LA VIOLENCIA NO TIENE JUSTIFICACION; LA IGNOMINIA PARECIERA QUE SÍ

EDITORIAL 03/12/2017 Por
Hay que crear un enemigo y construirle la peor imagen. Entonces podemos descargar sobre ellos nuestro poder de fuego. Y ya que estamos, sobre otros que luchan contra la injusticia
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Cinco de la mañana. El conductor del programa de radio repasa los acontecimientos del día anterior. La situación meteorológica en Buenos Aires y Córdoba, principalmente, y también en el resto del país; la falta de noticias del submarino ARA San Juan, lo que viene sucediendo en Bariloche y alrededores.

En este tema su discurso repite varias veces, resaltándola, la palabra usurpación y sus derivados. Es pulir lo que ya el sistema y su prensa asociada se encargó, desde hace mucho, de instalar.

De un lado está la civilización; del otro la barbarie. Ya lo dijo Sarmiento, el gran educador, a quien se le rinde homenaje en todos lados, y al que pocos se atreven discutir, a pesar de discursos legislativos y escritos que hacen poner los pelos de punta.

Paisajes de paraíso, turismo, grandes estancias de legítimos propietarios, bien escrituradas, riquezas poco exploradas y menos explotadas. Gente de progreso que opera casas de te, expediciones, pesca deportiva, frutos del bosque. Minería de líquidos y sólidos.

Del otro lado, salvajes enceguecidos por el odio, que no respetan la ley, ni siquiera la Constitución de un país pacífico y con futuro de grandeza que les brinda su himno para que canten y su bandera para ser loada. Y que hasta no hace mucho les ofrecía un santo, al que ahora no conviene mencionar porque sería políticamente incorrecto, y se va perdiendo en la memoria. No importa, ahora tenemos uno nuevo, de las sierras de Córdoba, y una reciente beata también cordobesa y contenporánea de Brochero. Unos van y otros vienen.

Juanes sin tierra esos tipos, que casi siempre se llaman Nahuel, que molestan porque hablan un idioma extraño y habitan viviendas precarias, a veces hechas de lona, como las de sus antepasados. Mugrientos, como decía el ex embajador en argentino en Ecuador de los habitantes de ese país.

Gentuza que se mete en las haciendas de otros y hasta osa instalarse en un parque nacional. Provistos de “armas de grueso calibre” tan modernas que no dejan casquillos cuando disparan y son capaces de desmaterializarse o pasar a otra dimensión, porque nunca se las encuentra. Y portadores de otros elementos bélicos tales como hachas, cuchillos, boleadoras, lanzas, y artefactos capaces de cortar de cuajo el tronco de un árbol de 20 centímetros de diámetro.

Para colmo, no son argentinos sino chilenos, así que nada de eso de pueblos originarios. Y por si fuera poco vinieron acá y se quedaron porque previamente masacraron a los tehuelches, que esos sí eran argentinos, como Patoruzú.

Esa es la imagen que crearon, prolijamente. Pero la realidad es otra. Es la de un pueblo que vivió en esas tierras desde mucho, mucho antes que un conquistador español pusiera sus pies allí. Y mucho antes que se crearan los estados argentino y chileno, que nada tenían que ver con esos pobladores. Y antes que las tierras se escrituraran, y antes que Roca y sus compinches los arrinconaran contra la cordillera, los masacraran hasta casi hacerlos desaparecer, y se repartieran las tierras, y las dieran también de regalo a familias patricias. Esas familias que ahora forman parte de lo más rancio de la sociedad argentina.

El diccionario de la Real Academia define de esta manera a la palabra desierto:

Despoblado, solo, inhabitado.

Y también

Lugar despoblado o en el que no hay gente.

Ya es hora que en las escuelas se deje de hablar de la “Conquista del Desierto”. No fue una lucha por hacer

fértiles tierras yermas. Fue la exterminación de todo un pueblo para robarle sus tierras. Y ahora resulta que los violentos son ellos.

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