Malentender la historia: por qué revisionismo no es kirchnerismo

OPINIÓN 02/12/2017 Por
Está claro que el revisionismo dio un paso adelante durante el anterior gobierno, pero su tarea de luchar contra un pensamiento único de la historia va mucho más allá que un momento político
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El monumento a Juana Azurduy, luego de ser retirado del Parque Colón, detrás de la Casa Rosada

Mi buen amigo Daniel Balmaceda, en una entrevista que le hicieran en este medio, se refirió al revisionismo en términos que merecen ser corregidos. Lo que allí da a entender es que los revisionistas nos erigimos en jueces de la historia. Sería correcto si no le faltase una palabra.

Porque la historia nacional, popular, federal e iberoamericana, como a mí me gusta llamar al revisionismo, se funda en la crítica a la historia liberal. La que fue escrita al fin de las guerras civiles del siglo XIX y que apuntaba a dar un basamento ideológico a la organización liberal, centralista, antipopular, extranjerizante que se instituyó en nuestro país y que perdura hasta nuestros días. Historiografía que ancló en nuestra cultura como un pensamiento único que no dejó espacio ni oportunidad para un debate que estableciera los puntos en común con otras versiones historicistas y también tolerara las disidencias inevitables en una confrontación de ideologías y proyectos políticos diferentes, ya que la objetividad en las ciencias sociales es una utopía a veces malintencionada.

La marginación de los grandes pensadores revisionistas como Adolfo Saldías, Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos, Raúl Scalabrini Ortiz, Fermín Chávez, Juan José Hernández Arregui, Rodolfo Ortega Peña y otros es una prueba de dicha intolerancia. También lo es la clausura del Instituto Dorrego durante el actual Gobierno.
Tampoco el revisionismo se basa en criticar a los próceres. Muy lejos de ello, nuestra propuesta es reivindicar a aquellos hechos y personajes a los que la historia oficial, liberal, ha oscurecido deliberadamente. Como fue el caso de la epopeya de la Vuelta de Obligado, primer combate de la victoriosa Guerra del Paraná.


Otro destacado historiador, particularmente enconado con el revisionismo, Luis Alberto Romero, demuestra en cambio conocer al adversario, pues lo acusa de ocuparse de "promesas de grandeza nacional no cumplidas, realizaciones populares frustradas, enemigos internos al servicio de intereses extranjeros y antipopulares que le dan su carácter traumático". Efectivamente, de eso nos ocupamos, pero lo curioso es que Romero lo expone denostadoramente.


Es claro que lo que enoja a Romero, cuyo nivel académico valoro, aunque cuestiono su autoadjudicada representatividad de los escritores de oficio, es el éxito del revisionismo en ganar la conciencia y el favor de la mayoría de la población. Entonces echa mano a un recurso que la política ha puesto de moda: identificar revisionismo con kirchnerismo.

Está claro que el revisionismo dio un paso adelante durante el anterior gobierno, como sucedió en todos los gobiernos peronistas. También en el de Juan Domingo Perón, aunque algunos lo discutan, pero eso es tema para otro artículo. Fueron peronistas la mayoría de sus pioneros o pertenecieron a la izquierda nacional que caminó a la par. Es muy difícil imaginar a un peronista que no sea revisionista, como también a un revisionista que no pertenezca al peronismo o a sus aliados progresistas.

Romero opina en espejo, pues se propone una épica para "desarmar una visión hegemónica" cuando es claro que eso es lo que ha sido y sigue siendo la historiografía liberal, dueña de monumentos, feriados nacionales, marchas patrióticas, denominación de avenidas, calles y parques; también programas escolares y universitarios, cátedras, academias, subsidios, becas, hasta formar a lo largo de los años lo que Nicolás Shumway denominó "la invención de la Argentina", una construcción cultural impregnada de intencionalidad ideológica.

Agradezco el alarmado artículo de Romero, pues tiene más claro que nosotros que la batalla cultural que el revisionismo ha librado y seguirá librando en clara inferioridad de condiciones contra el liberalismo histórico ha logrado resultados positivos.

Fuente: Infobae

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