Macri llevará su pelea con Moyano hasta el final

POLÍTICA 05/02/2018 Por
El Presidente no saldrá a gritarlo en público, pero en el fondo, sabe que su enfrentamiento directo y terminal, con Hugo Moyano, el sindicalista más poderoso de la Argentina, es inexorable. Que la dinámica del conflicto no tiene retorno
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Mauricio Macri entiende que el complejo proceso por el que el ex secretario general de Camioneros podría terminar en la cárcel, o condenado por la justicia, ya se disparó, y que, en todo caso, detenerlo sería más costoso, en términos políticos, que acompañarlo o soportarlo. El irrefrenable proceso se inició un día del año pasado, cuando, sin decir una palabra, el jefe de Estado envió a los organismos de control, los que investigan el lavado de dinero, y a los fiscales y jueces de Comodoro Py, la señal inequívoca de que Moyano se encuentra dentro de su lista negra virtual. Es decir: en el interior de la nave espacial imaginaria de 561, 582 o un número cercano a esa cifra de personas, a las que, según el Presidente, habría que embarcar y enviar lejos de la Tierra, para ayudar a la Argentina a crecer como un país normal. Que el vehículo para que Moyano vaya preso sea la causa en la que Roberto Bebote Alvarez aparece como el jefe de una asociación ilícita; el expediente del promiscuo entrecruzamiento de cheques y dinero entre OCA, la Federación de Camioneros, el Club Atlético Camioneros e Independiente o la compleja y documentada denuncia que la semana entrante presentará la diputada Graciela Ocaña al juez Claudio Bonadío es, en verdad, indistinto. Lo que importa, como bien lo sugiere el jefe de Gabinete, Marcos Peña, es el cambio de época.

Es que la sociedad, la opinión pública, o como se quiera denominar al humor imperante, ya no tolera, en el rutilante escenario de la política nacional, a los sindicalistas empresarios que se hicieron multimillonarios a costa de los trabajadores que dicen representar. Lo que prevalecerá es la idea de que, a esta altura del siglo 21, no puede haber dirigentes con reelección indefinida, ni gremialistas que viajen en aviones privados, pasen sus vacaciones en destinos exóticos y carísimos o vivan en mansiones que ni siquiera poseen los empresarios con los que discuten la paritaria. Lo que terminará derrotando a Moyano es que ya no hay manera de explicar, desde la pura lógica de las cosas, que un sindicato maneje un club de fútbol y sea dueño de propiedades, hoteles y bienes de millones de dólares. Ahora ni siquiera importa que esos dirigentes hayan negociado los salarios más altos y las más beneficiosas condiciones laborales. O que hayan hecho funcionar a su obra social mejor que el promedio de las que operan en la República Argentina. Moyano caerá por el propio peso de su imagen negativa, y la presión simultánea que ejercerán los fiscales federales, la UIF, la justicia penal económica y dirigentes con altísima credibilidad como Ocaña, Elisa Carrió y posiblemente Margarita Stolbizer.

Incluso la marcha del próximo 22 de febrero, con su hijo Pablo Moyano a la cabeza, puede resultar un boomerang para el líder gremial y un motivo de apoyo explícito al Gobierno contra las mafias sindicales. Y ni qué hablar de su alianza táctica desesperada con la senadora Cristina Fernández de Kirchner, a quien Moyano le dijo de todo menos bonita.

La gran pregunta de la hora no es que va a hacer el hombre del camión. Eso, ya se sabe y ya se ve, y parece qué no le está funcionando. El recurso de meter en la misma bolsa de la corrupción a su padre Franco, muy parecido al de Lázaro Báez y Julio De Vido, configura un lenguaje de capanga que lo termina de enterrar. La idea de llenar la calle con medio millón de personas puede ser muy impactante durante el día en que se produzca, pero al cabo de unas pocas horas se terminará diluyendo. La amenaza de parar la economía haciendo que todos los camiones de la Argentina transiten por las rutas y las avenidas o no más de 10 kilómetros por hora, de concretarse, alejará Moyano todavía más de la mirada impiadosa de la opinión pública, y lo colocará en el lugar del apretador, o del extorsionador.

La gran pregunta, entonces, es si el Presidente usará su poder político solo para quitarse de encima a Moyano o se irá más allá, y atacará a fondo todo el sistema de privilegio, corrupción y dinero negro que maneja el sindicalismo y ayudará a modernizar los convenios que, en vez de trabajo genuino, generan más burocracia y más desocupación.

Macri se terminó de convencer de que Moyano lo estaba caminando cuando le pidió tiempo para modernizarse y a cambio recibió las amenazas de su hijo Pablo de parar el país. "Me quiere tomar el tiempo. Piensa que me puede pasar por encima, como hizo con Cristina", le escucharon decir al Jefe de Estado antes de fines del año pasado. Como buenos veteranos de múltiples batallas sociales y políticas, del fútbol y de la política, ninguno de los dos subestima al otro. La debilidad de cada uno, en todo caso, pasaría por confiar demasiado en sus propias fuerzas.

El ministro Jorge Triaca, por ejemplo, considera que lo que le pasó con Sandra Heredia constituyó una operación que lleva la impronta de Moyano. Quizá porque el Presidente está convencido de lo mismo, no le pidió, finalmente, la renuncia de inmediato. Aunque Triaca debió haber abandonado su puesto, porque los hechos evidenciaron que cometió varias fallas que lo justifican, la verdad es que Macri no quiso entregarle la cabeza del ministro a su ahora más serio adversario. El Presidente prefiere que ponga toda su energía en ayudar a neutralizarlo. Y si eso incluye aportar a la justicia, desde la cartera laboral, los datos que prueben que el camionero viola sistemáticamente la ley, mejor todavía. Macri sabe, porque lo conoce desde hace años, que Moyano malherido es más peligroso que Cristina cuando todavía estaba en condiciones de ganarle.

Fuente: Cronista

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