"Réquiem para la Justicia argentina"

OPINIÓN 21/11/2017 Por
Horacio Lynch explica las razones que desencadenaron la actual situación de ese Poder del Estado. En opinión del jurista, la Argentina, avanzado el siglo XXI, no tiene Justicia. Y, aun cuando, se tomara conciencia y el país resolviera encarar el cambio con convicción y con acuerdo de todos, parece casi imposible lograrlo.
88571_620
La corrupción hoy anida en todos los fueros y en todas las instancias, inclusive en la Corte, advierte Horacio M. Lynch.

"En 2017 arrecian opiniones muy críticas hacia la Justicia, algunas como simples comentarios, y otras con más convicción. Generalmente son estudios parciales sobre la Justicia penal. Son visiones negativas, algo incompletas o irreflexivas. Están fundadas en las señales más grotescas y en las que falta una visión panorámica del problema, como para concluir si esto es pasajero, o asistimos al final de nuestro sistema judicial".

Así lo señala en los fundamentos de un ensayo, que lleva el sugestivo título de "Réquiem para la Justicia argentina" (Triste final para esta noble institución), el doctor Horacio M. Lynch, fundador y primer presidente de FORES (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia), desde 1976 hasta 1996. Además, el mencionado jurista asesoró a los impulsores de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral, e integra el comité consultivo de la Escuela de Derecho de la Universidad Torcuato Di Tella.

Realizó estudios sobre seguridad jurídica y el impacto de la Justicia sobre la economía y las empresas. En diálogo con "La Prensa", manifestó, en declaraciones no exentas de contenido polémico, y que abrevan en los aspectos más candentes del referido ensayo, su particular punto de vista: "Como asistimos a la desaparición del Poder Judicial, o de la "Justicia argentina", o del "sistema judicial argentino", me propuse probar con el mayor rigor (y mediante un catálogo de treinta razones) esta gravísima afirmación", señaló. (N. de la R.: "Réquiem" es el nombre que recibe, en el culto católico, el acto litúrgico o misa de difuntos, en la cual se reza por el alma de una persona que ha muerto. El concepto también se aplica para nombrar a ciertas composiciones musicales -por ejemplo, la Misa de Réquiem en re menor, obra de Wolfgang Amadeus Mozart-, con inspiración en los textos latinos usuales en esas ceremonias religiosas).

UN ENFOQUE ESCEPTICO

-¿Porqué expresa Usted, en forma tan categórica que, en todo el país (o sea, tanto en el ámbito federal y nacional, como en las provincias), el Poder Judicial no funciona? ¿No le parece un enfoque demasiado escéptico?
-La Justicia no funciona como sistema. No es previsible ni confiable, no cumple una función disuasiva, no alcanza niveles mínimos, no es una institución respetada, no se la toma en serio. La circunstancia de que haya buenos jueces y tribunales, no modifica esta conclusión.El conjunto debe funcionar mínimamente. La situación actual no es nueva: sólo se ha hecho más visible. Con tendencia declinante, la reforma constitucional de 1994 no acertó en sus recetas para mejorar la Justicia, y luego, bajo la administración K, el deterioro eclosionó. El escándalo de los jueces federales penales es sólo una parte del drama, y, sin llegar a tales niveles de corrupción, el deterioro afecta a toda la Justicia del país -la federal, la nacional y la provincial-, y a sus órganos de dirección. No hay voluntad de cambio en los directivos y los operadores del sistema (la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura, y la Procuración).
-¿A qué se refiere al hablar en su ensayo sobre el Poder Judicial, como una institución signada por una "doble maldición"?
-Como si no tuviera otros problemas, el Poder Judicial es una institución desgarrada por la letal combinación de la "politización de la Justicia" y la "judicialización de la política", sin magistrados de calidad para enfrentarla, sino todo lo contrario.
 
"BOLSONES DE CORRUPCION"

-¿Qué nos puede decir acerca de la existencia de "bolsones de corrupción" en los distintos fueros?
-En 1990, como presidente de FORES, advertí que ya aparecía la corrupción en la Justicia (hasta entonces era una excepción) y alertaba sobre la propagación de ese cáncer. Esto fue ignorado y la corrupción hoy anida en todos los fueros y en todas las instancias, aun en la Corte Suprema. En algunas jurisdicciones y fueros es trágico: en las fiscalías de la provincia de Buenos Aires, el nuevo procurador general (Julio Conte Grand) denunció infinidad de situaciones de corrupción, de pactos espurios con la droga y la policía. Otro ejemplo: recientemente se destituyó a una jueza de Familia que intermediaba en la venta de bebés.
-De todos modos, y más allá de esos casos cuestionables, nadie puede negar que el Poder Judicial tiene, en la actualidad, más presencia institucional que en otras épocas.
-El Poder Judicial y el presidente de la Corte (Ricardo Lorenzetti) tienen hoy una presencia institucional mucho más importante que una década atrás. Sin embargo, esa circunstancia, generalmente positiva potencia ahora su mala imagen: ya nadie considera a la Justicia como el árbitro imparcial de las disputas del país, ni el recto magistrado que absuelve o impone sanciones. La muletilla de "recurrir a la Justicia" ya suena como una excusa. El presidente de la Corte, Lorenzetti, está denunciado por la legisladora Elisa Carrió. La ahora ex procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó -ex jefa de los fiscales federales- también soporta graves acusaciones.

CONSEJO DE LA MAGISTRATURA

-¿A que se debe, en su opinión, que haya inexistencia de gestión en el Consejo de la Magistratura?
-Ese Consejo ha superado nuestros peores vaticinios. Lo anticipamos cuando se lo creó. Está absolutamente politizado, incumple con la selección de magistrados y con su control. No dirige el Poder Judicial. Continúa con la inadecuada integración de los órganos de selección del Consejo. Hay varias denuncias de defraudación. Recientemente, en agosto de 2017, pidió un gran aumento del presupuesto para la Justicia e, insólitamente la creación de 5.000 nuevos puestos.
-¿Porqué lo define como un organismo institucionalmente "negativo" y "perverso"?
-Cuestiono, además de las irregularidades, de su incorrecta integración y de su defección en la dirección del sistema judicial, la existencia misma de este "engendro institucional". Desde su creación en 1994, lo anticipo: hemos concentrado en una sola institución funciones que la Constitución clásica dividía en distintos poderes, y le entregamos su llave a los políticos. Esto no cambiará en tanto no se entienda que es una institución perversa, contra natura, más allá de quien la dirija. Es una institución netamente política inserta en el Poder Judicial.
-¿Dónde reside la falla y cuál es la propuesta que podría formularse?
-Fallan los recursos humanos y, esto no será modificado, si no es por una correcta selección. Los aumentos salariales no se tradujeron en más rendimiento y contracción al trabajo: la Justicia continúa trabajando medio día, y tiene licencias y vacaciones injustificables. Los jueces nacionales ganan el doble que hace 10 años, en moneda de poder adquisitivo constante (en la provincia de Buenos Aires, los jueces ganan la mitad).

Fuente: La Prensa

Te puede interesar