Políticos presos

OPINIÓN 13/12/2017 Por
Los políticos nombran a los encargados de investigarlos, delinquen sin disimulo y pretenden que estos los protejan por tiempo indefinido. Pero cuando los encargados de controlar al poder político detectan que el balance de poder cambió, modifican su conducta. Resultó clave para el "destape" judicial el triunfo del macrismo.
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Los ex funcionarios kirchneristas encarceladosdicen que son presos políticos, pero en realidad, son políticos presos. La diferencia es importante (una verdadera rareza) en un país en el que los políticos actúan como una corporación que usa el poder para asegurarse impunidad.
Los ejemplos abundan tanto como el aumento patrimonial injustificable de muchos dirigentes. Aumento que había sido denunciado por los medios sin ningún resultado hasta ahora. Las conocidas frases "aquí no va nadie preso" y "roban, pero hacen" explican el marco moral general que sirvió para que la corrupción alcanzase niveles grotescos.
La ecuación es simple. Los políticos nombran a los encargados de investigarlos, delinquen sin disimulo y pretenden que estos los protejan por tiempo indefinido. Pero cuando los encargados de controlar al poder político detectan que el balance de poder cambió, modifican su conducta. En este aspecto resultó clave para el "destape" judicial el triunfo del macrismo.
Como la evidencia del latrocinio pasado es abrumadora, llovieron las preventivas sobre personajes que denuncian ser perseguidos por su amor a los pobres. A esto llaman cacería judicial los afectados y sus votantes, que como puede verificarse cada dos años no son pocos y constituyen la última causa de la megacorrupción.
Pero su causa efectiva es aquella dirigencia partidaria que ha devenido en una oligarquía. Y la confirmación de esto es la repetición indefinida de los mismos personajes en los mismos cargos. De allí vienen las reelecciones, las "rerré" y las "rerrerré". La corrupción sindical de dirigentes que ocupan sus cargos en forma vitalicia es prima hermana de la de la política.
Dados sus protagonistas, podría pensarse que se trata de un fenómeno connatural del peronismo, pero no. Las castas u oligarquías son universalmente una patología de la república, una especie de fenómeno "funcional" que viene desde el fondo de los tiempos y que en nuestro país se consolidó después de 34 años ininterrumpidos de votar con el corazón ligero.
La seguridad de los "K" de que ocuparían para siempre el poder, de que armarían un sultanato, es lo que explica, entre otras razones, el caso "Boudou y la fábrica de billetes" que está comenzando a definirse por la delación de un testaferro. Fue la sensación de impunidad la que lo llevó a ser el primer vicepresidente encarcelado, récord histórico que lo pinta de cuerpo entero a él y a la que lo eligió para el cargo.
La existencia de una oligarquía funcional no explica, en cambio, la única excepción a la regla: el caso del pacto con Irán, el mayor disparate político de los últimos 34 años. Aquí fue la torpeza de la ex presidenta la que hizo que una decisión que hubiera podido enmarcarse en un caso de "realpolitik" se convirtiera en un problema penal que la amenaza con la cárcel. ¿Las decisiones políticas pueden ser sometidas a los tribunales? Sí, las erradas. Si no, pregunten a los militares del "proceso".

Fuente: La Prensa

 

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