Luego del default oficial, Venezuela tiene pocas opciones para decidir el camino a seguir

INTERNACIONALES 15/11/2017 Por
Las sanciones impuestas por Estados Unidos tendrán gran influencia y limitarán el espacio de maniobra que tiene el presidente Maduro con los bonistas extranjeros
maduro_crop1502562279980.jpg_258117318

La evaluadora de riesgos S&P el lunes a la noche confirmó el hecho para el que muchos analistas e inversores se venían preparando en los últimos años: Venezuela está oficialmente en default con su deuda soberana después de no haber concretado los pagos de intereses por u$s 200 millones correspondientes a dos bonos del gobierno.

Sin embargo, quedan pendientes más preguntas que respuestas en cuanto a los planes que tiene Venezuela para "refinanciar y reestructurar" sus obligaciones financieras. Tampoco se sabe el camino a seguir que elegirá ese tan castigado país latinoamericano.

¿Cuánto debe Venezuela? Venezuela tiene bonos extranjeros pendientes de pago por cerca de u$s 63.000 millones, según Torino Capital, mientras que el banco central estima que la deuda externa total del país asciende a u$s 90.000 millones. La cifra verdadera, sostienen muchos analistas, es muy superior.
PDVSA, la compañía petrolera estatal, vendió bonos por u$s 28.600 millones y debe miles de millones de dólares más en "pagarés".

Venezuela adeuda otros u$s 4.000 millones a acreedores que ya lo denunciaron ante el tribunal del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (ICSID). Stuart Culverhouse, economista jefe de Exotix, piensa que la deuda externa total del sector público es de entre u$s 100.000 y u$s 150.000 millones.

¿Qué quiere hacer Venezuela? Hasta eso es incierto. El presidente venezolano Nicolás Maduro habló de "refinanciar" y "reestructurar" los compromisos externos del país. Pero una refinanciación normalmente implica algo voluntario mientras que una reestructuración significa "quitas" forzosas para los acreedores. Pero las sanciones impuestas este verano boreal en la práctica implica que ambas opciones son inviables.

Que Maduro haya nombrado al vicepresidente Tareck EI Aissami como principal negociador con los bonistas complica las cosas aún más. Aissami mismo fue sancionado por EE.UU. por ser supuestamente un narcotraficante, lo que significa que los grupos de inversión norteamericanos que son los mayores tenedores de deuda venezolana no pueden entrar en negociaciones con él.

Eso llevó a que la mayoría de los bonistas internacionales se queden en su casa en vez de arriesgarse a quedar atrapados involuntariamente por las sanciones de EE.UU. y, como resultado, fue un "no evento", dijo Siobhan Morden, directora de estrategia de renta fija latinoamericana en Nomura, que agregó que apenas asistieron unos 10 inversores no venezolanos.

"No hubo declaración oficial sobre los cupones adeudados pese que era un lugar ideal para hacer aclaraciones. El lenguaje ambiguo se mantiene; los funcionarios insisten en reestructurar la deuda pero, al mismo tiempo, aseguran que su compromiso es pagar su deuda", escribió ella a sus clientes.

¿Por qué hace eso Venezuela? Si Venezuela tuviera un gobierno competente y políticas económicas más ortodoxas, probablemente podría manejar el peso de su deuda. Si bien las exportaciones de petróleo disminuyen, todavía tiene las reservas probadas más grandes del mundo y los precios están en su nivel más alto en más de dos años.

Pero el crónico desmanejo de los gobiernos de Hugo Chávez antes y ahora Maduro, y el derrumbe del petróleo pasaron factura. Según el FMI, la economía se contrajo en una tercera parte en los últimos cinco años.

El temor a que un default lleve a los acreedores a iniciar juicios que pongan en peligro los ingresos por exportaciones petroleras, Venezuela hasta ahora se mantuvo al día con los pagos durante más tiempo de lo que muchos preveían. Logró eso mayormente gracias a la generosidad de China y Rusia, y a que redujo fuertemente las importaciones, lo que profundizó las privaciones de los venezolanos comunes y corrientes.

Las opciones del país parecen limitadas. Además de los pagos que no hizo el lunes de los bonos con vencimiento 2019 y 2024, Venezuela debe cupones por u$s 420 millones sobre bonos por u$s 8600 millones que vencen en 2023, 2025, 2026 y 2028, lo que demuestra "la significativa presión fiscal" que enfrenta el país, escribió S&P.

Las reservas en moneda extranjera son inferiores a u$s 10.000 millones, gran parte de lo cual está en oro que es difícil de liquidar. China se muestra reacia a profundizar su exposición financiera a Venezuela, mientras que el país ya reestructuró parte de sus préstamos bilaterales otorgados por Rusia.

¿Cómo reaccionaron los mercados? Mal. El precio del bono de Venezuela con vencimiento octubre 2019 se derrumbó de casi 50 centavos de dólar a cerca de 24 centavos la semana pasada, porque los inversores entraron en pánico después del anuncio de reestructuración y los operadores bancarios salieron del mercado. El precio se recuperó levemente el lunes antes de volver a caer ayer cuando entró en default.

¿Puede Venezuela salir sola de este caos? Rusia podría otorgarle un préstamo garantizado por activos petroleros venezolanos que el gobierno podría usar para pagar a acreedores o recomprar parte de sus bonos al enorme descuento actual.

Venezuela podría también tratar de mejorar su espacio fiscal separando PDVSA del estado, defaulteando las deudas pero manteniendo al día el pago de los bonos de la petrolera. Eso en teoría evitaría que los acreedores interrumpan las ventas de petróleo de PDVSA. Hacer juicio a un país es mucho más difícil que a una compañía con activos que pueden incautarse.

¿Podría funcionar eso? Probablemente no. Crystallex, una minera canadiense, ya está haciendo juicio a Venezuela y argumenta que PDVSA es el "alter ego" del estado. Si gana Crystallex, el fallo abre la puerta a que todos los acreedores traten de incautar activos de Venezuela y de PDVSA indistintamente.

Los inversores y analistas sostienen que lo más probable es que el resultado sea un prolongado período de limbo financiero con una reestructuración impedida por las sanciones norteamericanas; y Venezuela enfrentando una lluvia de juicios que tendrá al país ocupado durante los próximos años.

Fuente: Cronista

Te puede interesar