A LA ARGENTINA NO SE LA PUEDE GOBERNAR CON EL "MANUAL DEL POLÍTICO EXITOSO"

El grave error de confiar en gobernadores que tienen "mas agachadas que japonés de visita"
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En mi editorial de ayer decía, entre otras cosas, que la administración de “Cambiemos” ha cometido, a los largo de los casi 24 meses que lleva en el Poder, varios errores, entre los que se destacan aquellos que son fruto de la inexperiencia en las lides de la alta política, casi rayanos con la ingenuidad.

Pues bien, la frustrada sesión de la Cámara de Diputados, en dónde ayer se pretendió tratar el Proyecto de Ley de Reforma Previsional, que ya cuenta con media sanción en el Senado de la Nación, fue el exponente más acabado de aquél dicho popular que sentencia: “la letra con sangre entra”.

Y es que “Cambiemos” cayó en una trampa política sólo reservada para quienes se manejan en estas altas esferas como si se hubieran aprendido de memoria uno de tantos folletines de autoayuda titulados “Cómo ser exitoso en la vida”.

La política, dicen los que más saben de ella, es el “arte de lo posible”. Y dentro de el inmenso universo que representa “lo posible”, se ubican una infinidad de alternativas que van desde la transparencia más absoluta hasta las zancadillas más arteras. Obviamente que esas alternativas utilizables van a tener una proporcionalidad directa con toda la conducta que secunde al agente que las esgrima. Es decir, no es lo mismo tratar un determinado tema con quien ha demostrado, a lo largo de su trayectoria pública, un perfil limpio, sin mácula, siempre recorriendo un camino recto y apegado a la legalidad, que hacerlo con otro que ostenta más “agachadas que japonés de visita”.

Por eso, antes de enfrascarse en una negociación, ya sea en el ámbito de la política o en el empresarial, hay que conocer, sopesar quién o quiénes son los sujetos con los que se va a tratar y, sobre todo, cómo ha sido su conducta a lo largo de toda su vida.

De la misma manera en que todos somos analizados a la hora de, por ejemplo, pedir un crédito en una entidad financiera, donde se nos solicitan nuestros antecedentes para tener una cierta certeza del grado de responsabilidad que tenemos, la administración de Mauricio Macri debería haber analizado el comportamiento pasado de los gobernadores con los que suscribieron recientemente el llamado “Pacto Fiscal”.

En este “Pacto Fiscal”, el gobierno hizo enormes concesiones a las provincias, como el caso de los impuestos a las bebidas azucaradas, que benefició directamente al Gobernador Manzur y a Tucuman, solo por dar uno de los ejemplos más conocidos, y les dispendió remesas de dinero por la friolera de cien mil millones de pesos, una cifra impresionante para la quebrantada economía nacional, que les posibilitó a los mandatarios provinciales poder afrontar erogaciones, en su mayoría relacionadas con sueldos y obras públicas ya encaradas, para pasar un diciembre “en paz”, y, como contrapartida, éstos se comprometieron a apoyar en el Congreso las medidas impulsadas por el Ejecutivo Nacional que son de urgente implementación. Sin embargo, como decía antes, hay que afinar muy bien la vista y emplear al máximo la imaginación, a la hora de estampar una firma junto a la de quienes no pueden, en muchos aspectos de su vida, pública y privada, hacer gala de un trayectoria limpia y honesta.

Para decirlo de la manera más clara y objetiva posible, si se está tratando con personas que en su pasado más inmediato han demostrado una errática conducta frente al Poder de turno, ¿por qué confiar en que van a actuar de manera diferente ahora?

En todo este tema del Proyecto de Ley de Reforma Previsional, y de su frustrado tratamiento en el hemiciclo de la Cámara de Diputados, el gobierno nacional volvió a pecar de una ingenuidad muy grande e imperdonable que, de no manejar bien la situación, le puede llegar a costar muy caro, hasta el punto de perder todo el terreno que con tanto esfuerzo se ganó en las pasadas elecciones legislativas de octubre pasado.

Ayer no había en las manifestaciones callejeras ancianos con cacerolas y espátulas haciendo oír su voz en contra de un Proyecto de Ley que puede considerarse perjudicial para sus intereses. No, en absoluto. Quienes ayer se manifestaron e hicieron desmanes, destrozando vehículos, comercios, veredas, ornamentos públicos, lanzando piedras y todo tipo de elemento capaz de producir daño físico a las fuerzas de seguridad que custodiaban el Palacio Legislativo eran grupos de encapuchados, armados con palos, y muy bien organizados. Estos encapuchados no actúan sin una organización y una logística previa. Tampoco se trató de ciudadanos autoconvocados. No, nada de eso. Se trató de grupos que tenían como misión la de sembrar un estado de descontrol y violencia puertas afuera del Congreso de la Nación, como la mejor y más grande excusa de que ese mismo descontrol y violencia se trasladara al sagrado recinto de las leyes. Y lograron su cometido. Claro que lo hicieron, y con muy buenos resultados, puesto que sabían perfectamente que si producían disturbios en la vía pública esa situación iba a obrar como la más perfecta de las justificaciones para que los legisladores opositores, que responden de manera directa a los mandatarios provinciales, no dieran el quórum para tratar el proyecto en cuestión.

Poner los intereses de los jubilados, de las personas de la tercera edad, por parte de quienes hasta hace tan sólo dos años demostraron una indiferencia absoluta para con ellos, configura una excusa artera, pero, como señalé anteriormente, muy posible en política. Y esto es lo que la administración de Mauricio Macri y la coalición de “Cambiemos”, en general, no tuvo en cuenta.

Más allá de que considero que cualquier tipo de ley que se trate en el Congreso de la Nación debe ser sancionada teniendo en cuenta a todos los sectores con representación política, es decir que debe contar con el consenso de una mayoría que abarque a gran parte del arco de la sociedad argentina, justamente para no caer en esa práctica que califiqué de “kirchneriada”, es necesario decir que los políticos de la oposición mostraron en el día de ayer su lado más “sucio”, porque generaron una situación que puso al oficialismo contra la pared, cuando sus mandamases ya le habían sacado al gobierno todo lo que se propusieron sacarle.

Hay días en que cuesta mucho y produce una enorme vergüenza ser argentino. El de ayer fue uno de esos.

De todas maneras, lo ocurrido le deberá, necesariamente, reportar al gobierno nacional una lección muy importante: la de no creer que se puede gobernar con las recetas impresas en el “Manual del político exitoso”, sino que debe, al igual que lo han hecho durante toda su vida privada con excelentes resultados, utilizar todo su ingenio e imaginación posible, ya que en esto no va el salir bien parado en una operación comercial. En esto va ese “cambio” que tanto necesitamos y por el que los votamos y, por sobre todas las cosas, el futuro de millones de argentinos.

Y, para finalizar, algo que “Cambiemos” debería tener siempre presente a la hora de hacer trato con los gobernadores y los representantes de la hoy oposición: “en boca de mentiroso lo cierto se hace dudoso”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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