MAX HORKHEIMER

Un filósofo que anhelaba la justicia en un mundo donde reinaba la injusticia
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Max Horkheimer es uno de los principales representantes de la llamada Escuela de Frankfurt. Con dicho nombre suele aludirse a un grupo de intelectuales alemanes que conformaron el Instituto de Investigación Social, asociado a la Universidad de Frankfurt. Aunque el Instituto inició en los años veinte (creado en 1923 e inaugurado en 1924) se tiene noticia de él hasta principios de los años setenta cuando el historiador Martin Jay puso de manifiesto la historia y relevancia de la Escuela de Frankfurt que continúa hasta nuestros días.

El Instituto tenía como objetivo explorar nuevas dimensiones en un esfuerzo de trabajo interdisciplinario así como el planteamiento de discusiones crítico-dialécticos del desarrollo de la sociedad burguesa y de la cultura de masas. Su principal promotor fue Max Horkheimer quien, junto Felix Weil y Friedrich Pollock sentaron las bases de lo que sería la Escuela de Frankfurt. Además del interés que presenta el estudio de Horkheimer para comprender el término “teoría crítica” al ser quien lo acuña, es de interés su estudio para profundizar sobre la historia y desarrollo del Instituto. Esto por dos motivos: 1) su personalidad denota el genuino espíritu de los miembros del Instituto cuyo propósito fundamental era recordar el sufrimiento de las víctimas e intentar pensar en modos de dar término a la injusticia social y 2) las etapas de su vida se asemejan, de algún modo, a las etapas del propio Instituto, comúnmente dividido en tres generaciones.

Max Horkheimer nació el 14 de febrero de 1895 en Stuttgart, Alemania, en el seno de una familia judía adinerada. Había sido educado para los negocios antes de iniciar el servicio militar. Sin embargo, debido a un viaje que hizo a París en donde se adentró en la lectura de Schopenhauer, Hegel y Marx, redirigió su carrera —pese a la negativa de su padre— a un terreno filosófico y sociológico. En 1922 conoció a Hans Cornelius, catedrático liberal y antidogmático que lo introdujo en la lectura de Kant y Husserl. Bajo su dirección realizó su tesis doctoral sobre las antinomias del juicio teleológico en Kant. En ese mismo año, durante la asistencia al seminario de Husserl en la Universidad de Frankfurt, conoció a Theodor Adorno —su compañero de toda la vida— con quien compartiría inquietudes intelectuales y escribiría la “Dialéctica de la Ilustración”. Se complementaban de un modo interesante: Adorno tenía una vena musical y Horkheimer una literaria. Aunque ambos autores persiguieron objetivos bastante contrarios; sus diferencias no surgieron durante su esfuerzo conjunto al escribir “Dialéctica de la Ilustración” sino más adelante. Habermas en su “Teoría de la acción comunicativa” aborda con claridad algunos de los principales puntos de convergencia y disonancia entre ambos autores.

En 1925 Horkheimer realizó su tesis de habilitación sobre la crítica del juicio de Kant nuevamente bajo la dirección de Hans Cornelius y al año siguiente fue nombrado “Privatdozent”. Ese mismo año contrajo matrimonio con Rose Riecker —mayor que él y antigua secretaria de su padre—; cuestión que lo llevó a distanciarse aún más de su padre. En 1929 Horkheimer sucedió a Grünberg —catedrático de Derecho y ciencias políticas en la Universidad de Viena— en la dirección del Instituto de Investigación Social. En ese mismo año publicó “Los comienzos de la filosofía burguesa de la historia”, trabajo que lo posicionó como titular de Filosofía Social de la Universidad de Frankfurt; cuestión no menor dado que se trataba de la primera en su género en las universidades alemanas. En 1931 se inició la publicación de “Zeitschrift für Sozialforschung” del Instituto editada por él mismo. En su famoso discurso inaugural (dictado también en 1931 y citado de nuevo en la reapertura de la Escuela de Frankfurt en 1951) que lleva por título “La situación actual de la filosofía social y las tareas de un Instituto de Investigación social” insistía en la necesidad de la creación de una teoría crítica de la sociedad. Considera al sujeto como el único capaz de construir la historia mediante la transformación de la naturaleza.

