LOS HOMBRES NO SON VÍCTIMAS DE "VIOLENCIA DE GÉNERO"

Los datos estadísticos con que se cuenta en cuanto al porcentaje de mujeres que sufren “violencia de género” son tan contundentes y de una magnitud y crueldad tan singular, que dejan al poco porcentaje de hombres víctimas de esta tipología en casos de extrema excepcionalidad.
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Todos los días nos encontramos con un nuevo caso de “violencia de género” en contra de una mujer. Algunos terminan en tragedia y son, por un breve lapso de tiempo, noticia de primera plana de la mayoría de los portales y medios de comunicación, otros, lamentablemente, son soportados, silenciosamente por las víctimas, mientras que las denuncias contra los maltratadores y violentos se acumulan en las sedes de todos los tribunales pasando a engrosar una estadística que, por su sola magnitud, causa verdadero pavor.

El sometimiento de las mujeres a manos de los hombres se remonta al mismo nacimiento de la civilización humana. Existen cientos de miles de relatos que hablan de este fenómeno en todas las épocas. Toda la cultura de la humanidad se basó, desde sus comienzos, en la supremacía ejercida por los hombres sobre el denominado “sexo débil”. La única diferencia entre lo acontecido desde que los humanos comenzaron a poblar la Tierra con lo que sucede actualmente en este aspecto, es únicamente la publicidad que hoy en día existe gracias a las Nuevas Tecnologías y al uso masivo de los medios de comunicación.

Toda la comunidad internacional, tanto en lo que atañe a lo jurídico, sociológico y psicológico, están de acuerdo en utilizar la figura de la “violencia de género”, de manera excluyente hacía los padecimientos de las mujeres, ya que configura un efecto cultural de la historia de la humanidad misma.

Sin embargo, no son pocos los casos en los que el maltrato es recibido por el hombre, a manos de su pareja o ex pareja, sin que esto sea catalogado como “violencia de género” por ordenamiento jurídico alguno.

El caso más cercano en el tiempo de este tipo de delito, es el ocurrido hace tan sólo unos días, en el que una joven de 19 años, oriunda de la Ciudad de Gualeguychú, en la Provincia de Entre Ríos, confesó haber matado de dos disparos, con el arma reglamentaria de su padre, quien pertenece a la fuerza policial de esa provincia, a un su ex novio de 20 años de edad. El caso, que en estos momentos tiene amplia resonancia y cobertura periodística, da cuenta, por lo que hasta ahora se sabe, de reiterados maltratos de la joven hacía la víctima, tanto durante el transcurso de la relación como con posterioridad a ella, existiendo evidencia que la justicia está analizando, en la que hasta un día antes de producirse el asesinato del ex novio, éste publicó en redes sociales su temor a que no pudiera ser dejado “en paz” por quien, a la postre, resultaría su victimaria.

Este hecho puso en la palestra el tema de la “violencia de género”, en dónde la víctima ya no es la mujer, sino el hombre, desatando gran polémica al respecto.

En este sentido, existe un fallo de la justicia de la Ciudad de Córdoba, que vincula ciertos hechos ventilados en esa sede judicial, en los que, si bien no llega a encuadrar lo denunciado dentro de la figura tipificada en nuestro Código Penal para la “violencia de género”, hace un serio y pormenorizado análisis de la situación.

Para no aburrir al lector con términos y formas procesales de difícil entendimiento para quien no está adentrado en las Ciencias del Derecho, me limitaré a hacer una breve reseña del mismo, para poner un poco más de claridad sobre en este tema:

La causa caratulada “L., M. I. V. abuso sexual gravemente ultrajante, coacción-coacción calificada, etc” culminó en la condena sobre una mujer, a la que se la encontró culpable de los delitos de agresiones, coacción, lesiones leves y abuso sexual gravemente ultrajante, todos agravantes por el vínculo.

Entre alguno de los hechos por los cuales la mujer llegó a juicio oral, se encuentran que golpeaba a sus hijos con una botella de vino, intentó incendiar su casa con sus hijos adentro, obligó a su hija a clavarle un bisturí, y abusó de ella con el fin de denunciar a su marido por ello.

De manera previa, durante el debate oral, al observarse que la imputada manifestaba contradicciones en su declaración ante el Tribunal respecto de sus dichos en la declaración indagatoria, los jueces integrantes de la Cámara 6ª del Crimen de Córdoba, Alberto Crucella, Julio Guerrero Marín y Daniel Ottonello, discutieron acerca de si era correspondiente incorporar los dichos de la mujer al debate.

