DR. ALBERTO NISMAN: ¡¡¡ YA PUEDE DESCANSAR EN PAZ !!!

Los actos procesales ordenados por el juez Caludio Bonadió, en la causa de "Encubrimiento al atentado a la AMIA", confirman que la muerte del Fiscal Federal no fue en vano
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Hoy es un día complicado. Las noticias se van sucediendo sin solución de continuidad. Los medios informativos dan cuenta, minuto a minuto, de nuevos hechos relacionados con las detenciones ordenadas por el juez federal Claudio Bonadío en relación a la denuncia realizada por el fiscal Alberto Nisman, tan solo cuatro días antes de que fuera hallado muerto en su domicilio, en la causa por encubrimiento del atentado terrorista a la AMIA.

En este aquelarre de detenciones, dictado de prisiones preventivas y pedidos de desafuero, con personajes como Luis D'Elía, que al ser aprendido descargó su ira e impotencia contra el Presidente Mauricio Macri, acusándolo de terrorista, una sola imagen se hace abre paso y se agiganta en la memoria de todos los argentinos: la del fallecido fiscal Alberto Nisman, quien siendo sabedor de los graves riesgos que su vida corría si formulaba la denuncia que finalmente realizó, y en contra de quienes en ese momento eran los “dueños” del poder en el país y, por qué no, de la vida y la muerte de “todos y de todas”, no se amilanó e hizo lo que su conciencia le dictaba.

A casi tres años del abrupto y sorpresivo final de su vida, la justicia aún no se ha expedido sobre los hechos que desembocaron en su trágico final. Todavía hay quienes sostienen la hipótesis del suicidio, y quienes hablan de un “magnicidio”. Pero todas son voces que, más allá de la seriedad que se les pueda atribuir, no cuentan con la calificación suficiente y necesaria que solamente le puede conceder el ordenamiento legal vigente en el país.

Así y todo, los actos procesales llevados a cabo en el día de hoy, y los que faltan, ya que uno de los denunciados en el complot para encubrir el atentado a la sede de la mutual judía en Buenos Aires, Fernando Esteche, líder de la organización “Quebracho”, se encuentra en este momento “negociando” su entrega, nos están hablando claramente que la muerte del fiscal Nisman no fue en vano.

Quizá, y muy a pesar del grueso de la sociedad argentina, los pormenores del fallecimiento de Alberto Nisman, como tantos otros casos ocurridos a lo largo de nuestra historia, no sean conocidos jamás, pero su valentía y su coraje, casi rayano con el desprecio hacia su propia vida, se conviertan en un faro para todos los magistrados de la Nación a la hora de hacer aquello para lo que la sociedad los ha puesto en el lugar que están: JUSTICIA.

Uno de las garantías más importantes que consagra nuestra Carta Magna es aquella que dice que “todos los ciudadanos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario”. Pero para que esto suceda, es decir, para confirmar la inocencia de un denunciado o decretar su culpabilidad hace falta someterla a un proceso judicial previamente establecido. Y eso, justamente, es lo que, en el específico caso de la denuncia que seguramente le costó la vida al fiscal Alberto Nisman, ha comenzado hoy en Argentina.

Las detenciones de Carlos Zannini, Luís D'Elía, Jorge “Yussuf” Khalil y Fernando Esteche; el procesamiento a Andres “Cuervo” Larroque, Oscar Parrilli, Angelina Abbona y Juan Martín Mena; el dictado de prisión domiciliaria para Héctor Timerman; y, muy especialmente, la solicitud de desafuero de la hoy Senadora Cristina Fernández de Kirchner y su pedido de detención, con la enorme carga política que significan estas medidas, nos están hablando de un nuevo panorama de juridicidad en el país.

Desde está pagina he venido insistiendo, desde hace mucho tiempo, en la imperiosa necesidad que existe hoy en la Argentina, sobre todo en lo que se refiere a ese voto por un “cambio” que la ciudadanía depositó a finales de 2015 en la elecciones que lo depositaron a Mauricio Macri en el “Sillón de Rivadavia”, de que el Poder Judicial de la Nación, pilar fundamental de todo nuestro sistema republicano de Gobierno, lleve a cabo actos concretos que puedan ser traducidos y entendidos hasta por quienes desconocen en absoluto de complejos argumentos y actos procesales, como un signo inequívoco, una muestra contundente, un sello identificatorio de que Argentina, tanto sus autoridades como todos los que conformamos esta sociedad, está en la senda de la recuperación de una normalidad insitucional y jurídica que hacía tiempo habíamos perdido.

Es por ello que, teniendo en cuenta la catadura de las personalidades políticas y sociales de quienes hoy han sido aprendidos o a los que se les ha dictado una medida procesal de tamaña significación, el regocijo que esto produce en todos los que siempre hemos creído que el camino de la legalidad es el que siempre debió ocupar el lugar más preponderante en nuestro quehacer diario, no configura “hacer leña del árbol caído”, sino, simplemente, comprobar que, aunque falte mucho por recorrer de ese camino, en este país “el que las hace, las paga”, como sabiamente se suele decir o, al menos, es uno de los deseos compartidos por la mayoría de los argentinos.

Ahora, con absoluta seguridad, van a aparecer profesionales del Derecho, con su bagaje de acciones procesales, tendientes a revertir las decisiones del juez Claudio Bonadío, esgrimiendo toda la parafernalia legal contemplada en nuestro ordenamiento jurídico. También, se seguro, se alzarán voces críticas, que se harán oír de la manera y con los medios que tengan o que se les brinde para ello. Pero esto, en vez de configurar un conflicto para la paz social que tanto nos merecemos, deberá ser otro motivo de orgullo y regocijo ciudadano, porque nos estará diciendo a las claras que vivimos en un país dónde todos los resortes legales funcionan con absoluta normalidad.

En definitiva, los hechos producidos hoy y, como dije más arriba, los que se seguirán produciendo en derredor de esta causa, sólo son un pequeño paso para conocer lo que escondía, verdaderamente, el denigrante Acuerdo de Entendimiento con la República Islámica de Irán. Sin embargo, este pequeño paso, tiene el enorme significado de ratificar que Alberto Nisman, aún después de muerto, sigue mostrándoles, a quienes tienen el deber y la responsabilidad de impartir justicia, que ésta está hasta por encima de sus propias vidas. Ésta, y no otra, es la lectura que debemos darle a todo lo acontecido en la mañana de hoy.

Que unos pocos griten, vociferen y les quede afónica la voz diciendo a los cuatro vientos que el Poder Judicial de la Nación está, hoy más que nunca, al servicio de la Administración de Mauricio Macri, no va a opacar en nada la felicidad que embarga a toda una sociedad que ve, en vivo y en directo, como son puestos ante la justicia esos personajes que desde hace mucho tiempo esta misma sociedad ya condenó.

Dr. Alberto Nisman: su muerte no fue en vano. Toda la sociedad argentina se encuentra, hoy, como nunca, convencida de la veracidad que tenía su denuncia. Ya puede descansar en paz !!!!!

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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