EL "SINCERICIDIO" POLÍTICO DE LA SENADORA CRISTINA KIRCHNER

Los legisladores son votados para elaborar leyes y no para "discutir todo"
dsd-6ivwkaa75yw

Y un día, la senadora por la Provincia de Buenos Aires, que vive en Santa Cruz, y que ostenta sobre sí, además de haber ejercido en dos periodos consecutivos el cargo de Presidenta de la Nación, nada más y nada menos que 103 causas judiciales en su contra, que abarcan investigaciones de delitos cometidos en el ámbito público y privado, procesamientos y pedidos de detención, Cristina Fernández de Kirchner, hizo su debut en el plenario de la Cámara Alta del Congreso Nacional, con motivo del tratamiento del paquete de leyes sobre Reforma Impositiva.

Contrariamente a lo que es la función de un legislador, es decir la de elaborar las leyes que van a regir la vida de todos los habitantes de la Nación, la ex Presidenta de “todos y de todas” planteó, de entrada, una “cuestión de privilegio”, en la que se explayó sobre lo que ella considera una sistemática persecución política hacía su persona y hacía sus más allegados colaboradores, dejando muy en claro lo que piensa de la actual administración de “Cambiemos”, a la vez que advirtiendo que va a realizar todo tipo de acción que esté a su alcance para entorpecer cualquier iniciativa del oficialismo.

Si bien nadie, con más de dos dedos de frente, esperaba que este personaje de “culebrón venezolano” tuviera otro tipo de intención más que la de ser un “palo” en la rueda del cambio y del progreso del país, a muchos habrá sorprendido su “sincericidio” explícito, ya que siempre ha sostenido un discurso, para la “gilada”, de una especie de “animal político” que se debe a la “causa del pueblo” y que en ella empeñó su salud y la de su propio “compañero de ruta”, convirtiéndola en una “viuda ilustre”.

Pero, como reza el viejo adagio jurídico, “a confesión de parte, relevo de prueba”, las palabras pronunciadas ayer en el sagrado recinto de las leyes por la Senadora Kirchner, bastan y sobran para que a todos nos quede muy en claro cuál va a ser su rol durante el tiempo que ocupe una banca.

Claro está, que esto será así, siempre y cuando no prospere el pedido judicial de desafuero y prisión preventiva que pende sobre su cabeza.

En su alocución, que fue interrumpida varias veces por la Presidenta del Cuerpo, debido a que la legisladora abusó del tiempo que el Reglamento prevé para que los miembros hagan uso de la palabra en las llamadas “cuestiones de privilegio”, se refirió a los fueros parlamentarios, como quien es el más acabado exponente de las Ciencias del Derecho, entendiendo que éstos le pertenecen al cuerpo legislativo en su conjunto, y no a cada legislador en particular. Pues bien, se ve a las claras que esa no es la especialidad que más domina la “abogada exitosa”, puesto que ha olvidado toda la historia y la jurisprudencia nacional e internacional que existe sobre esta cuestión.

En verdad, que cuesta entender, sin hacer un análisis que nos remonte a muchos años atrás, cuál es el sentido de utilizar el tiempo de trabajo que muy jugosamente le pagamos los ciudadanos argentinos, si sólo nos remitimos a interpretar sus palabras con ligereza, y no ahondamos en lo que está mujer realmente dijo entre líneas.

Quizá, estamos frente a uno de los casos más patéticos de miedo personal expresados por quien, en otros tiempos supo decir que sólo debíamos temerle “a Dios y un poquito a ella”. Es que la Senadora Cristina Fernández de Kirchner, de manera vedada, lanzó una amenaza contra todo el cuerpo legislativo de la Cámara de Senadores de la Nación: sus palabras estuvieron encaminadas a advertirle a todo el recinto que la integridad de sus miembros corría serio peligro si se permitía a la justicia vulnerar, según su manera de pensar, el fuero parlamentario. Y esto no es así, bajo ningún tipo de concepto, aunque se lo quiera mirar bajo la óptica más extrema. La posibilidad de que le sea quitado ese privilegio está sólo latente sobre quien, como ella, se encuentra procesada y con pedido de prisión preventiva por parte de un juez de la Nación. Los demás miembros no tienen por qué preocuparse, puesto que no existe ningún riesgo o peligro para pensar en que se está tratando de avasallar la independencia del Poder Legislativo.

Tampoco, si se mira con seriedad y detenimiento, debería sorprender que la ex Presidenta tenga este tipo de pensamiento, puesto que, como bien lo sentencia un dicho popular, “el ladrón siempre creé que todos son de su misma condición”. Y, como durante su gestión a cargo del Poder Ejecutivo, el Legislativo se convirtió en una verdadera “escribanía de gobierno”, es bastante probable que en la mente de Cristina Kirchner esta figura vuelva a representarsele, como si nada hubiera cambiado en el transcurso de estos dos últimos años.

Pero, gracias a Dios, la mayoría de la ciudadanía argentina supo apreciar el peligro que suponía la continuidad del régimen “Nac & Pop” en el país, y le puso un freno en las elecciones presidenciales de 2015; freno que ratificó, de manera más que elocuente, en las de medio término del pasado mes de octubre, y que, por obra de nuestro sistema de representación proporcional, le concedió una banca, por la minoría, en el Senado de la Nación, banca que, como expresé más arriba, está sujeta de un hilo, y, por otro lado, que debe ser ejercida para representar los intereses de los habitantes argentinos, y no como refugio para no responder ante la justicia por los delitos que cometió durante su gestión presidencial, tanto desde la función pública como en la órbita de sus turbios negocios privados.

Para ser completamente franco, la primera intervención como senadora de la Nación de Cristina Kirchner, me dio, por un lado vergüenza, puesto que habla por sí sola, sin dejar ningún resquicio de duda, de la baja estatura de algunos de los representantes del pueblo, incluida la nombrada; y, por otro, bastante asco por la manera en que piensa utilizar el cargo con el que fue consagrada por una parte de la ciudadanía argentina que, evidentemente, todavía no ha podido quitarse el “sayo” de 12 años de “clientelismo político”.

Para finalizar con este tema, una última reflexión: como se suele decir comúnmente, “no hay mal que dure cien años”, y tanto Cristina Fernández de Kirchner, el kirchnerismo y su proyecto hace mucho que tienen fecha de vencimiento y esa fecha está muy próxima a caducar. Lo sabe la Senadora y lo saben también quienes la acompañaron en su triste derrotero por la política argentina. Y, quienes aún no se han dado cuenta, lo harán a partir de cada una de las intervenciones que, de ahora en más, haga desde su banca. “El pez por la boca muere”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar