Los multimillonarios sindicalistas Argentinos

Con el "cuento" de la Marcha Peronista, el sindicalismo argentino cobró poder y acumuló riquezas personales a contramano de la prédica de representatividad de las clases trabajadoras
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Qué tema el de los dirigentes sindicales argentinos !!!!

Algunos dirán que siempre ha existido gran polémica sobre su labor en defensa de los intereses de los trabajadores a los que representan, sobre todo desde la irrupción del General Juan Domingo Perón a la escena política nacional. Es que, en ese momento, en los albores del movimiento peronista, éste no tenía una estructura partidaria montada, por lo que tuvo que rodearse de aquellos que ya contaban con cierta organización, entre los que se encontraba el sector sindical, base fundamental de su acción política emprendida desde la denominada “Revolución de los Coroneles” que en 1943 derrocó al gobierno constitución de Marcelo L. Ortíz, y en la que Perón fue uno de sus miembros más activos, llegó a ocupar cargos de gran importancia en ese gobierno de facto.

Así, el entonces Coronel Juan Domingo Perón fue Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación. Pero también se hizo cargo de un organismo del Estado, el cual no tenía una gran relevancia hasta ese momento: se trataba de la entonces Dirección Nacional deTrabajo y Previsión, la que luego pasaría a llamarse Secretaría Nacional de Trabajo y Previsión. Desde allí montó el andamiaje necesario para convertirse en el hombre más importante de ese gobierno, con el firme anhelo de llegar a la Presidencia de la Nación, pero a través de las urnas, es decir de manera constitucional.

Es que de Perón se podrán decir infinidad de cosas y criticarlo en muchas de sus posturas e ideologías, pero que era un hombre muy inteligente es algo que no está en discusión.

En este último sentido, el “Primer Trabajador”, como lo llamaban y, aún hoy lo siguen llamando, sus seguidores, entendió muy pronto que en la Argentina existía una enorme sector de la población que se encontraba totalmente desprotegido y olvidado por todos los políticos. Esa masa, que casualmente constituía la clase trabajadora, la de los más humildes y necesitados, tenía en sus manos un arma poderosísima, que nunca había sido utilizada con la inteligencia necesaria como para sacarle todo el provecho que podía aportar. Esa arma no era otra que su derecho al voto, en otras palabras su condición de ciudadanos que, con el enorme peso que representaban, inclinarían, inexorablemente, la balanza de los actos comiciales hacía quién los pusiera en lo más alto de la consideración política.

Pero, con la sola función ejercida desde la Secretaría de Trabajo y Previsión y las ambiciones presidenciales de Perón no alcanzaba. Había que movilizar a los más humildes, a aquellos que, culturalmente, nunca habían tenido una voz activa dentro de la escena política nacional, y que, además, eran segregados por las clases más pudientes. Así, esa movilización la logró Perón, otorgándole un enorme poder a muchos dirigentes sindicales que venían actuando desde hacía bastantes años, pero que jamás contaron con el apoyo y la decisión que ahora se les presentaba.

Junto con el poder que les entregó el Secretario de Trabajo y Previsión, también vino, en el combo, una serie de prerrogativas, entre las que se encontraban el manejo de “cajas” con grandes sumas de dinero.

Claro está, que ni todos los dirigentes sindicales actuaron de manera corrupta y antiética, como que también estaba siempre presente la figura de Perón para encarrilar a los más problemáticos. Sin embargo, el poder del sindicalismo argentino, tanto económico como político, fue un arma que se utilizó con propósitos muchas veces muy distintos a los de la representación que tenía.

No voy a ponerme acá a hacer una cronología histórica de los acontecimientos políticos que se sucedieron desde el 17 de octubre de 1945, fecha que puede ser tomada como la presentación oficial de la clase trabajadora y de sus representantes en la escena nacional, hasta hoy; pero es necesario destacar que ese mismo poder que Perón les entregó, en más de una oportunidad se convirtió en aliado de intereses que iban a contramano de los ideales que decían sostener, y, lo que aún es peor, su crecimiento económico se incrementó de manera exponencial, transformándolos en verdaderos “patrones de estancia”, con llegada a todos los sectores de la sociedad y con actividades de índole tan variada que los llevó a mantener relaciones con la delincuencia y el crimen organizado, como así también ser parte preponderante y hasta jefes de esas mismas organizaciones.

Por supuesto que en vida de Perón, su sola presencia y su “dedo inquisidor” bastaban para llamar al orden y encarrilar a los más inescrupulosos. Pero esa disciplina militar, que campeaba en todo el movimiento peronista, incluso dentro de los sectores sindicales, fruto del verticalismo que su fundador le impuso, quedó a la deriva con la muerte de éste. De ahí en adelante, todo se desmadró de manera increíble, y los hechos que hoy cobran resonancia, en los que estos dirigentes sindicales viven en un mundo absolutamente diferente al de los sectores que dicen representar, con casos judiciales de por medio, fastuosas mansiones, impresionantes patrimonios personales y familiares, colecciones de autos de alta gama, divisas en moneda extranjera “fondeadas” en cajas de hierro escondidas en algunos de sus tantos domicilios, llevan a la certeza de que el único principio que estos sujetos conocen es aquél que reza: “haz lo que yo digo más no lo que yo hago”.

La hipocresía instalada en esta verdadera casta, la “sindical”, no deja de causar estupor y perplejidad dentro de una sociedad en general, y una clase trabajadora en particular, que desde hace varias décadas viene debatíendose , día a día, para llevar el mínimo sustento a sus hogares.

Esta “casta”, que se codea con personajes que van desde los grandes estadistas internacionales, las figuras más prominentes de la Iglesia Católica, el mismísimo Papa incluido; que viajan a distintas partes del mundo en “primera clase”; que veranean en lujosos hoteles y privadísimas playas, es uno de los mejores resúmenes de lo que representó la corrupción instalada en los estamentos más altos del Poder en la Argentina. Y esta corrupción, incrementada enormemente durante los doce años de la experiencia “Nac & Pop” en el país, puede ser tenida como el “sumun” de un proceso que lleva desarrollándose por más de setenta años y que, en definitiva, ha constituido la ruina y el fracaso de cualquier intento por cambiar el estado de cosas existente.

Para finalizar, y desde estas páginas y desde el lugar que ocupo en este medio de comunicación, hago votos para que la actual administración de Mauricio Macri profundice todas las investigaciones, en lo que esté al alcance del Ejecutivo Nacional, en las que se encuentren sospechados de la comisión de delitos contra el erario público cada uno de los que se han pasado la vida diciendo que representan los intereses de los trabajadores del pueblo argentino, pero que los hechos demuestran que sólo han acumulado riquezas y poder de la manera más descarada y ominosa posible.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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