DETERIORO DE LOS TÉRMINOS DEL INTERCAMBIO

EDITORIAL 01/01/2018 Por
Para Rogelio Julio Frigerio, el principal problema que atentaba contra el desarrollo de los países era lo que llevaba -y sigue haciéndolo, aunque ya no se menciona tanto- el rimbombante nombre de “Deterioro de los términos del intercambio”
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Detrás de esa expresión se escondía una sencilla realidad: el país vendía productos baratos y compraba bienes caros. ¿Cuánto vale una tonelada de trigo y cuánto una de computadoras? Preguntaba el abuelo del actual ministro del interior.

De allí surgía la necesidad de industrializar al país para tener bienes exportables más valiosos.

Pero la idea de los economistas liberales, y del macrismo, que hoy intenta ponerla en práctica -aunque según los representantes más extremos de esa tendencia no lo consigue ni está cerca de ella- es que las naciones deben concentrarse en aquellos productos para los que tiene ventajas comparativas.

En esa visión, la Argentina, con un clima benigno y enormes extensiones de tierras planas y fértiles, debía dedicarse a los productos primarios. A lo sumo un poco de agroindustria.

Y a ese objetivo apuntaron Macri y su equipo económico, allanando el camino para que la cosecha de granos se multiplique, en forma de quita o baja de retenciones -según el cultivo- y el establecimiento de una paridad competitiva.

El presidente negó en su momento que esto significaba la primarización de la economía, pero la realidad lo desmintió.

Es que los países compradores quieren reservarse la posibilidad de industrializar ellos los frutos del agro. Las dificultades para colocar el biodiesel son un claro ejemplo de esta situación. Y hasta para vender limones debió hacerse un esfuerzo desproporcionado, que requirió incluso la intervención presidencial.

En una nota de Infobae, Marcelo Zlotogwiazda se refiere a este tema

“La situación no es para nada 'sana', tal como increíblemente la calificó Nicolás Dujovne en su presentación en el Senado, cuando atribuyó el déficit a un alza en las importaciones de bienes de capital y a que los precios de lo que el país compra y vende son más inconvenientes que el año pasado (lo que se conoce como deterioro de los términos de intercambio).

Ambas cosas son ciertas . Pero, como suele hacer, el ministro cuenta nada más que la parte que le agrada”.

El periodista especializado en economía explica que si bien es cierto que aumentaron las importaciones de bienes de capital (algo que ayuda a la industria a producir más y ser competitiva en el mercado internacional) tambien se importó más en muchos otros rubros, entre ellos artículos de consumo y automotores.

A los mismos precios del año pasado, acota Zlotogwiazda, el desbalance comercial externo hubiera sido de US$ 5.000 millones, cifra que de todos modos marca records históricos.

La cuenta corriente de la balanza de pagos termina este año con un saldo negativo realmente terrorífico: casi 30 mil millones de dólares. Esto sucede porque a la diferencia entre importaciones y exportaciones hay que sumarle los dólares que se van en concepto de viajes y compras de los turistas argentinos, remesas de utilidades de las empresas multinacionales, intereses de la deuda externa, y fletes y seguros.

Este déficit, que fue hecho explícito por el ministro Dujovne, basta para mostrar que la actual administración fundió totalmente al país en menos de dos años, y que la recuperación, si alguna vez ocurre, no se producirá antes de varias generaciones.

Es que al problema de que vendemos lo barato y compramos lo caro se agregan otros, tanto o más importantes, generados por quienes conducen la política general, económica y monetaria: la ideología gobernante -la que promueven las potencias dominantes no para sí mismas sino para que los países subdesarrollados no puedan superar su condicion y sigan sirviendo a sus intereses- es la de las ventajas comparativas.

Dejar de lado a la industria

Según ese tipo de pensamiento, apoyado por los economistas externos y autóctonos en condiciones de sacar partido de la situación, Argentina no tendría que promover su industria sino especializarse en los productos agrícolo-ganaderos, a favor de las excepcionales condiciones de su clima y geografía.

La historia de los países de la región es más que ilustrativa de las consecuencias de esta forma de reparto de las actividades que desarrollan los países. Pocos lo han expresado tan compendiada y brillantemente como Eduardo Galeano en su monumental libro “Las venas abiertas de América Latina”

Hay dos razones para que la preocupación deba ser mucho mayor que la que generan los datos de la balanza comercial. La primera es que al desequilibrio comercial se le suma el déficit por turismo, pasajes y gastos con tarjeta en el exterior (alrededor de 10.000 millones de dólares en el año), el giro de utilidades por parte de multinacionales, el gasto en fletes y seguros y el creciente pago de intereses por la deuda externa.

Mientras las críticas por derecha al macrismo se centran más en la reducción del déficit fiscal que en el sector externo, es este el verdadero Talón de Aquiles de la economía. El primero se revierte en inflación, en tanto que la desatención del último se traduce en dependencia y miseria.

Para combatir la inflación el gobierno macrista recurrió al endeudamiento externo. Un método perverso que exige pagar intereses por partida doble (por lo dólares pedidos por los pesos por los que ellos se cambian y que hay que neutralizar para que no haya exceso de circulante. Un procedimiento que conduce -como lo hizo repetidas veces- al desastre. Y cada vez a mayor velocidad.

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