La discución laboral y las causas de corrupción deben transitar por caminos diferentes

OPINIÓN 15/01/2018 Por
Junto al debate por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo, el tiempo de las negociaciones paritarias llega este año marcado por el deseo oficial de avanzar con una reforma laboral resistida por algunos gremios
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Junto al debate por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo que acaparó el centro de la escena en la última década, el tiempo de las negociaciones paritarias llega este año marcado por el deseo oficial de avanzar con una reforma laboral resistida por algunos gremios y, fundamentalmente, por la ofensiva judicial sobre sindicalistas envueltos en causas de corrupción.

A la hora de analizar la discusión salarial, tanto las grandes empresas como los pequeños empleadores necesitan un horizonte estable para elaborar sus presupuestos. Pero el fuerte desvío de la meta inflacionaria establecida para 2017, dejó al Gobierno en una posición endeble a la hora de reclamar que los nuevos acuerdos no incluyan una cláusula que actualice los sueldos si quedan rezagados ante la evolución de los precios. Más aún si pretende que los mismos gremios que se sentarán a la mesa de negociaciones expresen, públicamente, su voluntad de acompañar una reforma que, en el futuro, tome a la productividad como un componente clave a la hora de fijar las remuneraciones.

La credibilidad juega un papel decisivo en las expectativas, una regla a la que no escapa el Gobierno pero tampoco los gremios. La sugerencia de un cisma que termine con la gestión macrista, como respuesta a la investigación de patrimonios y la detención de sindicalistas acusados de corrupción, supone un flaco favor a la institución gremial. Pensar que la representación política, obrera, empresaria o de cualquier otro sector representa un salvoconducto es peligroso para la sociedad.

Las paritarias, las leyes laborales y las causas judiciales son temas que, en un país racional, deberían transitar de manera independiente y transparente por los diferentes carriles que impone la vida democrática.

Fuente: Cronista

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