FALTANTE DE CAJA

EDITORIAL 03/02/2018 Por
Los muchachos de Cambiemos lo explican bien. Pero la bondad de la explicación es escasa. Y no alcanza. ¿Dónde está la tarasca* y qué hace con lo que se traga?
REYES DE ESPAÑA
Tarifas de inusitado nivel en el transporte público, impagables para los consumidores de menores recursos - (Facebook Eameo)

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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No se puede acusar de incoherentes a los defensores de la política económica del actual gobierno que aparecen en los medios y en las redes sociales.

Todos ellos, casi sin matices, nos dicen que:

-La inflación es el impuesto más regresivo que existe, porque castiga a todos los ciudadanos por igual, sin atender a las necesidades de cada uno y sus ingresos. Por ello las autoridades se esfuerzan en hacerla desaparecer, o al menos llevarla a cifras similares a las de otros países.

-Los subsidios a los servicios públicos son perversos por la misma razón. Particularmente malo, además, los que beneficiaban a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires y alrededores convertían al consumo en un regalo, en tanto los del interior pagaban tarifas muy superiores.

En tales condiciones, aseguran, el Estado, o sea todos los ciudadanos, debíamos hacernos cargo de la diferencia. Pese a ello los ingresos de las empresas eran insuficientes y no permitían solventar las inversiones necesarias en extensión y mantenimiento, determinando que sus prestaciones se deterioraran.

A dos años y algo más de la asunción de Cambiemos y en función de la situación referida ¿qué balance se puede hacer?

-En 2016 la población pagó un exceso de siete puntos en concepto de impuesto inflacionario, y en 2017 aproximadamente la misma carga que debió afrontar en 2015, con la administración kirchnerista.

-Los subsidios van desapareciendo y los usuarios de servicios públicos están siendo castigados con tarifas de inusitado nivel, impagables para los consumidores de menores recursos. Existen, sí, descuentos para aquellos que reúnan determinados requisitos relativos a sus ingresos y nivel de vida, pero lo que el Estado invierte en estos beneficios son cifras de orden inferior.

El aumento de las tarifas, que va directamente a las empresas, así como los subsidios residuales que reciben, no se tradujo en inversiones ni en mejora de servicios. Esta temporada los cortes de electricidad superan en número y magnitud a los de años anteriores.

-Los salarios y las jubilaciones se redujeron en términos reales, porque su crecimiento -salvo muy específicas excepciones, como la del gremio de aceiteros- estuvo por debajo de la inflación. Los jubilados fueron particularmente perjudicados, dado que el valor de su canasta de consumo -básicamente alimentos y medicamentos- superó holgadamente al índice de precios
general.


En resumen, los ciudadanos pagamos el impuesto inflacionario al igual que lo hacíamos antes, y además una enorme diferencia en los servicios públicos. Pero esto se agrava con la reducción de nuestros ingresos.


Hay que dejar constancia de que aunque los ciudadanos de la zona metropolitana pagan ahora mucho más, los del interior no obtuvieron ninguna ventaja, dado que el monto de las facturas fue igualmente incrementado en forma abusiva.

Una cosa o la otra

De esto podemos sacar dos conclusiones: o la ineficiencia del gobierno condujo a un desperdicio de los recursos, o bien el dinero que se le resta a los sectores menos favorecidos fue a parar a otro lugar.

Queda en manos del lector dilucidar este acertijo. Sería valioso disponer del aporte de matemáticos y contadores, que se basen en los números duros y no en las disquisiciones de economistas interesados, predicadores de un futuro venturoso.

Si consiguiéramos la colaboracion de aquellos, podríamos pedirles -de paso- que incluyan además el tema del agujero de la deuda externa que se contrajo en estos dos años.

Tal vez ellos pudieran arriesgar otra posible explicación de los faltantes de caja, al estilo de “la pesada herencia” o el “se robaron todo”: superando barreras espacio-temporales, Cristina y sus secuaces se birlaron -una vez más según la costumbre argentina de echarle la culpa a otro- el dinero de la gente.

* Tarasca. Definiciones de la Real Academia Española:
1. f. Figura de sierpe monstruosa, con una boca muy grande, que en algunas partes se saca durante la procesión del Corpus.

2. f. Persona o cosa temible por causar grandes daños y gastos o por su voracidad.

3. f. coloq. Mujer temible o denigrada por su agresividad, fealdad, desaseo o excesiva desvergüenza.

4. f. Chile y C. Rica. Boca grande.

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