LOS UNOS Y LOS OTROS

EDITORIAL 13/12/2017 Por
Ya no hay que buscar expertos afines al kirchnerismo para entender que estamos mal y vamos peor. Los mismos economistas ortodoxos se encargan de hacerlo, aunque recurren a los circunloquios para pintar un panorama optimista
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El ex ministro de economía Axel Kicillof dijo una vez que si los economistas se expresan en términos difíciles es porque están mintiendo. Podría agregarse hoy que algunos de ellos mienten sin importar la forma en que expongan sus argumentos.

Y no se privan de hacerlo, por cierto. Veamos un párrafo de un artículo publicado por Roberto Cachanosky, economista que fue definido como el más ultraliberal del establishment argentino, comentando el balance de los dos años de gestión de Macri.

“En líneas generales cualquier comparación que se haga con los 12 años del kirchnerismo el Gobierno actual sale ganando. Es que el kirchnerismo no sólo fue espantoso en su política económica, sino que fue uno de los gobiernos más despóticos que hemos tenido. La persecución a quienes pensaban diferente; el descaro para la corrupción; las interminables cadenas de CFK inventando una situación económica que sólo existía en su mente; el trabajo que perdió mucha gente por pensar diferente a los K; el abuso de poder; la utilización de la AFIP como KGB que disciplinaba a quienes pensaban diferentes, etc.; generan el suficiente espanto como para ver en el gobierno de Macri a la tabla de salvación”.

Es difícil producir mayor cantidad de mentiras en tan pocos renglones. El lector puede analizar una por una estas afirmaciones, y comprobar el grado extremo de falsedad al que se aventura el economista. El kirchnerismo no persiguió a nadie que pensara diferente. Y más, no reprimió ni persiguió a quienes -con toda irresponsabilidad- cortaron las rutas del país durante meses, ocasionando paralización económica y muertes por accidentes o falta de atención de urgencias. Ni a otros manifestantes.

Se debía menos, se exportaba más, se vivía mejor, el desempleo era menor que hoy. La inflación era igual a la actual y el déficit era más modesto. Nadie pensaba bajarle el ingreso a los jubilados ni precarizar al trabajador.

Pero cuando Cachanosky toca el tema de las cuentas nacionales, si bien echa agua para su molino de ajuste brutal e inmediato, dice verdades.

Reconoce el atraso cambiario, el déficit fiscal y el de la cuenta corriente del balance de pagos, el creciente endeudamiento y el aumento del gasto fiscal debido al pago de intereses. Y suelta una frase inquietante, que nos vuelve a la memoria momentos pasados previos a las grandes debacles de la economía argentina:
“Toda la estabilidad cambiaria depende de que nos sigan financiando del exterior”

Sólo una mente febril podría afirmar que esto es mejor que lo que ocurría durante el kirchnerismo, en el que estabilidad cambiaria tenía origen local porque no aceptábamos (ni nos ofrecían, tampoco) financiamiento del exterior.

Cachanosky advierte que “ A este ritmo fiscal, el Presidente se irá metiendo en más problemas fiscales, de tipo de cambio real y del sector externo”. Evidente, y el mismo Macri lo admitió en el reportaje que concedió a Marcelo Longobardi, aunque se expresó en términos generales.

No se asusta por las LEBAC

Otro economista de frecuente aparición en los medios, como Iván Carrino, profesor universitario y asesor de empresas, aclara en una nota publicada en El Cronista que quienes se alarman por el hecho de que el monto de las LEBACs llegó a superar el de la circulación monetaria, esto no asegura un futuro inflacionario. Y cita para demostrarlo los casos de Perú -donde el equivalente de ls LEBAC alcanzaron el 140% del dinero en circulación- y Chile en el que se disparó a casi el 1000%, y la inflación se mantuvo en niveles muy bajos.

Carrino, por lo que pp (esto se debe interpretar como “por las dudas”) toma sus recaudos para no quedar pegado: “No voy a ser yo el que diga que, si todo sigue igual, esta vez va a ser diferente. La Argentina tiene una larga historia de déficits fiscales y crisis homéricas que arrojan a la gente a la pobreza y nos impiden crecer a largo plazo”

Conclusión: los economistas -a diferencia de los físicos o los químicos- suelen limitarse a buscar argumentos para apoyar lo que les conviene a su persona o sus negocios.

Desde el punto de vista científico -si es que puede aplicarse este término a la economía- Kicillof es por lejos más creible. Es de desear que el manejo desastroso que se le atribuye vuelva a ocurrir en la misma forma, cuando la Argentina se iba desendeudando y al empleado medio, con un sueldo medio, no le parecía que vivía mejor sino que vivía mejor, como dice la propaganda de la nafta.

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