A Macri todavía le rinde la confianza, pero las empresas necesitan ver mejores números

OPINIÓN 25/01/2018 Por
Cuando Mauricio Macri pisó Davos por primera vez como jefe de Estado, solo tenía para mostrar de su gestión la salida del cepo cambiario, un desafío que Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger lograron timonear con éxito
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Todo lo demás eran promesas de un plan que tenía conceptos básicos claros pero mucha incertidumbre alrededor. Las correcciones que demandaba la economía parecían interminables. Dos años más tarde, el mundo tiene algo más para evaluar que buenas intenciones. Y si la lluvia de inversiones todavía es un chubasco, en parte es porque bajar la inflación y el déficit fiscal en forma simultánea, no es algo que se resuelva fácilmente en dos años.

Lo que sí demostró Macri en su presentación en el tradicional foro de negocios que se desarrolla en Suiza es que, a nivel global, la credibilidad de su gestión no está 100% atada a sus resultados. Líderes políticos y empresarios perciben una vez más (como sucedió un poco en los 90 gracias al régimen de convertibilidad) que la Argentina puede ser un modelo de salida contrario al populismo que embanderó el kirchnerismo. Todavía pesa más la confianza y la expectativa por el sendero elegido por Cambiemos. Se trata de un camino duro que además, por efecto de las reformas puestas en marcha, se transitará aún de manera más lenta.

Las empresas argentinas dependen de que haya un mercado interno más dinámico, y de un contexto de políticas que impulsen la exportación como forma de agrandar la torta. Las compañías internacionales, además, son sensibles al clima político y económico de la región. Por eso la presencia de Macri en los foros internacionales y su responsabilidad como titular del G20 generan otra relevancia cuando en simultáneo América latina se vuelve noticia. El retorno de Sebastián Piñera en Chile, el adelantamiento de las elecciones en Venezuela y la ampliación de la condena que pesa sobre Lula en Brasil, alteran el horizonte y refuerzan las proyecciones de todos los actores privados que están esperando que la región tenga otra homogeneidad, para ver si vale la pena intensificar o no sus apuestas de inversión.

Las decisiones, de todos modos, suelen estar lejos del marketing de una cumbre. Mandan los números. Por eso es necesario que después de dos años, la gestión hable por sus resultados. No solo para que la evalúen los empresarios, sino también las personas. El gradualismo es una receta razonable, pero la ansiedad argentina parece no tener cura.

Fuente: Cronista

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