¡¡¡ CHAU 2017 !!!

Alegrías y tristezas que signaron el año que culmina
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Último día de la semana laboral del año. Un 2017 que nos deparó a los argentinos momentos de gran regocijo y otros de enorme tristeza.

Empezando por los segundos, sin lugar a dudas que la desaparición del submarino ARA San Juan, con sus cuarenta y cuatro tripulantes, fue el hecho más doloroso que nos tocó vivir como sociedad durante este año, puesto que se trata de un suceso con muy pocos precedentes en toda la historia argentina. La pérdida de una nave militar, en tiempos de paz, y la de los efectivos que ella transportaba produjo una profunda herida que sólo el tiempo y los resultados de su búsqueda e investigación de lo acontecido pueden mitigar, aunque jamás va a llegar a representar una cicatrización para quienes perdieron a sus seres queridos en las profundidades del helado mar argentino, ni para la sociedad en general que tiene muchos interrogantes con muy baja probabilidad de hallar una respuesta que los satisfaga. Este accidente, o lo que fuere que pasó con el navío de la Armada Argentina, ha dejado al descubierto varios temas que, si bien no configuraban un secreto para nadie que quisiera o pudiera ver más allá de su nariz, no fueron tratados de la manera debida y adecuada, tanto en lo que se refiere al poder político como en el ámbito mismo de las Fuerzas Armadas. Los prejuicios, la falta de presupuesto, el escaso mantenimiento, la cerrada disciplina militar, y, como si fuera poco, la siempre presente “viveza criolla” de “atar con alambre” las cosas, por separado o de manera conjunta y concatenada fueron, más allá de algún acontecimiento puntual que se pueda llegar a conocer en el futuro, los motivos desencadenantes de una tragedia que enluta a cuarenta y cuatro familias argentinas, en particular, y a toda la comunidad, en general.

También, dentro de los momentos de gran tristeza podemos poner los gravísimos incidentes ocurridos entre manifestantes y las fuerzas de seguridad, en ocasión del reciente tratamiento en la Cámara de Diputados de la Nación del Proyecto de Ley de Reforma Previsional. Es que, si bien siempre ha existido un alto grado de conflictividad social en el país, la brutalidad de los hechos ocurridos en la Plaza de los Dos Congresos, con su saldo de heridos y daños materiales, nos retrotraen a épocas pasadas que creíamos haber superado para siempre. A esta altura ya no tiene importancia a qué grupo representaban los más revoltosos o si los verdaderos motivos de los disturbios fueron la defensa de los derechos de nuestros adultos mayores u otro tipo intereses encubiertos bajo ese pretexto. Lo que realmente importa es hasta dónde pueden estar dispuestos a llegar estos grupos de inadaptados sociales, que no sienten la más mínima empatía por sus semejantes ni el mínimo respeto por las insituciones de la República, cuando son arriados por quienes desean sembrar la discordia entre hermanos y el caos en una sociedad que ha decidido, de manera libre y democrática, comenzar a transitar por el camino de la ley y de apego irrestricto a un sistema de gobierno que, sin ser perfecto, es lo que más se asemeja a nuestra idiosincrasia de Nación pacífica, libre y soberana.

Por supuesto que la inseguridad cotidiana, la inestabilidad de ciertos sectores laborales, la pobreza educativa, el deteriorado sistema sanitario y la endeble situación económica del país también aportaron su cuota grande de penurias para una ciudadanía a la que siempre se le está pidiendo, desde hace muchísimos años, un poco más de sacrificio. Pero, quizá estos sean puntos que pueden llegar a equilibrarse si se piensa con optimismo y se tiene confianza en el rumbo que la actual administración de Mauricio Macri le está imprimiendo a estos grandes temas. En definitiva, éste y no otro fue el “cambio” propuesto hace 24 meses por el entonces candidato a la Presidencia de la Nación, y al cual la mayoría de nuestra ciudadanía suscribió, con la esperanza de encontrar las soluciones tan esperadas, soluciones que sabemos nunca son ni pueden ser “mágicas”, sino que llevan su tiempo y necesitan del esfuerzo compartido de todos los sectores sociales.

Ahora bien, en lo que respecta a las alegrías que nos deparó este 2017 que se despide, quisiera comenzar por esa que configura la más grande pasión de la mayoría del pueblo: indudablemente me estoy refiriendo al fútbol. Argentina logró, no sin un gran sacrificio y mucha zozobra, clasificar para el Mundial de este deporte que se llevará a cabo en Rusia dentro de pocos meses. Como siempre, jugando mal, pero sabiendo que tenemos en nuestra escuadra nacional a los mejores deportistas del mundo, por no decir que contamos con Lionel Messi, el más grande futbolista de este momento, está intacta la posibilidad de que nuestro seleccionado, finalmente, termine con el maleficio que carga desde 1990, en aquella inolvidable final ante Alemania, y nos dé la gran satisfacción de levantar, nuevamente, una copa.

Pero, lógicamente, este último es un tema muy banal si se lo compara con otros que pueden ser colocados en el “haber” de una nación que ha podido torcer el designio de unos pocos y volver a la senda de las naciones que pueden hacer gala de un funcionamiento institucional, formal y materialmente, casi perfecto. En este sentido, es de destacar que durante el 2017 tuvimos elecciones de medio término, que se desarrollaron con absoluta normalidad, y que demuestran que la senda democrática que recomenzó en 1983 ha echado fuertes raíces dentro del seno de nuestra sociedad, para nunca jamás volver a apartarse de ella. Asimismo, la recuperación de la plena institucionalidad, con el funcionamiento independiente de los tres Poderes del Estado, es otro de los puntos que más deben regocijarnos en la culminación de este año. El Congreso de la Nación ha vuelto a mostrar que el dialogo y el consenso son los mejores instrumentos con que cuenta una sociedad para dirimir sus diferencia. Es en el sagrado recinto de las leyes en dónde deben debatirse los más importantes y trascendentes temas nacionales, y no en los despachos de funcionarios ajenos a la acción legislativo, y mucho menos en la oficinas de la grandes empresas o de los Ceos despersonalizados de todo tipo de sensibilidad que no sea el que tienen por su gran apego a su insaciable sed de riquezas.

Finalmente, también debe ser tomado como fuente de alegría para todos los ciudadanos de bien, que día a día se las ingenian, de la manera en que pueden, pero siempre honradamente, el comprobar que la justicia argentina se ha puesto, ahora sí, a la altura de su importantísmia e imprescindible función, y ha logrado poner entre rejas a muchos, no todos, los ex funcionarios y empresarios que conformaron la más grande “banda” delictiva que se instaló en el Poder, de la mano del kirchnerismo, y saqueó, literalmente, las arcas del Estado Nacional, que sin lugar a dudas va a configurar la defraudación más impresionante, con aristas casi novelescas, dentro de los anales de la histórica jurídica e institucional de la Argentina. Que estos señores, con perfiles psicopáticos y narcisistas, hoy sean parte de la población carcelaria de las unidades de máxima seguridad del país, habla por sí sólo del gran avance y del cambio operado durante este 2017 en una justicia que llegó, hasta no hace mucho tiempo, a ser considerada como “militante”, con toda la carga despreciativa que esta calificación implica.

Siendo así las cosas, esta breve reseña de hechos sobresalientes del año que culmina, tan sólo pretende ser un recordatorio de que durante estos doce meses hubo cosas buenas y malas, como todo en la vida: “una de cal y otra de arena”.

Feliz 2018 para todos los argentinos !!!

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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