La teta del Estado necesita un implante, pero nadie lo quiere pagar

OPINIÓN 17/12/2017 Por
Desde que llegué a la Argentina me sorprendió como un número importante de ciudadanos busca como sacarle provecho al Estado. Hoy no puede mantener a todos, porque a los que realmente lo necesitan se sumaron muchos vagos. Todos sabemos que hay que ajustar, pero nadie quiere que le quiten su pedacito.
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Cuando llegué a la Argentina trabajé en un kiosco y me parecía raro que uno de los clientes habituales fuera funcionario del Estado, porque siempre lo veía comprando y paseando por el barrio en los horarios en que yo creía que debería estar trabajando. En ese momento me explicaron que era uno de esos tantos que viven de la "teta del Estado" (en ese caso en el Poder Judicial), que van y hacen poco, pero a fin de mes son los primeros en la fila para cobrar el sueldo.

De ahí en adelante, y especialmente cuando comencé mi labor en medios de Mendoza, me di cuenta la cantidad de personas que viven de los puestos, de la administración pública o de lo que se le pueda sacar a esa teta, incluso robando. El tema es que muchos de esos vivos (porque no son otra cosa) la exprimieron tanto que hoy ya no tiene nada más para dar y si no se le reconstruye o se le hace un implante no hay forma que pueda dar a los que realmente sí lo necesitan.

El Estado debe ocuparse de los más necesitados, pero en el país de los vivos creyeron por muchos años -décadas- que el Estado estaba destinado a mantener todos los antojos de la clases políticas gobernantes que fueron destruyendo y desfinanciando al Estado a niveles increíbles, terminando de hacerlo reventar de la mano del populismo de la última década.

La triste imagen de país que vimos el jueves es un resumen de lo que tenemos en base a ese círculo vicioso de que el más vivo es el que gana. Un Gobierno que sabe la urgente necesidad de bajar el déficit (para poder sostener en el tiempo un Estado que pueda seguir resguardando a los sectores más vulnerables), pero que de tacto, timing y manejo social poco conoce. Por el otro lado, una oposición que bajo el discurso de la defensa de los jubilados trata de sacar rédito político y sale "alegre" cantando y celebrando por los pasillos del Congreso como si realmente le hubieran hecho bien al país cuando en realidad lo único que hacen es sacar rédito electoral en base a su populismo.

Lo cierto es que el jueves todos perdimos, porque un país que no es capaz de debatir está destinado al fracaso, porque la discusión se limita a ver cómo puedo boicotear todo lo que proponga el Gobierno y desde el otro lado ver cómo puedo hacer para mantener a flote el barco, pero sin tocar a los que me pueden dar dolores de cabeza o generar algún costo político que pueda afectar a la alianza electoral.

Es que todos sabemos que la "teta del Estado" necesita un implante y nadie lo quiere pagar. No puede ser el vino porque es bebida nacional y la presión -y el lobby- de una industria donde pocos ganan mucho y muchos ganan poco, siempre puede más. No puede ser la gaseosa porque los azucareros se levantan y Tucumán completo se queja. Las cervezas no tienen quien las defienda, así que le entramos. No puede ser María Eugenia Vidal, quien reclama al Estado el Fondo del Conurbano y es cuidada por el Gobierno mientras el presidente apura a las provincias para que apoyen los cambios previsionales o serán éstas las que recibirán menos recursos. Todo para cubrir los $80.000 millones de pesos que el Estado pretende reducir de déficit con la reforma.

La teta del Estado necesita un implante, pero nadie lo quiere pagar Por Edu Gajardo@edugajardo

Hasta cierto punto es entendible las posición de algunos sectores, porque la presión impositiva en la Argentina es asfixiante, pero todos hemos tenido que hacer un esfuerzo, especialmente la clase media, que se aguanta los aumentos que no dan respiro. La misma clase media que no tiene capacidad de ahorro por el costo de la vida, pero que debe pagar impuesto a las Ganancias mientras los magistrados con sueldos escandalosos, y acciones aún más cuestionables, nos miran desde arriba sin que les toquen un centavo. Eso sin mencionar que la reforma impositiva considera incluso que las indemnizaciones por despido que superen un cierto nivel tengan que pagar ese impuesto, impresentable.

Por eso hablo del país de los más vivos, donde todos saben cuáles son los problemas y nadie quiere sacrificar ni un poco de lo que le toca, donde nadie se preocupa por el otro y lo único que busca es cuidar su metro cuadrado.

En todo esto los pobres jubilados quedaron en el medio de todo. Es cierto que no puede seguir el sistema como está y que de seguir calculándose los aumentos de esa manera no hay forma que el Estado pueda sostenerlos y en algún momento no habrá como pagarles. Sin embargo, también es real que se están llevando gran parte del peso del ajuste.

Entonces, considerando la falta de tacto social de algunos funcionarios se hace casi imposible justificar que el recorte se haga por el lado de los jubilados mientras los jueces siguen sin pagar Ganancias, cuando siguen existiendo pensiones de privilegio, cuando hay funcionarios que apenas trabajan y cobran mucho, cuando pensamos en gastar un millón de pesos en pines de oro para los Diputados, cuando hay "monotributistas" con una flota de autos de alta gama o cuando el presidente de la Suprema Corte le sube el sueldo al sobrino a través de una acordada.

No podemos pretender que todos los ciudadanos o la famosa "Doña Rosa" tengan esa visión macroeconómica que tratamos de explicar, eso simplemente porque en la visión del día a día (microeconómica) no hay forma que parezca justo lo que se está planteando con la reforma previsional. De ahí la necesidad de conversar, debatir y dejarse de ver -perdonando la expresión- "quién la tiene más larga" y alcanzar acuerdo reales y sostenibles. Ya sé que estoy pidiendo un imposible para el país en el que vivimos, pero no hay otra forma. Si no es así, estamos destinados suceden cosas como la del jueves, una imagen que no se puede repetir, porque cuando eso pasa en las calles y en el Congreso todos perdemos y somos un país peor.

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