CUANDO LA NOTICIA ES UN EXABRUPTO O UNA INFRACCIÓN DE TRÁNSITO

La falta de una "noticia bomba" y la hipocresía periodística
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En mi editorial del lunes pasado hacía referencia a la relativa tranquilidad que, al menos en materia política y social, nos depara el mes de enero a los argentinos. Esa misma situación hace que el centro de atención de los principales medios de comunicación, tanto gráficos como audiovisuales, vean mermada la siempre jugosa veta con la que nutren sus titulares durante el resto del año, y dediquen ese espacio a temas de menor llegada e impacto en la sociedad, aunque no por ello carentes de actualidad, brutalidad o crudeza.


Así, por estos días podemos encontrar la siempre vigente y muy lamentable inseguridad ciudadana, con su cuota de víctimas fatales, que desde hace mucho tiempo se ha convertido en un flagelo que azota a grandes y pequeños centros urbanos del país. De igual manera, escandaletes de la farándula son también un buen tema para suplir la falta de algún conflicto más rimbombante y de consecuencias mucho más importantes para el ciudadano común.


Sin embargo, siempre están aquellos medios que no se resignan al obligado “receso” de información política que impone el primer mes del año, y tratan de encontrarle “el pelo al huevo” a cómo dé lugar. En este sentido, hoy se puede escuchar un audio en el que el ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca insulta a su empleada doméstica. Esta noticia, que generó de inmediato el pedido de disculpas del alto funcionario del gabinete de Mauricio Macri, se ubica dentro del ámbito de la vida privada de Triaca, como lo que le podría suceder a cualquier ciudadano argentino, sin importar la actividad a la que se dedique, su posición dentro de la comunidad o la clase social a la que pertenezca. No obstante, aquellos portales de noticias que se hicieron eco del hecho, ubican a éste como si fuera un acontecimiento extraordinario, sin mencionar que, si bien el exabrupto existió, hoy en día se pueden escuchar frases de ese mismo calibre y hasta de un tono mucho más alto en cualquier tira televisiva, en el cotidiano diálogo de cientos de miles de argentinos, en programas radiales y en todas las redes sociales, sin excepción alguna.


Acá no se trata de justificar si la empleada doméstica del ministro de Trabajo de la Nación mereció ser tratada de esa manera, ya que insultar a cualquier persona, sin importar de quién provenga el insulto y hacía quién está destinado, es un hecho, de por sí, censurable y que debería generar el repudio inmediato de cualquier ser humano. Pero, en los tiempos que corren, en pleno siglo XXI, a nadie puede sorprender frases que son de uso corriente en nuestra vida diaria. Si se intenta instalar la idea de la sorpresa y de lo incorrecto, no es porque quien lo haga sea una persona de impoluta conducta o que utilice el idioma castellano de manera perfecta. No, el tema en sí es crear una noticia tendenciosa que, como dije más arriba, supla la carencia de información más relevante.


¿A quién, con dos dedos de frente, le puede importar o afectar, de manera directa y que sea decisiva para su vida, la forma en que Jorge Triaca se dirige a su empleada doméstica o si da por finalizada la relación laboral que los une más que a estas dos personas o a su entorno más íntimo, si se quiere?


Ahora, si el dato importante, si la noticia se centra en el hecho de que la empleada doméstica del ministro de Trabajo de la Nación es delegada interventora, desde el 1 de abril de 2017, del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), organización que hasta hace poco tiempo era conducida por Omar “Caballo” Suárez, quien ahora se encuentra detenido por la presunta comisión del delito de asociación ilícita, el cariz de la misma cambia de manera rotunda, dejando ver algún tipo de animosidad en ella para obtener rédito. En esta última línea de pensamiento se ubica las disculpas que Triaca hizo públicas, saliendo al cruce de quienes intentan mezclar la vida privada de un alto funcionario del gobierno nacional con su accionar en el plano público.


Y si de noticias de poca relevancia se trata, tampoco quiero dejar pasar algunas denuncias realizadas por medios de comunicación que jamás hacen referencia a hechos cotidianos que ellos mismos le asignan una importancia ínfima, pero que hoy se convierten en temas centrales de sus principales columnas, como las infracciones de tránsito cometidas por el ministro de Medio Ambiente de la Nación, Sergio Bergman, entro otros, que sin dejar de configurar una contravención a las normas establecidas para el buen vivir de una comunidad, no se convierten, de la noche a la mañana, en un tema de características espectaculares ni que sea definitorio para el área que dirige este miembro del gabinete nacional.


Sin ir más lejos, a nadie escapa que la Argentina está en lo más alto, estadísticamente hablando, del triste y lamentable rating de una sociedad en la que se producen más muertes por accidentes viales que por causas naturales. Sin embargo, tampoco es ajeno a cualquier ciudadano el hecho de que existe en el país una enorme carencia en materia de educación vial, y, lo que es peor aún, que el régimen de multas por este tipo de contravenciones tienen un muy marcado costado “recaudatorio”, que nunca es mirado con malos ojos por cualquier comuna o municipio, sin que esto haga poner colorado a ningún funcionario o autoridad en particular, sin importar a qué partido o ideología política pertenezca.


Entonces, y para finalizar, quizá sería mucho más productivo, para la sociedad en general, que los medios de comunicación dediquen los espacios que no pueden llenarse por la falta de producción de noticias con un alto interés e impacto en la sociedad, con temas educativos que coadyuven a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía, a la vez que aporten su “granito de arena” para contribuir a una sociedad con menos hipocresía, más sincera y poniendo de relieve hechos un poco más positivos. Ya tendrán once meses más, en lo que resta del año, para dedicarse de lleno a eso que tanto gusta a nuestro periodismo vernáculo: la “noticia bomba”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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