Vamos por todo: impuestazo en diciembre y el arte de gastar con billetera ajena

OPINIÓN 27/11/2017 Por
Les propongo por el contrario, que si quieren hacer socialismo popular lo hagan primero, con sus respectivas billeteras
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¿Doble Nelson?: ovejas reclaman reducción de presión tributaria y la clase política unida responde con impuestazo en diciembre. Si comprendí correctamente, parecería que la Cámara de Diputados le dio media sanción a un proyecto de Ley que declara al 4 de junio como “Día Nacional del Cuarteto”. Con el mayor de los respetos que la situación me exige, pregunto desde mi inocente ignorancia: ¿para un país con recursos tan limitados y con urgencias sociales y económicas tan críticas e ineludibles, es ésta la mejor asignación de tiempo legislativo? Me cuestiono si hay alguien en este país que se encargue de definir prioridades y de optimizar la asignación de tiempo escaso. No es que estoy insinuando que el “Día Nacional del Cuarteto” no sea una causa sublime y sustancialmente relevante para el desarrollo de nuestro diezmado federalismo, pero tengo la sensación de que deben haber temas más importantes donde podamos utilizar la formidable brillantez intelectual de nuestra clase política, después de todo, son la “elite de Peronia”. Quizá deberíamos utilizar a este ejemplo para plantearnos como sociedad hacia dónde queremos orientar los recursos destinados a la mantención del estado, ante la escasez, financiar estas cosas necesariamente desfinancia a otras. Se me ocurre que nuestros representantes, dedicados a este tipo de menesteres aparentemente patrióticos y altruistas, deberían, por el contrario, dar un histórico paso adelante en una señal de respeto al estado crítico que exhiben nuestras cuentas públicas reduciendo sustancialmente sus respectivas dietas y las de sus múltiples asesores, ¿o sólo están ahí para aprobar nuevos tributos y gastarse la billetera del manso rebaño ovejero? Lo llamativo es que a la hora de desnucar al contribuyente a fuerza de impuestazos las diferencias ideológicas parecerían no existir, en el Congreso todos se unen en amistad, oposición y oficialismo, defendiendo los beneficios de su propia corporación mediante la confiscación de activos hacia quienes no disponen del monopolio de dictar leyes y me pregunto entonces: ¿por qué un legislador tiene remuneraciones que superan en múltiplos al sueldo de un policía o maestro?

Con bolsillo ajeno parecería ser gratis ganar elecciones. Les propongo por el contrario, que si quieren hacer socialismo popular lo hagan primero, con sus respectivas billeteras. Me pregunto si no estarían dispuestos a honrar la suma preocupación que en público exhiben hacia los pobres siendo los primeros en dar el ejemplo aunque mas no sea como mera señal hacia toda la sociedad: ¿por qué no empiezan por sacrificarse ustedes, y después los seguimos nosotros? Si bien esta actitud no solucionaría el problema del gasto público ampliamente dominado por sueldos, jubilaciones y planes, sería al menos una fuerte señal desde lo moral, los de arriba deberían dar un contundente ejemplo de austeridad, compromiso y sacrificio, para eso se los tilda de “honorables”. Me planteo incluso, si no tendría sentido instaurar un examen de idoneidad en donde a cada legislador nacional, provincial y municipal, se le exija aprobar un examen de actitud técnica referido a conocimientos en economía, finanzas, derecho, matemática, cultura general y ética, para asegurarnos de que estén habilitados para una tarea de tan elocuente relevancia. Los noto muy consternados por la realidad que vive el país y como argentino, ante semejante gesto de sensibilidad social, lo agradezco ampliamente pero entonces, dar un paso adelante y liderarnos con el ejemplo sería quizá la más inspiradora de todas las actitudes. La clase política le debe un gesto de respeto y austeridad al resto de la sociedad argentina y lo digo especialmente a días de diciembre, cuando esta compacta hermandad política planea aprobar una secuencia contundente de impuestazos que nos volverán a esquilmar despiadadamente, parecería que el esfuerzo siempre lo tiene que hacer el contribuyente de enfrente. Nuestros políticos conciben al sacrificio siempre como un concepto en tercera persona y son tan voraces que hasta ya piensan en gravar celulares en otra brillante idea socialista, como si la presión tributaria fuera poca y nos siguen comparando con Noruega; si tanto les preocupa el contrabando ¿por qué entonces no eliminan los aranceles a la importación, dejamos de ser África y se acaban todos los curros? En este renovado país amarillo en el que vivo, lleno de fe, esperanza y buena onda, el fisco sigue ejerciendo una despiadada auditoría sobre el ciudadano privado, sin embargo, un estado plagado de ñoquis, continúa malgastando la nuestra sin control, sin respeto y por sobre todo, sin autocrítica. Claramente y ante mi enorme decepción, en materia tributaria cambio vino a escribirse con K mayúscula, estos “personajes políticamente correctos” son hasta más hambrientos que los que se fueron. Entonces, en vez de perder tiempo en excentricidades, sería útil que estudiasen por ejemplo, la austera corrección fiscal que realizó Irlanda en plena crisis de deuda europea y funcionó, salvándola de un default casi inminente. El mito de que el gasto no se puede achicar es una mentira olímpica, lo que falta es compromiso, convicción y estómago para bancarse el costo político.

La interminable utopía de los argentos. Para aquéllos que subestiman irrespetuosamente al liberalismo y aplican la misma retórica K reclamándonos que formemos un partido y ganemos elecciones, les contesto que somos consistentes con lo que pregonamos y por lo tanto, trabajamos en el sector privado para mantener a aquéllos que en forma displicente nos critican desde la política y maman de la teta del Estado. No tenemos tiempo para otra cosa, lo nuestro es generar valor y no dilapidar lo que produce el otro, una forma de vida mayoritariamente desconocida por nuestra clase dirigente. El sentido común más básico, tan criticado por los políticos de Peronia, está enviando un mensaje sencillo pero sumamente incómodo a la vez: nos pasamos los últimos 70 años quebrando por gastar de más, hoy, seguimos gastando de más, llegó el tiempo de gastar de menos “a la irlandesa”, es así de simple y este mensaje en vez de ser ninguneado debería tomarse con el respeto que merece. El grave problema de la política es que, entre otras cosas, no entiende de economía básica y mucho menos de restricciones presupuestarias. Quienes tienen la potestad de aprobar leyes son los mismos que disfrutan de los privilegios del estado, de esta forma, jamás cambiarán el status quo, los políticos pertenecen a una fauna muy especial con avanzadas adaptaciones de autoprotección y las ovejas, la billetera eterna de su financiamiento. Mientras haya rebaño jamás tendrán incentivos para proponer soluciones, lo que votarán en diciembre es un pequeño ejemplo de una larguísima lista de confiscaciones abusivas al ahorro privado y al trabajo de los argentinos.

Nuestra clase política tan crítica de la ortodoxia fiscal aplaudió vergonzosamente de pie el default del 2001. Y hoy mismo permiten otra ola de endeudamiento externo a escala que ya involucra a nación, provincias y municipios, con tal de alimentar populismo y seguir ganando elecciones. Paradójicamente y a pesar de lo que se le cuenta a la sociedad, lo utópico radica en pretender que un populismo despilfarrador, irrespetuoso del esfuerzo privado e incapaz de generar valor, quiera transformarnos en una nación próspera. Repito, van siete décadas que nos vienen sanateando a veces con tono radical, otras con melodía peronista y lo único que han conseguido es fracasar una y otra vez, empobreciéndonos a su marcha, siempre aplicando la misma receta y colgados todo el tiempo del poder. El mundo entero está financiando nuestra displicencia de gasto público, el populismo nos dejó muy pobres y por lo tanto, no hay lugar para la euforia ni el festejo, es necesario un llamado inmediato a la austeridad y al sacrificio desde el estado y dejar de contarle a la gente que con gasto público se genera prosperidad, precisamente en esa falacia absurda radica la utopía de los socialistas, quienes siempre claudican ante las inexorables leyes básicas de la economía. Lamento que el sentido común haya sido el gran ausente de estos setenta años de derrotas, los radicales y los peronistas todos bien juntitos crearon, alimentaron e hicieron germinar a Peronia, esa criatura tan autóctona, arrogante, malcriada y a la vez, sumamente descontrolada. Lo que molesta es que se lo recordemos todos los días del año y lo seguiremos haciendo a menos que nos quieran callar, pero si entiendo bien: ¿eso era actitud K y ahora son todas buenas almas o me estoy perdiendo algo?

Los riesgos de la subestimación. Sólo somos una ficción de país con pequeña chance de convertirse en realidad. La Argentina de hoy exhibe mejoras notables, pero tener un gobierno menos peor que el anterior no debería satisfacernos frente a una preocupante inacción fiscal. Ya no padecemos de discursos mesiánicos, ya no somos sometidos a cadenas nacionales, en lugar de la confrontación se intenta un mensaje conciliador. Si bien no tenemos a un Churchill al mando, estamos dejando de ser una nación bipolar y lentamente nos recuperamos de nuestros cuantiosos cepos, integrándonos al mundo como podemos y hasta intentamos desinflacionarnos, bienvenido sea. Sin embargo, el gasto púbico vuelve a marcar récords y el endeudamiento comienza a convertirse en una razón de preocupación especialmente frente a una logia política a la que se le cae muy pocas ideas, más allá de esquilmar a los mismos tontos de siempre. Me preocupa que el escenario de fuerte rebote económico que se utiliza como base no se dé y entonces corramos el riesgo de quedar atados a una estela de viejos fantasmas no resueltos. En un futuro no tan lejano, la realidad económica podría fácilmente obligarnos a encarar una reestructuración fiscal a la que todavía no nos atrevemos, sería útil que la dirigencia comprenda que sólo tenemos cinco años de oxígeno y deberíamos hoy mismo articular medidas correctivas desde lo fiscal para aumentar la probabilidad de llegar a buen puerto. Por lo tanto, el debate actual debería girar en torno a la austeridad desde el estado, espero que el equipo a cargo lo comprenda plenamente porque de lo contrario, las restricciones económicas podrían culminar devorando a este incipiente periodo institucional haciendo renacer otro ciclo perverso de populismo extremo; ojalá no ocurra porque si así fuese irán por lo poco que les resta a nuestras diezmadas billeteras.

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