Potenciómetro del gradualismo: los tiempos que maneja Macri para recalibrar su gestión

POLÍTICA 05/01/2018 Por
Los tragos amargos, mejor darlos a sorber lo más lejos posible de las elecciones
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La frase no es una variante del Teorema de Baglini aunque el guiso que se vino cocinando en la mesa chica del presidente Mauricio Macri entre aquel domingo 22 de octubre de gloria para Cambiemos y el fin de año que se acaba de cerrar tiene altos condimentos de racionalidad, como aquella sentencia del mendocino, sazonados también con algún toque de la picaresca de la política.

Si bien la infeliz maniobra del cambio de fórmula de ajuste a los jubilados generó el revuelo que generó y fue utilizado como ariete por la oposición más refractaria, desde la lógica del accionar de la opinión pública, siempre es bueno que cuando caiga la imagen del gobernante o se deteriore la confianza de los consumidores en las encuestas, tal como viene ocurriendo ahora mismo en ambos casos, suceda desde el valor más alto posible para intentar luego, con el tiempo, una recuperación. El seguimiento de estas variables será para el Gobierno el termómetro de sus acciones futuras y, tal su gusto por las mediciones, lo que le pondrá mayor o menor ritmo a un gradualismo que nunca se pensó abandonar.

Hay cuatro o cinco situaciones a considerar en este racimo de ingredientes que han empujado a las autoridades a salir de una perniciosa zona de confort que dejaba al Presidente en una situación de poco apego a dar cierto volantazo. En primer lugar, porque políticamente la hiperactividad del Gobierno mostró a Macri como el conductor a cargo, imagen que a los argentinos les gusta sintonizar casi siempre. Y desde lo económico, porque no es ningún misterio para nadie la actual situación de ajuste de los monederos del Estado, con subas de tarifas y racionalización administrativa de por medio, ni tampoco el momento que se eligió para hacer los anuncios sobre el recauchutaje de las metas de inflación.

En esa línea, otras cosas irán sucediendo de ahora en más, hasta octubre del año próximo. Por supuesto, que a medida que pase el tiempo y se ajuste a la realidad la potencia de los parámetros que el Gobierno entiende como básicos de su programa económico-social, la cuenta regresiva camino a las presidenciales de 2019 irá atenuando los picantes del preparado.

En el mismo tren de blanquear situaciones en el pináculo de la fama hay que alinear en el análisis otras dos cuestiones que tienen que ver esencialmente con la imagen hacia los inversores, locales e internacionales: a) el haber puesto a todos los jefes del superpoblado batallón económico del Gobierno (ministros y titular del BCRA) al servicio de la estrategia del Presidente y alineados con el comando táctico del mariscal de campo, Marcos Peña y b) el volumen del paquete de leyes que el Ejecutivo consiguió sacar del Congreso, aún a costa de perder bastantes recursos en el medio.

Sobre el primero de los temas, tampoco era secreta la imperiosa necesidad que tenía el Gobierno de mostrar que el mosaico de funcionarios debía encolumnarse detrás de una sola estrategia monetaria y fiscal ya que así, lo pedía el mercado. De las tres cosas que sucedieron en aquella mañana del 28 de diciembre esta fue la más relevante para el corto plazo: en esa conferencia de prensa se mostró, quizás por primera vez en dos años, que todos los caballos tiran del mismo carro y que lo hacen para el mismo lado.

Y pese a que algunos han interpretado que la autoridad del Central pudo haber quedado quedó mellada, su presidente, Federico Sturzenegger, se ocupó de recalcar que la estrategia y los tiempos del movimiento de tasas, han quedado de su lado, como debe ser. En esta línea, es clave anotar aquello que menos repercusión mediática tuvo tras esa mañana de conjeturas: que el BCRA ya no será una suerte de financista de última instancia para sacar del pozo al Tesoro cuando le pidan un salvavidas, sino que de ahora en más acotará sus aportes a cifras cada vez menores.