El fiscal se había manifestado a favor, y el defensor de la imputada se opuso y planteo la inconstitucionalidad de la medida. Por mayoría se resolvió aceptar la prueba, con la disidencia del juez Marín, que indicó que ello violentaba el principio de defensa “al coartarse su estrategia defensiva”.

La acusada se defendió de los cargos afirmando que ella era la víctima, ya que su marido era el que ejercía violencia sobre su persona. Su marido, al momento de prestar testimonio, solicitó que se excluya a la acusada del recinto “porque le tenía miedo”, y sus hijos declararon en contra de la misma.

En cuanto a los dictámenes periciales, los efectuados sobre la hija supuestamente abusada, determinaron que el abuso denunciado “es expuesto como un eslabón mas en la cadena de agresiones vivenciadas. No se encontraron en la niña elementos o características de fabulación confabulación o mitomanía”, y que “el daño psíquico de la niña esta relativizado por la cotidianeidad de las situaciones, generándose una acomodación a las situaciones de maltrato”.

Los magistrados dieron razones por las cuales consideraron que la mujer era responsable de la comisión de de esos delitos, entre las cuales destacaron la fuerza probatoria de los testimonios de las víctimas y sus familiares, la exposición de los menores en la cámara Gesell y los dictámenes periciales.

En cuanto a la determinación de la pena correspondiente a la encartada, la Cámara tuvo en cuenta “a su favor que no registra antecedente penal alguno, en su contra la cantidad de hechos endilgados, la modalidad grave y perversa de los mismos, el perjuicio físico y psíquico causado a sus hijos”.

“En efecto, M. I. del V. L. obsesionada por lograr retener a su lado a su marido lo maltrató y lo agredió pero lo incalificable de su conducta es que para lograr dicho fin utilizó a sus propios hijos causándoles daños de insondable gravedad y por ello la sanción a aplicarle debe ser severa”, sostuvo el Tribunal.

“Vale reflexionar como lo hiciera en otros pronunciamientos judiciales sobre este flagelo de la violencia doméstica que parece no tener limites ni fronteras en la actual sociedad”, señalaron los jueces.

Los sentenciantes expresaron que en muchos fallos lo difícil “que será erradicar esta lacra de la violencia familiar sin desterrar el perverso y vigente machismo social, pero no es menos cierto que cada caso judicial es como un caso médico-clínico y requiere de un diagnóstico y un tratamiento”. Aclararon a continuación que en el caso de marras las víctimas de los maltratos eran un hombre, “y en especial sus hijos”.

A continuación, el fallo enfatizó que “mucho se ha escrito del maltrato de varones, sin embargo la terrible violencia sobre la mujeres y que diera justificadamente lugar a insertar la denominada violencia de género en nuestra legislación penal oculta esta otra realidad -por cierto mucho menor- pero que debe ser sin dudas atendible porque el hombre es parte de esa familia donde ocurre la violencia domestica y ésta ya se ha convertido en un problema de salud publica porque tiene efectos destructivos en los niños”.

Al respecto, los magistrados entendieron que no había muchos casos como el de estudio, ya que “no suele haber cifras del maltrato en hombres, por que no hacen la denuncia y menos si son golpeados pues la norma que impera a en nuestra sociedad para los hombres es el coraje”.

Pero en tal sentido, sostuvieron que “Ortega y Gasset decía que para solucionar un problema hay que comenzar por verlo, por ello no podemos ignorar que esta otra cara de la violencia familiar también existe y debe tratarse”.

Por todas esas cuestiones, los jueces establecieron como pena a aplicar la de 17 años de prisión, y ordenaron al Servicio Penitenciario que “se practique en la persona de M. I. del V. L. un tratamiento psicológico y psiquiátrico conforme la problemática que presenta debiendo informar al tribunal interviniente bimestralmente su evolución”.

Con certeza, el caso motivo de esta nota seguirá levantando polvareda, sobre todo en aquellos que descreen o tienen un criterio abiertamente contrario hacía todo aquello que coloque a los hombres como opresores y verdugos de las mujeres. Pero, vale aclarar, a modo de finalización, que los datos estadísticos con que se cuenta, tanto a nivel nacional como internacional, en cuanto al porcentaje de mujeres que sufren “violencia de género” son tan contundentes y de una magnitud y crueldad tan singular, que dejan al poco porcentaje de hombres víctimas de esta tipología en casos de extrema excepcionalidad.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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