En 1933 se dio el cierre del Instituto a causa de la llegada del nazismo pero continuó sus funciones en Ginebra, París y Londres. En 1934 Horkheimer se trasladó, junto con Herbert Marcuse, a la Universidad de Columbia en Nueva York donde iniciaría su periodo intelectual más fructífero. En 1940 obtuvo la ciudadanía norteamericana aunque siempre mantuvo la inquietud de publicar en su lengua natal y convivir con sus compatriotas. Como en 1941, cuando junto con Adorno comienza a relacionarse con el círculo de inmigrados alemanes, entre los que destaca Thomas Mann. A manera de anécdota se cuenta que tanto Horkheimer como Mann se interesaron por investigar cuáles habían sido los grupos que más habían ayudado a los perseguidos por los nazis. Para sorpresa de ambos, habían sido los católicos creyentes quienes habían mostrado mayor interés en colaborar. En 1949 regresó a Alemania y fue nombrado catedrático de sociología y filosofía en la Universidad de Frankfurt. Oficialmente en 1950 el “Institut für Sozialforschung”—aún bajo la dirección de Horkheimer— se instaló de nuevo en Frankfurt. En 1951 fue nombrado rector de la Universidad de Frankfurt y al término de su periodo, en 1953, le fue otorgado el Premio Goethe. Desde ese momento hasta 1959 fue profesor en Frankfurt y en Chicago. Finalmente, en 1960 fue nombrado “ciudadano de honor” de la ciudad de Frankfurt y el 7 de julio de 1973 murió en la cuidad de Núremberg.

Los trabajos de Max Horkheimer suelen catalogarse en tres etapas: 1) de 1930 a 1941: formación de la teoría crítica y ascenso del partido Nacionalsocialista. 2) de 1941 a 1950: exilio en Norteamérica del “Institut für Sozialforschung”. 3) 1950: retorno a Alemania en donde vuelve a fungir como director del Instituto. Como los trabajos de Horkheimer se relacionan directamente con su contexto social y político, conviene explicar, al momento de nombrarlas, algunas cuestiones del entorno en el que se desarrollan.

El texto característico de la primera etapa en donde se muestran las bases de lo que será su teoría crítica es, naturalmente, “Teoría tradicional y teoría crítica”, publicado en 1937. Esta etapa se caracteriza por su denuncia a la orientación meramente técnica de la investigación y, con ello, a la neutralidad valorativa de las ciencias (cuya crítica se dirige también a los trabajos de Max Weber). También es la etapa en la que el mismo Horkheimer reconoce una mayor influencia marxista. Conviene recordar que la idea original del Instituto era hacer investigación sobre el marxismo. De hecho, en un inicio tomaría el nombre de “Instituto para el marxismo” aunque “por lo provocativo del nombre” decidieron cambiarlo. La obras principales de la segunda etapa son la “Crítica de la razón instrumental”, dictada en 1944 y publicada en 1947 bajo el nombre “Eclipse of Reason”, y “Dialéctica del iluminismo” —escrita junto con Theodor Adorno y dedicada a Friedrich Pollock— publicada como “Fragmentos Filosóficos” en 1944 y tres años más tarde bajo el nombre que ahora se conoce. En esta etapa Horkheimer no habla de “teoría crítica” sino de “pensamiento crítico” o “razón objetiva” . Durante su exilio en Norteamérica y viendo los resultados tanto del nazismo como del stalinismo, la terminología marxiana de los primeros textos comienza a cambiar. Finalmente, en la tercera etapa de su pensamiento retomó la dirección del instituto y dictó una cátedra sobre filosofía y sociología en la Universidad de Frankfurt. Aunque fue su etapa de menor producción filosófica, realizó algunas entrevistas y textos importantes. Las últimas publicaciones en castellano que recogen sus textos sobre religión entre 1950 hasta su muerte en 1973 son “A la búsqueda de sentido” y “Anhelo de justicia”.

Además de analizar la influencia marxista en los trabajos de Horkheimer, es de interés destacar que una constante en su obra es su profundo deseo de dar término a la injusticia social. Como indica Helmut Gumnior “Yo creo que Max Horkheimer fue siempre el que era en un principio: un filósofo que anhelaba la justicia en un mundo donde reinaba la injusticia”. Y es precisamente este deseo de justicia el que explica la orientación de Horkheimer hacia el marxismo ante el dominio de derechas como también su renuncia al marxismo cuando Stalin hizo uso del poder totalitario de izquierdas. Por esta razón, en la mayoría de los casos, su adherencia a alguna corriente o doctrina filosófica, política o incluso religiosa no es por la doctrina misma sino porque en ella encuentra resonancia con alguno de sus ideales.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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