LA CALDERA DEL DÉFICIT Y LA DEUDA

EDITORIAL 20/01/2018 Por
Germán Fermo, ultraliberal, Director de Macrofinance, es de los economistas ortodoxos que adviertieron que las cuentas nacionales muestran que vamos directo al desastre. Lo hizo hace menos de dos meses, que mostraron que -contra lo que dice el presidente- no vamos por el buen camino ni mucho menos
caldera dujovne

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Es sintomático que expertos como él y sus afines -Cachanosky, Espert, Milei, entre los más conocidos- son los que presentan el peor panorama. Por el contrario, los progresistas critican en un tono mucho mas bajo, tal vez queriendo evitar acusaciones de petardistas que a los primeros difícilmente les alcancen.

Claro que ambos bandos proponen políticas diametralmente opuestas. Para los ortodoxos, el gobierno actual es populista, y en vez de hacer un ajuste en serio gasta cada vez más en ayuda social, y así nunca va a equilibrar las cuentas y reducir el déficit a niveles manejables o terminar con el.

No importa que la gente se quede sin empleo o se muera de hambre. Ya llegarán las mieles de una contabilidad sin rojos. A ellos les preocupa que el empresario gane más, porque entonces -creen- va a generar empleo y va a ser competitivo internacionalmente. Los pobres de hoy que perezcan en el altar de un futuro (muy poco probable a estar por los resultados de los experimentos ultraliberales en el mundo).

Decía Fermo (El Cronista, 21 de Noviembre de 2017): “Falta de audacia: los pocos mismos de siempre pagan todo. El momento de corregir es hoy, con un contexto electoral favorable, notando que detrás de cada cosa que hace este gobierno hay deuda externa, nada es macroeconómicamente genuino y por lo tanto, la coyuntura actual se torna en una, sumamente vulnerable y dependiente. Es una lástima que los argentinos entiendan tan poco de economía básica porque si así lo hicieran en vez de festejar un rebote a puro shock de consumo y leverage, ya se estarían preocupando por nuestra capacidad de repago de una deuda que no para de crecer y que vino a financiar un déficit que tampoco lo hace y en el medio de esto, todos festejan, mi sentido común me viene gritando que algo está empezando a no cerrar”.

Lo que Fermo olvidaba -o pretendía ocultar- es que cuando la tan detestada por el establishment Cristina dejó el sillon de Rivadavia a Macri, la deuda externa estaba en cifras mucho menores (nada menos que unos 130 mil millones de dólares menos) y el perfil de pagos era bien aliviado. Y que aunque las cuentas externas no estaban en su mejor momento tampoco mostraban una situación alarmante ni nada que se le parezca.

En realidad lo que los alarmaba era no poder llevarse alegremente al exterior los dólares hasta dejar de rodillas al país, como está ocurriendo ahora. Dólares que los argentinos tendremos que pagar por duplicado: por un lado por los que se pidieron prestado, y por el otro porque se cambiaron por pesos, a los que el gobierno necesita neutralizar para que no se dispare la inflación, y entonces se usó el mecanismo de licitar LEBACs, que generan a su vez monstruosos intereses.

La inflación hace pito catalán

Como cualquiera puede apreciar en el supermercado, la inflación ni se dio por enterada de los manejos (desmanejos, mejor dicho) del Banco Central y se muestra tan lozana como cuando pronosticaban que a causa de ella el país se encaminaba a emular a Venezuela.

Ahora el país está verdaderamente en una situación crítica, porque con la liberación de la compra de divisas y la apertura casi indiscriminada de las importaciones, el déficit en materia de divisas es imposible de contener. Los únicos paliativos posibles son volver al cepo, tener un dólar más competitivo para las exportaciones y terminar con el festival de turismo al extranjero, que se llevó nada menos que once mil millones de dólares.

Claro está que estas medidas serían una catástrofe para las actuales autoridades, que tanto las denostaron. Habrá que esperar entonces que llegue la lluvia de inversiones, ellas se concreten en sectores que produzcan bienes exportables y ellos comiencen a colocarse en el exterior. Todo ese proceso lleva años, por cierto.

Lo que piden los economistas ortodoxos y el gobierno parece creer que es una solución consiste en cerrar programas del Estado, desde los tecnológicos hasta los de ayuda social. Rebajar los ingresos de los jubilados y destinar el dinero “ahorrado” a reducir impuestos a lo que consumen los adinerados. Nunca funcionó y menos va a funcionar ahora. Mientras tanto la caldera aumenta su presión y los economistas advierten que si no se encuentra una forma de aliviarla puede llegar a estallar.

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