Además, en ese mismo momento el Gobierno sinceró, de cara a la sociedad, que domar la inflación llevará más tiempo que el previsto (un año más), como una manera de no afectar el crecimiento. Y más allá de lo bueno que es siempre rectificarse a tiempo, las primeras especulaciones pasaron por decir que se podrían relajar las tasas, mientras el dólar quedaba más limpio en su flotación. De hecho, ante las novedades, el mercado cambiario produjo reacomodamientos y el peso se deterioró bastante en estos días. Más allá de haberse cerrado algo la brecha de atraso del tipo cambiario que debería mejorar algo la balanza de pagos de este año, ahora la gran duda se plantea sobre el traslado a precios de toda esta movida.

En cuanto al panorama legislativo, también mirando hacia 2019, el punto institucionalmente más relevante fue que, sin tener los votos propios necesarios para sancionarlas, el Gobierno negoció y sacó del Congreso con el sello de aprobadas varias leyes que se iban a tornar muy difíciles de encauzar acorde pasara el tiempo y los opositores tuvieren que jugar en el tablero eleccionario como tales.

La piedra angular de todo ese paquete fue la llamada Ley de Consenso Fiscal, surgida del compromiso de 23 gobernadores con la Nación (salvo San Luis), que contenía tratar un proyecto de ley nacional para que los haberes jubilatorios se actualicen trimestralmente y por inflación. Pese a que el proyecto no lo dice, de allí saldrá el dinero para restituir el Fondo del Conurbano a Buenos Aires sin tocar los fondos de las demás jurisdicciones. Así y todo, pese a la rúbrica, muchos de los mandatarios provinciales no lograron encolumnar a los diputados (que representan al pueblo y no a la provincia, como los senadores) para que voten la Ley respectiva, lo que generó tironeos entre algunos de ellos y las autoridades nacionales.

En ese paquete, los gobernadores también comprometieron, entre otras cosas, la baja en sus jurisdicciones de los impuestos distorsivos (Ingresos Brutos y Sellos, en forma gradual en un período de 5 años), mantener el gasto constante en términos reales durante los próximos años y trabajar para aplicar un nuevo esquema de reparto secundario de los impuestos nacionales para obligar a los municipios a adecuarse. También desistieron de las demandas contra el gobierno nacional y arreglaron recibir, en contrapartida, bonos compensatorios y fondos frescos de reasignaciones de impuestos.

Más allá del Presupuesto 2018, el Congreso aprobó el Régimen Federal de Responsabilidad Fiscal y de Buenas Prácticas de Gobierno que incluye muchos de esos compromisos y la Reforma Tributaria. Esta última Ley, que fue cocinada durante varios meses antes de las elecciones, rebaja impuestos distorsivos, grava algunos aspectos de la renta financiera y modifica impuestos internos, todo de modo gradual y en cinco años, para que se reduzca en el tiempo la presión tributaria, mientras que para incentivar la inversión, se premia ya mismo la reinversión de utilidades.

Igualmente, han quedado muchas e importantes leyes pendientes para este año (Reforma Electoral, otra del Ministerio Público y una tercera del Código Penal que incluye la Responsabilidad Penal Juvenil; Mercado de Capitales; Defensa de la Competencia; Alquileres y Ley de Fueros, entre otras), pero ninguna de tanta importancia como la Reforma Laboral. Para evitar que las internas sindicales se cuelen en las discusiones, el senador Miguel Pichetto bloqueó su tratamiento y lo dejó para más adelante, aunque el Gobierno pasó varios puntos del llamado blanqueo laboral a la Ley Tributaria. Ya se verá si en la ocasión en que se avance hacia lo más controversial, los tiempos todavía le juegan a favor al Gobierno y si los opositores aún pueden acompañarlo.

Dicen en su entorno que, como impulso a su estrategia política para salir del adormecimiento que afectaba al Gobierno, Macri se basó en una convicción no menor, ya que está seguro que podrá ir a buscar a las urnas en 2019 una reválida para su accionar. Por primera vez desde 1983 y tras las negras experiencias de Raúl Alfonsín y de Fernando De la Rúa, un gobierno no peronista se sometería al escrutinio del paladar ciudadano y eso no deja de ser una muy buena noticia para la democracia.

Fuente: Cronista

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