Macri y Carrió: a cuatro años de un acuerdo que parecía imposible

POLÍTICA 07/01/2018 Por
El inicio de las negociaciones secretas, desde el verano del 2014 hasta la foto del 2015. El rol de un empresario, ahora diputado. La charla a solas en una casona de la zona norte del Conurbano bonaerense. El límite de Franco Macri y las presiones para no incluir a Sergio Massa
carrio-macri-1920

La tarde en que Mauricio Macri y Elisa Carrió llegaron a esa casona deshabitada de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, a media hora del centro porteño, no habían hablado nunca a solas, mano a mano, en profundidad.

Estuvieron solos, a puertas cerradas, en el living de esa casa, durante más de una hora. Afuera esperaban Emilio Monzó y Javier Campos Malbrán. Cuando la puerta se abrió, la que habló fue "Lilita". "Listo. Vamos a ir juntos. Pero (Sergio) Massa está afuera, y no quiero saber nada con el narcotráfico y el juego", pidió, según reconstruyó Infobae de fuentes directas. Y siguió: "En unos meses el establishment va a pedir por Massa, pero este señor me dio su palabra de que no va a venir", dijo mientras señalaba a Macri.

Recién empezaba el 2015. El fiscal Alberto Nisman aún no había aparecido muerto en su departamento de Puerto Madero. Pero el acuerdo, impensado e imposible un par de años atrás, se había empezado a gestar un año antes.


Campos Malbrán, empresario inmobiliario con participación en alguna radio y electo diputado en las últimas elecciones legislativas, pasó buena parte de su adolescencia en el colegio Cardenal Newman, pero terminó sus estudios secundarios en otro establecimiento. El día que Macri lo recibió en su despacho de la Jefatura de Gobierno en Bolívar 1, esa calurosa mañana de verano del 2014, recordó tibiamente aquellos años. Nunca habían sido parte del mismo grupo de amigos. Se veían más por esos días en los pasillos del edificio de la avenida Libertador: Campos Malbrán vivía en el piso de arriba del jefe de Gobierno porteño, aunque apenas cruzaban palabras.


El empresario llegó acompañado por Monzó, otro de sus vecinos en un barrio cerrado de Luján, con quién solía analizar el escenario político, y con quien diagnosticó en profundidad que la única opción viable de poder era aglutinar a la oposición no peronista, o al menos a gran parte de ella. Le repitió el mismo repertorio a Macri, que por esos días la política lo aburría mucho más que ahora, en su oficina con vista a la Plaza de Mayo. El jefe de Gobierno fue sincero: "Carrió no me atiende el teléfono". Campos Malbrán se ofreció de mediador. En abril de ese año publicaría una columna premonitoria en el diario La Nación. La tituló "Comenzar de nuevo".

El empresario, clave en el acercamiento personal entre Macri y la líder de la Coalición Cívica, no la había visto en su vida. Se anotó en uno de los cursos del Hannah Arendt. Participó de unas cuantas clases del instituto, sobre la calle Vicente López. Se sentaba solo entre el resto de los alumnos. Escuchaba a Carrió. En el entorno de la diputada hasta llegaron a pensar que era de los servicios de inteligencia.

Al final de una de las clases, Campos Malbrán le pidió una reunión a Carrió. Se sentaron un par de días después. Hubo un almuerzo en su departamento de la avenida Santa Fe, en Palermo. El empresario le explicó lo que había hablado con Macri. "Lilita" lo cortó en seco: "Franco Macri es mi límite". ¿Cómo iba a confluir en un frente común con el hijo de uno de los mayores exponentes de la patria contratista que había investigado por años? El archivo era inapelable.

En el 2003, Carrió había dicho que Macri era uno de los "empresarios ligados al robo del país". En el 2008 fue un poco más suave: lo calificó solo de "incompetente". "You are stupid?", le dedicó una noche en el programa Desde el llano, de TN. En octubre del 2013, unos meses antes de la gestación de la alianza que terminaría con Macri en la Casa Rosada, "Lilita" volvió a cargar contra el PRO durante un debate de candidatos legislativos, frente a Juan Cabandié y Sergio Bergman. Cambiemos todavía no estaba en los planes de nadie. "Ellos no luchan contra la corrupción", se diferenció del rabino después de denunciar con nombre y apellido los negocios porteños del "juego y la obra pública" ligados a empresarios del riñón del líder del PRO.


A pesar de sus límites, Carrió supo hacia donde iba la noche que todos los que participaron de las negociaciones entre la Coalición Cívica y el PRO ahora recuerdan como el día de "la carterita". Fue el 11 de agosto del 2014, en el Palacio Rodríguez Peña, en medio de un acto del frente UNEN de la ciudad de Buenos Aires. La diputada se levantó en medio del discurso de Fernando "Pino" Solanas cuando el dirigente vociferaba que en el espacio no había lugar "para la derecha moderna" ni para "candidatos light como Macri, Massa y (Daniel) Scioli". "No estoy enojada, solo me fui con mi carterita a comer pizza, ¡miren qué linda!", escribió después "Lilita" en sus redes sociales.
A Campos Malbrán, a Monzó -que intercambió insistentes mensajes con Fernando Sánchez-, a Maximiliano Ferraro y a Diego Santilli, que también colaboraron en el acuerdo, les costó acercar posiciones. Pero hubo dos condimentos esenciales en las negociaciones: el trato y que nunca se hicieron públicas. "Fue la diferencia con los radicales, que se juntaban con ella y al otro día le hacían operaciones por los diarios", cuenta un colaborador de la líder de la CC que la acompaña desde hace años. Lo había intentado Gabriela Michetti años atrás. Era de una de las dirigentes más cercanas a Macri, y ostentaba una preciada relación con Carrió. Pero no pudo. O no supo. El escenario político era distinto. Maldades del destino: la vicepresidenta ya casi no tiene relación con "Lilita", y con el Presidente el diálogo es mucho menos fluido que antes.

