¿PROFETIZÓ DIAMAND EL FIN DE LA ERA MACRI?

EDITORIAL 03/01/2018 Por
Tenenbaum desempolva un texto que a la luz de los acontecimientos actuales se le revela como profético. En el campo oficialista explican por qué esta vez las cosas serán diferentes
MACRI DIAMAND

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Marcelo Diamand (1929-2007) es hoy muy poco recordado entre los economistas argentinos del siglo pasado. Se menciona mucho más a Martínez de Hoz, Alsogaray o Cavallo que a este ingeniero fundador de la empresa de productos electrónicos Tonomac, que se distinguieron por su muy buena calidad.

Diamand fue dirigente empresario (Presidente de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas) y académico. Sus análisis sobre los problemas de la economia argentina -como caso particular de lo que él llamaba Estructura Productiva Desequilibrada (EPD)- son tan agudos como abarcativos.

Quien lo trae a colacion ahora es Ernesto Tenenbaum, en un artículo de Infobae que lleva el inquietante título de “Una profecía maldita: ¿está escrito el fracaso económico de Mauricio Macri?”.

El periodista centra su mirada en un trabajo que Diamand presentó en noviembre de 1983, en la “Conferencia sobre Medidas de Cambio Político Económico en América Latina” organizada por Venderbilt University, de Nashville, Tennesse, Estados Unidos: “El péndulo argentino: ¿hasta cuando?”

El texto está disponible en internet, y aunque siempre pueden alegarse diferencias con lo ocurrido en las dos etapas vividas desde el comienzo del milenio -Kirchnerismo y Macrismo- no hay dudas de que ambas se encuadran cómodamente en la clasificación que hace el autor.

La ponencia analiza dos políticas económicas que -según él- se alternan en el país porque cumplen un ciclo que florece primero y se agota luego debido a que es incapaz de superar las restricciones externas: la corriente popular, keynesiana y nacionalista, y la ortodoxa, basada en la teoría neoclásica de la economía “tal como se enseña en las universidades del mundo occidental”.

Para Tenenbaum, “la lectura estremece porque allí están descritos, ¡décadas antes de que sucedan!, el auge y el fracaso k, tanto como los primeros dos años macristas. Si la historia se repitiera de manera inexorable, todo terminaría mal: se cumpliría esa profecía maldita”.

Diamand asigna como objetivos de la corriente popular la distribución progresiva del ingreso y el pleno empleo. Y que en el modelo se procuran a través de mayores beneficios sociales, aumentos nominales de salarios y -a veces- control de precios, manejo del tipo de cambio y de tarifas de los servicios públicos. El sistema se apoya además en una política que asegure un alto nivel de demanda.

El ciclo comienza en forma virtuosa: aumento de los salarios reales, crédito barato, incremento de la actividad económica y euforia comercial e industrial. Pero luego sobreviene el déficit del presupuesto, desequilibrio de la balanza comercial, desborde sindical, desabastecimiento e inflación. Las reservas del Banco Central se agotan, hay crisis de la balanza de pagos y sobreviene el caos económico que termina con el reemplazo por las políticas ortodoxas.

Éstas “reflejan el pensar y el sentir del sector agropecuario, del financiero, del exportador tradicional y, algo paradójicamente, de una gran parte del industrial. El acento se ve puesto sobre el orden, la disciplina, la eficiencia, el equilibrio del presupuesto, el ahorro, la confianza, la atracción de los capitales del exterior y las virtudes del sacrificio popular”. Pocas dudas puede haber de que -treinta años antes- Diamand hacía un acabado retrato del macrismo.

La pintura se completa con un párrafo más que ajustado a la realidad argentina de hoy, no en cuanto a la situación de crisis de la balanza de pagos, ni el caos económico inicial -que no existieron cuando Cambiemos se hizo cargo del Estado- pero sí en lo que hace a las medidas adoptadas por el actual oficialismo: “brusca devaluacion, aumento de ingresos agropecarios, caída de salarios reales, drástica restricción monetaria, recesión de mayor o menor profundidad y un deliberado intento de atraccion de capitales extranjeros”.

Sigue Diamand “De acuerdo con las afirmaciones de la ortodoxia, la recesión y la caída de los salarios reales no serían más que perjuicios momentáneos que corresponderían a un período inevitable de sacrificio, necesario para ordenar y sanear la economía. Gracias a él se crearían las bases para el despeque y el crecimiento en beneficio del conjunto de la población”.

Para el autor, aunque puede haber éxitos al comienzo, luego se produce una crisis de confianza, los capitales huyen, hay crisis en el mercado cambiario y brusca devaluación, con caída de salarios reales, disminución de la demanda, inflación y recesión, que conducen al desplazamiento del péndulo hacia el otro extremo.

Precisiones alarmantes

Tenenbaum aventura que “El destino parece escrito, una vez, de antemano. Macri va a fracasar. Pero el presidente dice que no estamos condenados”. Y se pregunta ¿será así?

La respuesta de un funcionario de gobierno que no nombra, pero de quien asegura que conoce muy bien el pensamiento de Diamand es negativa. El consultado, aunque reconociendo que es peligroso decir que esta vez es diferente, señala que el éxito del proceso está basado en el gradualismo, tanto fiscal como comercial y en la flotación cambiaria, que no es tan eficaz para bajar la inflación como un tipo de cambio fijo pero que apaga automática e inmediatamente
la desconfianza sobre el estado de las cuentas públicas.

Otro miembro del equipo económico es citado descreyendo de las leyes inexorables, y alegando que la receta virtuosa que se está aplicando consiste en salir del populismo de a poco y no tirarse de cabeza a la ortodoxia extrema.

Este gradualismo es justamente el que critican con ferocidad los economistas ortodoxos -léase Cachanosky, Espert, Milei, Fermo- quienes auguran un pronto desastre debido a que para ellos el macrismo no es sino “un kirchnerismo de buenos modales”.

Las semejanzas y similitudes del kirchnerismo y el macrismo con los esquemas de Diamand ameritan un análisis que alargaría demasiado este artículoy mejor dejarlo para otro a publicarse en breve en esta columna.

Sea cual fuere la opinión de cada uno sobre el tema, leer a Diamand es muy esclarecedor y me permito recomendarlo enfáticamente.

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