PERIODISMO ECONÓMICO: EL ARTE DE MISTIFICAR

EDITORIAL 05/12/2017 Por
Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Mateo 4:12
economia

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Pablo Wende, director del portal Road Show -que se define como una plataforma de contenidos vinculados al sector financiero en la Argentina y el mundo- y periodista en distintos medios, publica en Infobae un artículo en el cual se congratula de la asunción de la presidencia del G20 por Macri y resalta la importancia del hecho.

Luego va a advertir que las cuentas nacionales están en serios problemas, pero antes deja una expresión para mostrar que no saca los pies del plato, acotando que la distinción significa “Una especie de premio para un Gobierno que es por ahora más valorado por lo que evitó que por lo que consiguió: cambiar el rumbo justo a tiempo y no estrellarse como Venezuela”.

Yo quiero imaginar que el autor habrá tenido que sofocar algún pudor para decir esta frase, una ignominiosa falsedad, no menos mendaz por ser tan repetida: el estado de las cuentas públicas es hoy un verdadero desastre, y la nota no lo oculta. A fin del período kirchnerista las exportaciones permitían pagar las importaciones, el desempleo era muy bajo, el monto de la deuda externa era incomparablemente menor en términos de compromiso y el perfil de pagos de la deuda externa era un camino sin sobresaltos. Había paz social, los jubilados iban mejorando su situación, las pymes mantenían la producción. Las grandes empresas daban buenos balances y los particulares no se privaban de sus vacaciones en el exterior, incluso con un cambio subsidiado. ¿De qué manera iba a estrellarse el país, si todavía aguanta el descalabro que produjeron y siguen produciendo las actuales autoridades económicas? ¿Si aguantó que la inflación se elevara al doble y los ingresos de los pobladores más vulnerables y de los trabajadores se redujeran no menos de un 12 por ciento?

Wende señala que “Tiene razón Mauricio Macri cuando destaca que el país se transformará en una gran vidriera internacional” aunque advierte que el entusiasmo que había respecto de Menem en 1998 no impidió que apenas tres años después el Fondo Monetario Internacional -que había invitado al presidente argentino a inaugurar su reunión anual en Washington- le negara un desembolso que fue el comienzo de la debacle que terminó en el corralito, el default y finalmente el colapso de la Convertibilidad.

Wende alerta que “no hay que dejarse encandilar por los elogios internacionales y que las palmadas en la espalda de los grandes líderes globales puede resultar peligroso” y aconseja avanzar rápidamente en los desequilibrios, particularmente los déficit fiscal y de cuenta corriente.

A la vez considera que “El respaldo global por supuesto viene bien. Sobre todo cuando todavía hace falta mucho financiamiento para la reducción gradual del déficit fiscal”.

La mistificación al palo. El financiamiento para gastos corrientes no reduce el déficit fiscal sino que lo agranda. Que el Estado emita dinero para poder gastar por encima de lo que recauda no es bueno, ciertamente, porque -en parte y sólo en parte- produce inflación. Pero pedir préstamos en divisas para ese fin es criminal: se generan intereses por los dólares que se piden. Pero los gastos son en pesos, porque se trata principalmente de dinero a emplear en el sistema previsional y los sueldos de los empleados públicos. Entonces se deben cambiar los dólares por pesos, los que luego hay que retirar del mercado porque eso no es más ni menos que emitir. Y para ello se inventan instrumentos tipo LEBAC, por los que nuevamente hay que pagar intereses.

Finalmente, Wende reconoce que la toma de grandes cantidades de deuda del exterior profundiza el atraso cambiario, lo que perjudica la competitividad de las empresas. Y que eso hace que las exportaciones no reaccionen. Y que la gente se lance a viajar al exterior, lo que provocará este año un déficit de once mil millones de dólares. “Los dólares que entran por la deuda se terminan fugando, ya sea por atesoramiento, por viajes o por importaciones”.

Y esto es exactamente lo que vienen diciendo Kicillof o Heller, pero también Cachanovsky, Espert y otros economistas del bando contrario, políticamente afines al gobierno.

Volviendo al tema del dólar barato, Wende remarca que Miguel Acevedo, que encabeza la Unión Industrial Argentina, se cuida de requerir una devaluación, pero que los industriales se preocupan por la dificultad de lograr avances competitivos con un dólar que seguirá atrasado e impuestos que -si bajan- lo harán con lentitud.

Cabrera, el ministro de producción trabaja en una reforma que hará que bajen los costos burocráticos de las empresas en relación con el Estado. Así, cuenta Wende, el sector privado podrá hacer un ahorro importante. También, según el articulista, al no haber un tipo de cambio rígido, como en la convertibilidad, las transiciones serán más suaves.

En la crisis del 2001 no eran los peces gordos quienes golpeaban las persianas cerradas de los bancos. Ellos habían sido avisados con antelación, y tenían sus dólares en el exterior. Luego, con una devaluación del 400 por ciento, los trajeron y se compraron todo a precio de remate. Ahora las evidencias apuntan a que ocurra lo mismo. Y está ocurriendo: si hay un negocio que florece es el de los agentes inmobiliarios de Miami que por idioma y conocimiento del paño local son los preferidos por quienes se lanzan a buscar un lugarcito bajo el sol... de la Florida.

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