"QUEMA ESAS CARTAS"

Quejosa letanía de un militante despechado
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Entre los que amamos nuestra música ciudadana, hay una frase que sentencia: “el tango siempre te espera”. Es que, más tarde o más temprano, a todos nos llega el momento de vernos reflejados en su prosa, de sentir que sus versos están contando parte de nuestra vida, de ser espejo de nuestra propia existencia.

No importa la edad que se tenga, ni si alguna vez repudiamos esa forma tan argentina de expresar nuestros pesares, nuestras angustias, nuestros desencantos, traiciones y desamores. Porque el tango es eso: un lamento, una herida que no sana, nostalgias de aquello que ya nunca volverá a ser igual.

Cuando leí la carta escrita por el ex miembro de los gabinetes del régimen “Nac & Pop” y ex candidato a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández, su contenido me hizo recordar, de manera inmediata, la letra de un hermoso tango que se suele bailar a ritmo de vals.

En la referida misiva, la “morsa”, como se lo conoce a quien supo ser uno de los más fieles colaboradores de Néstor y de Cristina Fernández de Kirchner, en obvia alusión a su prominente y particular bigote, se posiciona en el lugar del que está sufriendo una gran decepción, de quien se ha jugado el “todo por el todo” en pos de un sentimiento, y que hoy se da cuenta que dejó de ser correspondido.

De entrada nomas, sin dar nombres, pero haciendo entrever muy bien a quién se refiere, compara a la actual conducción del partido creado por Juan Domingo Perón con un “jarrón chino”, especie de reliquia familiar, al que se venera más por lo que supo representar que por el valor que hoy tiene, y del que no se sabe bien en qué lugar se lo debe colocar para que no estorbe.

Como si se tratara de las cavilaciones de un viejo luchador, doblado y vencido por el fragor de tantas batallas, Fernández continúa, inmediatamente, con el letargo de una critica a la construcción de espacios creados en derredor de una fulgurante luz, a la que el llama, de manera textual, “la estrella de un sistema político – planetario que se obsesiona en juntar asteroides”, con la despreciable finalidad de ser una mera “herramienta electoral”. Es decir, cuestiona la creación del espacio político “Unidad Ciudadana”, el que se formó para hacer las veces de pedestal en el cual poder ubicar la “reliquia familiar”, ósea a la ex Presidenta de “todos y de todas”, y que se hizo rodear por figuras sin ningún brillo propio, al sólo efecto de recoger lo poco que éstas arrastran consigo por obra de una débil y muy dudosa “fuerza gravitacional”, sin la más mínima intención de conformar una constelación de proporciones considerables, ya que ésta supondría contar con varios focos emisores de energía, cosa que la agrupación liderada por la Senadora electa por la Provincia de Buenos Aires, Cristina Fernández, carece por completo, puesto que la única luz que se ve es la que ella misma emite, pero con una intensidad cada vez menor y en franca decadencia.

Y como aquél al que los “efluvios del alcohol” le hacen más ligera la lengua, el hombre “despechado” se pregunta sí en la creación de este nuevo espacio “el peronismo no fue invitado a la cita”; para inmediatamente responder que “más bien, ha sido des – invitado”. En otras palabras, la “vieja Cristina”, como él la llama, para luego rebautizarla como la “nueva Cristina”, aquella que se recuesta en los logros de sus dos períodos presidenciales, ha desconocido una de los principios básicos que para Néstor Kirchner constituía la base fundacional sobre la que se debería construir cualquier tipo de alternativa política: “con el peronismo no alcanza, pero sin el peronismo no se puede”.

Pero ojo, que no todo lo que el “decepcionado” militante de esa “juventud maravillosa”, a la que el mismísimo Perón echó de la plaza por “imberbes” que venían a señalarle a él el camino que debía tomar, son criticas en su “quejoso lamento”. No, también hay lugar para las enseñanzas, que el hoy hombre experimentado en las lides de la política ha aprendido, y que tendrían que ser entendidas por quienes han dedicado toda una vida al estudio de esa Ciencia: el Peronismo es un incomprendido, porque tiene lógicas que “la teoría de la comunicación política mundial no entiende”. Vayan agendando estas sabías palabras señores pensadores, filósofos e investigadores de los intrincados vericuetos de este apasionante arte: no midan al Peronismo con la misma vara con que lo hacen con los cientos de miles de partidos políticos del mundo. El Peronismo es distinto, diferente, único. Y, de paso, saquen sus propias conclusiones, en el sentido de los por qué Argentina, con tantos años de gobiernos peronistas, está como está.

Y, como corolario de tan esclarecedora comunicación, este “señor”, que aceptó sin chistar las ordenes de una superioridad a la que ahora cuestiona, que no tuvo reparos en ser un repetidor de frases efectistas, que jamás acepto la posibilidad del error o la equivocación, nos da, de manera gratuita, una lección de moralidad, cuando nos recuerda la distinción que hacía el General Perón sobre la “lealtades”, que, en definitiva, no son otra cosa que valores morales: “hay dos clases de lealtades: la que nace del corazón que es la que más vale y la de los que son leales cuando no les conviene ser desleales”. ¿Qué más se puede pedir? Critica, lección y aprendizaje. Todo por un único precio !!!!

Ah, el tango que la carta de Aníbal Fernández me hizo recordar lleva el siguiente título: “Quema esas cartas”, y dice así:

Quema esas cartas, donde yo he grabado, solo y enfermo, mi desgracia atroz, que nadie sepa, que te quise tanto, que nadie sepa, solamente Dios.
Quémalas pronto sin que el mundo ignore, la inmensa pena, que sufriendo está, un hombre joven, que mató el engaño, un hombre bueno, que muriendo va.

Te amaba tanto que mi santa madre, casi la olvido por pensar en tí, y mira ingrata, como terminaron todos los sueños que vivían en tí.
Yo ya no creo que tu amor retorne, al dulce nido donde ayer nació, yo ya no creo, que tu blanca mano cierre la llaga que en mi pecho abrió.

Y te perdono porque aquel, que quiso, nunca maldice lo que ayer besó, gime y se arrastra sin, tomar venganza, muere en silencio, como muero yo.
Más cuando en tus brazos de otro ser dichosa, caigas rendida de placer y amor, recuerda al menos, que has dejado trunca, una existencia que mató el dolor”
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Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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