"LA JUSTICIA COMO VALOR"

Reflexiones sobre mi experiencia como asistente al primer módulo de la "Cátedrá Abierta de Justicia Cotidiana"
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En el día de ayer tuve la oportunidad de participar, en calidad de asistente, a la “Cátedra Abierta de Justicia Cotidiana”, llevada a cabo en la sede de la Universidad Católica de Santa Fe, y desarrollada por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, en el marco del Programa “Justo Vos”.

Este primer módulo, ya que la propuesta abarca la realización de nueve formas de abordar el tema de la justicia, estuvo referido al desarrollo del tema “La justicia como valor”.

Fue muy interesante el abordaje que el disertante, Dr. Mauricio Devoto, Secretario de Planificación Estratégica del mencionado ministerio, realizó sobre el tema, ya que no centró su charla en el aspecto meramente histórico o filosófico de los valores que deben primar en la justicia como organización o como uno de los tres Poderes del Estado, sino que, muy por el contrario, lo hizo desde el punto de vista del papel que juega el ciudadano común y corriente en su capacidad para, dentro de los múltiples conflictos que las relaciones interpersonales generan, tratar de llegar a acuerdos que descompriman la labor jurisdiccional de los estrados judiciales que, en definitiva, deberían configurar la instancia última a recurrir en cualquier tipo de conflicto.

En ese orden, se dejó bien marcado la necesidad que tiene cada uno de los miembros de una sociedad, en lo referente a su desenvolvimiento y respeto conforme al cumplimiento de leyes, normas y ordenanzas que se encuentran establecidas en nuestro ordenamiento jurídico con la finalidad de ser las líneas directrices por las que resulta válido y justo el cotidiano transcurrir de la vida.

De esta manera, el apego a ese ordenamiento, que de hecho significa apego a los valores que en él se encuentran implícitos, descomprimiría la enorme cantidad de casos que hoy abarrotan las sedes tribunalicias de toda la Nación, y que, más allá de ser fuente de enormes erogaciones dinerarias por parte del Estado, último garante de todos los derechos y obligaciones que tenemos los ciudadanos como tales; erogaciones de partidas presupuestarias que se sustraen a otros temas de una necesidad y urgencia superior, le estaría dando la posibilidad al Poder Judicial para una avocación más especializada y direccionada a resolver cuestiones de una trascendencia mucho más importante que el simple conflicto suscitado entre dos personas por el incumplimiento, por dar solo un ejemplo, de la cuota societaria de un club barrial.

Y decía que el abordaje que realizó el Dr. Devoto del tema resultó muy interesante, ya que plantea la necesidad de un “cambio cultural” dentro del seno de la sociedad argentina, cambio que no solo debe abarcar la conciencia ciudadana de una justicia más directa y más cerca de las necesidades de los habitantes, sino también un cambio en los modos en que actualmente estamos acostumbrados a desenvolvernos desde nuestros particulares ámbitos sociales, políticos y laborales.

Este cambio requiere, como sabiamente lo afirmó el disertante, de una deconstrucción de todo nuestro pensamiento, en este caso respecto a lo que sabemos y entendemos por justicia. Así, quienes somos personas adultas y, por ende, con una formación y con costumbres arraigadas por años, deberíamos comenzar por replantearnos, en el día a día, la posibilidad de buscar y encontrar soluciones posibles para conflictos menores que no requieran de la participación de organismos estatales, teniendo como base para ello el cumplimiento de las normas vigentes y, lo que resulta de primordial importancia, la predisposición necesaria para lograr consensos a través del acercamiento de posiciones.

Esto, que dicho con palabras simples parece tan obvio, quizá sea la parte más complicada de la cuestión, puesto que implica tomar conciencia del rol fundamental que cada habitante tiene en el desarrollo de la sociedad en que se mueve, y de la responsabilidad que conlleva ese rol. Pero una vez que este ítem pueda ser superado, el cambio de actitud obrará como catapulta para el desencadenamiento de procesos que configurarán ese “cambio cultural” tan deseado por todos para que el lugar en donde vivamos sea cada vez más justo y generador de ese necesario estado de bienestar” que nos haga más placentero el paso por este mundo.

Asimismo, es deber de los adultos inculcar en los más pequeños la importancia del apego a las normas, basadas en los valores de rigen la justicia, con el fin de sembrar en ellos la imprescindible semilla que hará florecer una forma diferente de encarar las cuestiones de la vida, facilitándoles el acceso a los recursos para una educación de calidad, con contenidos adaptados a las necesidades de cada grupo societario en particular y que tengan la indispensable proyección a futuro, sin la cual todo el esfuerzo y empeño que se ponga en ello será en vano.

Las sabias palabras, pronunciadas hace más de 160 años, por Domingo Faustino Sarmiento, uno de los más notables prohombres de nuestra historia nacional, en el sentido de la necesidad de “educar al soberano”, cobran hoy más vigencia que nunca, teniendo en cuenta los disvalores en los que muchas generaciones de argentinos se educaron y las nefastas consecuencias que produjeron, llevándonos a reiteradas y repetitivas crisis, con el consiguiente daño en todo el edificio societario del país.

Finalmente, es de aplaudir la puesta en marcha de este tipo de propuestas por parte de la actual administración del Ejecutivo de la Nación, que no hacen otra cosa que facilitar medios para el debate de ideas, con la finalidad de construir, entre todos los ciudadanos, una sociedad más justa, más igualitaria y con la mira puesta en el bienestar general de todos, que a la larga es la labor más trascendental que puede encarar cualquier gobierno que tenga acabada conciencia del enorme papel que juega en su rol de ente rector de los destinos de millones de ciudadanos, tanto de quienes adhieren a su ideario político como de los que no lo hace, ya que no solamente es cuestión de declamar que se gobierna para todos los sectores de la sociedad, sino que es menester demostrarlo con obras concretas, para que la democracia, que no es un sistema perfecto, sino perfectible, se acerque, lo más posible, a ese principio que dice que “democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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