SIN PALABRAS

Dos imagenes y un largo silencio
collageara

En mi editorial de ayer hacía referencia a la manifiesta insensibilidad social argentina en torno a la desaparición del submarino ARA San Juan. Y decía que, siendo este hecho un acontecimiento que merece mucha más preocupación que la demostrada en tantísimas muestras de apoyo, adhesión y movilización de grandes multitudes que se realizaron en otras oportunidades por sucesos muchas veces banales o de un manifiesto oportunismo político, esto último no se ve por estos días, más allá de algunas cadenas de oración que andan dando vuelta por las redes sociales, con muy buena intención, pero sin el peso suficiente como para congregar a la ciudadanía a reunirse y marchar pidiendo por el pronto rescate de los cuarenta y cuatro tripulantes del navío desaparecido en las profundidades de nuestra plataforma marina.

Con absoluta seguridad, una marcha pacífica y masiva de ciudadanos no va a ayudar a dar con el paradero del submarino y el rescate de quien en él están a bordo. Pero estaría demostrando algo de lo que siempre nos hemos vanagloriado los argentinos: la solidaridad de nuestro pueblo cuando se producen grandes tragedias que sacuden la monotonía cotidiana.

Si todavía no ha anidado en cualquiera de los colectivos sociales, que en demasiadas ocasiones han sido la vía para la organización de este tipo de manifestaciones, es porque algo se está queriendo transmitir con esta inacción.

Si se quiere analizar lo aseverado en el párrafo anterior, cabría preguntarse ¿qué pasa con los dirigentes políticos y sociales, que ante la más insignificante muestra de conflicto que sea capaz de trascender el ámbito meramente personal para tocar fibras sensibles de la sociedad, ponen en marcha procesos que requieren de una ingeniería y de un empeño muy grande para convocar a las personas y darles protagonismo, transformando temas simples en verdaderas cuestiones de Estado, pero no lo hacen ahora? ¿Es qué por tratarse de argentinos que se desempeñan dentro del ámbito de las Fuerzas Armadas no merecen la misma atención que cualquier activista que es detenido por ocasionar destrozos y daños en la vía pública? ¿O será que la desaparición de una nave de guerra de nuestra Armada no merece el mismo tratamiento por no contar con esa cuota de oportunismo político, que, en definitiva, parecería ser el único y verdadero motivo por el que estos dirigentes son capaces de dejar la comodidad de sus escritorios y demostrar que por algo embolsan los jugosos sueldos que se les pagan?

También, esta inacción podría estar significando que existen, hoy en día, en el país, demasiados personajes que son expertos cuando se trata de hacer un revisionismo histórico si se colocan en la posición de víctimas de un proceso determinado, como la represión de la última dictadura genocida militar en Argentina, pero no pueden hacer lo propio cuando ese revisionismo se centra en el papel que les tocó desempeñar y la responsabilidad que les cabe como partícipes necesarios de una administración que debilitó, de la manera más ignominiosa posible, con formas y métodos muy bien estudiados y mejor implementados, a una de las instituciones fundamentales de cualquier Estado, que tiene la primordial misión de ser la defensa armada de una Nación.

En este punto, cabe aclarar que el submarino ARA San Juan cumplió su primer ciclo de vida útil durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Y en ese sentido, la administración de la Presidenta de “todos y de todas”, dispuso que los trabajos que debían hacerse, de manera indispensables, para que la nave pudiera seguir siendo operativa, se realizaran dentro del país, desechando las opciones de hacerlo en los talleres alemanes dónde se fabricó o en cualquier otro que contara con la tecnología y los conocimientos que la sofisticación de esta “máquina de guerra” requería. Con lo antedicho no estoy haciendo un juicio de valor sobre la capacidad de nuestro personal argentino para la realización de este tipo de tareas, sino que intento evidenciar un aspecto objetivo sobre la limitaciones que tantos años de desinterés, desprecio y política de desprestigio hacia la actividad militar han ocasionado en un área tan sensible.

El 27 de septiembre de 2011 la entonces presidenta de “todos y de todas” daba un anuncio. Junto a su ministro de Defensa Arturo Puricelli y su ministra de Seguridad, Nilda Garré, confirmaba que las reparaciones de "media vida" del submarino ARA San Juan llegaban a su fin. Así, anticipaba que en diciembre de ese año volvía a entrar en funciones con un discurso en el que desplegó toda la parafernalia kirchnerista: banderas de La Cámpora y militancia.

Este submarino comienza sus tareas de alistamiento y en diciembre, pato al agua, estará funcionando. Es un gran orgullo porque su gemelo, el ARA Salta, no pudo reconstruirse en la Argentina, sino en el Brasil. Esta puesta nueva nos permitirá una vida útil de más de 30 años para este submarino San Juan", expresó la ex Mandataria, en ese momento.

Esta mujer, para quien la “Patria” es el “otro”, que cuando estuvo a su alcance utilizó la Cadena Nacional hasta para presentarnos a los argentinos el “simpático” perrito que le supo regalar el “compañero” Chavez, y que más tarde, fuera ya del Poder, se transformó en una auténtica “cybernauta”, haciendo de las redes sociales su medio de comunicación preferido, ha guardado hasta ahora el más miserable de los silencios.

Es que para Cristina Fernéndez de Kirchner, el “otro” siempre fue aquel argentino que comulgara con sus ideas, esos hombres y mujeres sumisos que se conformaron con recibir las “sobras” del “gran banquete” que se estaba llevando a cabo en el país, pero al cual no fueron invitados. El que pensara de manera diferente, el que tuviera un pasado militante de otra orientación, el que osara criticarla, definitivamente no existía, era ignorado, se lo sacaba del circuito.

En el preciso momento en que estoy escribiendo estas líneas, el vocero de la Armada Argentina está dando una conferencia de prensa, desde la Base Naval de Mar del Plata, en la cual se informa de que existe certeza en cuanto a una explosión registrada en alta mar, el mismo día en que el ARA San Juan dejó de emitir comunicaciones, por lo que se estima que se trató de un evento producido en el submarino. Si bien se asegura que se continuará con la búsqueda de los cuarenta y cuatro tripulantes, la noticia es casi una sentencia sobre la suerte corrida por ellos.

A decir verdad, se me quitaron las ganas y el ánimo para seguir con el análisis que venía haciendo.

Sólo me resta confiar en que el actual poder político de la Nación no escatimará medios para el total esclarecimiento de todo lo acontecido en derredor de este tema, así como en la búsqueda de responsabilidades que le pudieren llegar a caber a quienes tenían en sus manos las posibilidades de contar con la más avanzada tecnología para asegurar el buen funcionamiento de este tipo de maquinaria, y que optaron por hacer algo que siempre les ha dado muy buenos réditos: “DEMAGOGIA POLÍTICA” a costa de la vida de nuestros propios hermanos.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar