¿DÓNDE ESTÁ LA FUERZA DEL PODER POLÍTICO QUE LA CIUDADANÍA VOTÓ?

Las grandes falencias e insensibilidades que la desaparición del submarino ARA San Juan dejó al descubierto
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En ciertos temas, la política argentina se parece mucho a un trompo que gira, de manera constante pero sin sentido, sobre su mismo eje.

No importa cuál sea la orientación ideológica del gobierno de turno, cuando existe un tema de alta conflictividad y que interesa a la opinión pública de manera muy particular, el andar errático de aquellos que tienen altas responsabilidades en la función pública es una constante que se ha mantenido durante largo tiempo en la Argentina.

Sucedió en nuestro pasado más lejano, se repitió durante los gobiernos que se constituyeron luego de la restauración democrática de 1983, y vuelve a mostrarse, ahora, con la administración de “Cambiemos”.

El tema, indudablemente, es la desaparición del submarino ARA San Juan, del cual, a 13 días de ese acontecimiento, aún no se sabe absolutamente nada. O, si hay alguien que tiene una buena información al respecto, la oculta muy bien.

Desde el 15 de noviembre hasta la fecha, se van conociendo, a cuenta gotas, nuevos pormenores que nadie se atreve ya a tomar por absolutamente fidedignos, dado que las informaciones suministradas por el vocero de la Armada Argentina, único interlocutor válido entre esa Fuerza y el resto de la población, han adolecido de una fragmentación tan notoria como direccionada a producir más confusión que certezas.

Lo visto y escuchado durante estos 13 días de zozobra y angustia, principalmente para los familiares de los 44 tripulantes de la nave de guerra, pero también para con el grueso de la opinión pública nacional e internacional, conforman un panorama tan especulativo, cuando no contradictorio, que casi se podría afirmar que nada se ha dicho de manera concreta o que lo dicho ha sido al sólo efecto de dar una cierta sensación de abocamiento por la gravedad del caso, más allá de que lo único que el público en general sabe es que el submarino desapareció durante el curso de un viaje programado y nada más.

A través de los medios de comunicación, hemos podido asistir al análisis realizado por un sinnúmero de especialistas y ex submarinistas que, lejos de despejar dudas, han aportado un poco más de confusión, porque, lisa y llanamente, no se cuenta con ningún dato concreto, emanado de autoridad o funcionario competente y responsable, que pueda avalar cualquiera de las hipótesis que se tiran a la palestra.

Cuando se cursaban los primeros días desde que se perdiera todo contacto con el ARA San Juan, tanto la jefatura de la Armada, por medio de su vocero oficial, como los opinólogos que siempre están prestos a hacerse presente en programas televisivos, hablaban de un panorama casi normal, dentro de lo que sería una de las tantas misiones que emprenden esta clase de navíos. Así, se decía que no tenía que tomarse como preocupante la falta de comunicación entre el submarino y su base, ya que este hecho se ha dado en muchas oportunidades, y que la frecuencia con la que se realizan estas comunicaciones es una decisión absoluta y privativa del Comandante a cargo.

Con el correr de los días, y ante la alarma disparada de manera automática a nivel mundial, la Armada Argentina dispuso la activación de los protocolos diseñados para afrontar este tipo de situaciones. Y es así que comenzaron a producirse algunas informaciones, que daban cuenta de una situación anormal, pero a la cual parecía que se le daba más importancia de la que realmente tenía.

Claro, el retaceo de noticias, en un evento de las características de un submarino perdido en las profundidades del océano, no puede dar lugar más que a la creación de más confusión. Sin tener en cuenta las hipótesis de que el ARA San Juan haya sido blanco de un ataque por parte de otro navío, puesto que la República Argentina no se encuentra en la actualidad ante una situación de conflicto abierto con ninguna potencia extranjera, todo hace suponer que nadie sabe, o cuanto menos el poder político ignora, a ciencia cierta los detalles que servirían para explicar lo ocurrido.

Existen, eso sí, una serie de indicios que dan cuenta de que en realidad si hubo una o varias comunicaciones desde la nave hoy desaparecida con su base, comunicaciones mantenidas el mismo día en que se perdió todo contacto y en las que se habría informado de serios desperfectos en su funcionamiento.

El mismo hecho de que la Armada haya tomado conocimiento de un “suceso hidroacústico”, en la zona dónde se supone que el ARA San Juan debería haber estado navegando, coincidente con la última comunicación realizada desde el submarino, pero que tomó estado público una semana más tarde, y que, por ese hecho tuvo que ser informado de manera oficial a los familiares de los tripulantes que se encontraban en la Base Naval de Mar del Plata, habla por sí mismo de una deliberada ocultación inadmisible, tanto en el aspecto humanitario como político.

Sin el ánimo de endilgar responsabilidades que aún no se conocen, puesto que, repito, es muy poco lo que se sabe ciertamente de esta desaparición, resulta inconcebible que el ministro Oscar Aguad, a cargo del área de Defensa, mantenga un silencio tan hermético, comparable más con otro tipo de sistemas de gobierno que con la moderna democracia que pensamos y deseamos para nuestro país.

De ese modo, resulta imperioso que desde los máximos estamentos de la actual conducción de los destinos de la Nación se ponga de manifiesto en manos de quién recae, de manera absoluta, la responsabilidad en la toma de decisiones, ya que este es un aspecto que hoy por hoy se encuentra inmerso en la más oscura de las nebulosas.

Asimismo, y de manera inversa a la desinformación que existe por estas horas con respecto a la suerte de la nave extraviada y de los 44 tripulantes que en ella estaban a bordo, hoy sí hay certezas sobre la falta de una línea de comunicación directa entre las más altas jerarquías al mando de la Armada Argentina y el actual poder político de la Nación. Y esto último pone de manifiesto una situación, en este caso puntual, de una gravedad inusitada dentro de la moderna democracia que todos pretendemos para la Argentina. Es por ello que, más allá de la citación a indagatoria a la que fue llamado el ministro Aguad por la jueza de Caleta Olivia, Marta Yañez, se hace imperioso que el Congreso de la Nación realice una urgente interpelación al titular del Ministerio de Defensa de la Nación, para despejar cualquier tipo de duda que pueda existir, repito, en lo que respecta a quién está tomando hoy las decisiones en un tema de tanta delicadeza y preocupación.

Para finalizar, una última reflexión: los argentinos votamos por un cambio cuando le dimos el apoyo a Mauricio Macri para que se hiciera cargo de la Presidencia de la Nación, y ratificamos esa voluntad de cambio en las recientes elecciones legislativas. En mérito a eso, resulta incomprensible que el Poder Ejecutivo no se manifieste, de manera clara, abierta y sin dejar dudas su disconformidad y fastidio para con las altas jerarquías de la Armada Argentina que, más allá de lo que definitivamente de pueda conocer sobre la desaparición del ARA San Juan y la suerte de su tripulación, han demostrado un intencional ocultamiento de información hacia el poder político democráticamente constituido; así como agraviante y carente de la sensibilidad necesaria se ha mostrado la Cámara de Diputados de la Nación al sancionar la ley que instituye el “Día del Cuarteto”, en momentos en que existen todo un pueblo y, hasta, una comunidad internacional que se encuentra pendiente y abocada al tema del submarino desaparecido.

Hay que hacer honor al cargo, y no sólo ocupar una banca y cobrar un “dieta”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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