados del siglo 20 en pleno siglo 21, es una muestra elocuente y muy dura que aún resuena y provoca consecuencias en nuestras vidas. Creer que las viejas “momias” de lo que alguna vez fue, hace más de 30 años el Personismo Renovador, pueda reinventarse a sí mismo y volver a ser una propuesta válida y potable para disputar y, ocasionalmente, conducir nuevamente al país, es pecar de gran ingenuidad y de una muy corta visión, tanto retrospectivamente como hacía el futuro de providencia y bienestar que todos deseamos.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar