La novela de los liberales y su corazón roto

OPINIÓN 26/11/2017 Por
El desvanecimiento del kirchnerismo sigue propiciando la conformación de un nuevo escenario político, cuyo último capítulo es el de la novela entre los liberales ortodoxos y los liberales progresistas.
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El colapso del kirchnerismo sigue mostrando nuevas consecuencias a medida que pasa el tiempo. Su progresiva desaparición va dejando libre el espacio de la oposición, que todavía sigue sin ser llenado.
El vaivén ideológico que caracteriza a los distintos momentos históricos hoy ubica al país -y a la región- en algún lugar a la derecha del espectro político. El desprestigio de los gobiernos populistas se hace notar en el viraje que han tomado los votantes de los países latinoamericanos.
Lo que inevitablemente empieza a pasar es que lo que hasta ayer parecía sólido, de a poco empieza a mostrar sus fisuras. Pese a que no representan una masa importante de la población, los más acérrimos liberales están lentamente abandonando su apoyo al gobierno de Cambiemos.
Las últimas polémicas así lo confirman. Alejado el elemento aglutinador (el espanto por el kirchnerismo), los antiguos amigos se ven las verdaderas caras como aquellos matrimonios que después de 30 años se tienen que redescubrir en una casa de la que emigraron los hijos.
Por su naturaleza ecléctica, Cambiemos debio recurrir a todas las fuerzas posibles para triunfar en las elecciones de 2015. Eso logró acercar a personas que compartían algunos principios elementales (que podríamos reunir en el ya desgastado “republicanismo”).
Lo que vemos hoy es un alejamiento entre los liberales ortodoxos (los que consideran que el gasto público es intrínsecamente malo) y los liberales “de izquierda”, los que admiran a los países nórdicos o al estado de California.
En el proceso de acomodamiento de las fuerzas e identidades políticas, lo que se ve es que en el caso de concretarse, la partida de los ortodoxos no representaría una pérdida importante en el caudal de votos del gobierno.
Sin embargo, la ideologización de los liberales es elevada. Así como durante el kirchnerismo el trotskismo media fuerzas contra el gobierno para medir la pureza de su progresismo, hoy ese papel es interpretado por los ortodoxos que esgrimen su defensa del liberalismo puro.
Esta separación preocupa a un gobierno al que le incomodan esas críticas que vienen desde la misma trinchera, con ciudadanos que ejercen su rol simbólico de policías del gasto.
Aunque el peronismo sigue mareado y el kirchnerismo está convaleciente, estas disputas al interior de la coalición de gobierno pueden significar algo de aire para la reconstrucción de una alternativa política para disputar el poder.
Mientras tanto, y a la espera de los excitantes capítulos de la verdadera pelea política, debemos conformarnos con la baja intensidad de las novelas de corazones rotos e ilusiones deshechas.

Fuente: Alfil Diario

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