LA BRUTTA NOTTE DI BONA DÍO

EDITORIAL 18/12/2017 Por
Algún día la historia recogerá esta historia como paradigma del absurdo
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El presidente de la AMIA increpa a Timerman por negociar con Irán para destrabar el juicio por el atentado.

Y con quien querés que negocie ¿con Suiza?, le responde el canciller.

La forma que encontró Bonadío para procesar a Cristina, Timerman, Zanini y los demás, es asumir que el atentado a la AMIA fue un acto de guerra. Alguien apuntó que ahora ya no se estila declarar la guerra. En verdad, para atacar ya había antecedentes. Pearl Harbor, por ejemplo. Pero al día siguiente del ataque japonés, Estados Unidos declaró la guerra a ese país y ya sabemos cual fue el fin de ese conflicto.

Ahora bien, ese “acto de guerra” que se asume constituyó la voladura de la mutual israelita, fue cometido en 1994. Qué hicieron con esa guerra Menem, De la Rúa, Duhalde y Néstor Kirchner que no declararon formalmente la guerra o al menos tomaran represalias contra la república islámica? Pareciera que recién cuando Cristina comienza a negociar con Irán por el procesamiento de los

sospechosos de ese país comienza la guerra para Bonadío. Porque las relaciones diplomáticas contra ese país siempre siguieron normalmente, con embajadores y todo.

En el periodo 1999-2002, el comercio con Irán venía creciendo “con grandes márgenes de superávit para nuestro país”, decía Juan Gabriel Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, en un artículo de La Nación de diciembre de 2006.

Luego, el comercio bilateral se redujo a su mínima expresión hasta 2004, aparentemente para expresar el disgusto de Irán por el pedido de captura de los sospechosos del atentado.

Ricardo Alfonsín, que era diputado en el momento, dijo durante el debate parlamentario por el memorándum, que “Aumentaron un 1400% las exportaciones a Irán desde los años 2005 a 2010”, pretendiendo dar un indicio de que detrás del memorándum había una negociación de intereses económicos. A lo que Timerman respondió: “No hemos negociado ningún acuerdo comercial con Irán, como lo ha hecho el gobierno radical, no he hablado otro tema más que el atentado a la AMIA”.

Bien, entonces rara es la presunción de guerra, cuando el memorándum se firmó en 2013. Pero, asumiendo que existía un estado de guerra entre ambos países. ¿a quién le tocaba negociar la paz? Sin duda a las autoridades argentinas y sus poderes, especialmente el parlamento. O sea que lo más correcto era negociar con Irán, que es lo que ocurrió.

¿Quien, después de una guerra, decide cuales son las condiciones de la paz? Los vencedores imponen sus condiciones, obviamente. Después de mucho tiempo, los vencidos verán de qué modo se libran de las sanciones impuestas. La Alemania nazi protestó porque lo que se le había impuesto al país, derrotado en la primera guerra mundial. Un error muy grande, dijo el premio Nobel de literatura Elías Canetti al sostener que el ejército -con sus paradas y desfiles- representa al bosque, y el bosque es para los alemanes su identidad. Por tanto, al prohibirle el ejército, los aliados de aquel momento estaban imponiendo algo que tendría que explotar tarde o temprano.

Entonces, si no hubo guerra Argentina-Irán no hay delito. Y si hubo guerra tampoco.

Ahora bien, el juez Bonadío fue apartado de la causa AMIA no solo por manifiesta animosidad sino por ser sospechoso del encubrimiento que estaba juzgando. ¿Qué diría Ud., lector, si lo acusan de un robo y quien lo juzgue le tenga bronca y encima a él se lo acuse de ese mismo delito?

Y ahora está de nuevo en una causa que fue desestimada por cinco jueces. Y con ninguna prueba válida se opermite encarcelar a un conjunto de personas, sobre pruebas de una vaguedad increíble, que son inexistentes. Y a tal punto llega esta farsa de justicia que el juez pretende involucrar nada menos que al titular de Interpol. Ronald Noble declaró por distintos medios que la cancillería argentina nunca le pidió que se levantaran las alertas rojas que pesaban sobre los acusados iraníes. Frente eso, a Bonadío se le ocurre que Noble miente, y que lo hace porque es cómplice de Timerman.

La descripción del absurdo de esta causa podría seguir largamente. Pero no vale la pena. Con lo dicho es suficiente. La maniobra gobierno-judicial algún día sus responsables deberán responder por ello.

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