En noviembre del 2014, Macri y Carrió hablaron brevemente por teléfono después de una visita de la dirigente al Garrahan, en la que planteó quejas por la reducción del presupuesto de la Ciudad al hospital. Ese día, la diputada llamó al entonces jefe de Gobierno desde la vereda del hospital. En el entorno de ambos recordaron por estos días algún tímido encuentro parlamentario en las oficinas del ARI frente al Congreso, en el cuarto piso sobre la avenida Rivadavia, en los dos años en los que Macri ocupó con más pena que gloria una banca en Diputados. Estuvieron acompañados por Eduardo Macaluse, por entonces uno de los diputados más relevantes del ARI que volvió a dar clases en una escuela del Gran Buenos Aires. Asesores de "Lilita" tienen más presente la vestimenta de Macri que el contenido de la charla, estrictamente vinculado a la agenda legislativa de la oposición. El futuro presidente vestía pantalones claros y camisa rosa.

Cuando empezó el verano del 2015, el último de Macri como jefe porteño, Carrió marcó el número del celular de Campos Malbrán. "Quiero verlo", le pidió en alusión a Macri, que por entonces también veraneaba, como ahora, en Villa La Angostura. Se encontraron un par de días después en la casona deshabitada de la zona norte del Conurbano bonaerense, propiedad de un familiar de uno de los dirigentes que acercó posiciones.

La muerte de Nisman, que sorprendió a la Argentina en la madrugada del lunes 19 de enero de ese verano, el del 2015, postergó la foto. Se volvieron a encontrar para pulir detalles del anuncio la mañana del sábado 31 de enero. Esta vez en el departamento de Monzó, frente al Parque Carlos Thays, en Recoleta.

Carrió llamó a uno de sus colaboradores que no sabía de las negociaciones que se habían sostenido en secreto durante un año. "Va a pasar algo importante", le dijo por teléfono y le pasó la dirección de donde debía estar esa mañana. El asesor esperó abajo del departamento, en la esquina de Libertador, con uno de los custodios de la diputada. Arriba, ella volvió a hablar con Macri a solas durante unos minutos. Él aún no la tuteaba: la llamaba "doctora" o "Elisa", a secas.


El colaborador, uno de los históricos, entendió qué pasaba cuando vio que Macri salió solo del departamento y se zambulló en la camioneta importada que lo esperaba en la puerta. Atrás salió Carrió, acompañada por Ferraro. "Vamos a hacer unas fotos", dijo. Al rato se fotografiaron juntos. Sonrientes. Carrió de saco blanco. Macri de camisa a cuadros y saco negro. Distribuyeron las imágenes en las redes sociales de ambos, al mismo tiempo. A mediados de marzo, el radicalismo definió en una accidentada convención en Gualeguaychú, Entre Ríos, que también irían en un frente común con el PRO y la Coalición Cívica. Se imponía Ernesto Sanz, el tercer integrante de la coalición, con un fuerte impulso de Enrique Nosiglia, paradójicamente uno de los eternos enemigos de Carrió. Lo que siguió es historia conocida.


Para la diputada fue clave que Macri haya cumplido con su palabra de resistir las enormes presiones del círculo rojo de pactar con Massa, una alianza que, para el establishment de aquel momento, parecía imbatible. Para el jefe de Estado, "Lilita" hizo lo suyo. Si bien bramó con personajes de su entorno más íntimo, como Daniel Angelici, amagó con quebrar relaciones y fue determinante en algunos fracasos legislativos del oficialismo, supo respaldar episodios de delicadeza institucional y choques de intereses, como el caso del Correo Argentino, Avianca o Panamá Papers. Mutua conveniencia: a Macri le da una pátina de transparencia que nunca tuvo. Para ella es la primera vez que siente, y disfruta, del poder del Estado.

Según suele confiar "Lilita" en privado, el jefe de Estado quiere sepultar la herencia paterna. "No quiere ser un mafioso como el padre", se le escuchó decir en más de una oportunidad entre sus íntimos. La noche que Cambiemos celebró el triunfo presidencial en Costa Salguero se cruzó con Nicolás Caputo, el más íntimo de los amigos del Presidente. Le dijo que el éxito de Macri dependía en buena medida de él y de ella. Caputo no volvió a incidir como antes, al menos en las decisiones políticas cotidianas.

Al rato se topó con Franco Macri, por primera vez. "A usted no lo quiero", le espetó, pero no quiso ser descortés: "Igual lo voy a saludar".

Fuente: Infobae

Te puede interesar