Mal de muchos, consuelo de tontos: "peor está Italia"

DERECHO 14/11/2017 Por
A siete meses del Mundial, Argentina perdió 4 a 2 ante Nigeria y exhibió un preocupante funcionamiento defensivo tras haber arrancado arriba 2 a 0 con un buen juego. La Selección, sin Messi, fue un equipo con la pelota y otro sin ella.
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Del toqueteo al descontrol. De la tenencia a la confusión. Del ataque posicional a la fragilidad defensiva. De la profundidad y desborde a la falta de retroceso. Del 2-0 al 2-4...

La Selección Argentina, en otra prueba en su camino hacia el Mundial, dejó una imagen preocupante en la derrota ante Nigeria. Todo lo bueno que había mostrado en los primeros 45 minutos de juego se cayó a pedazos en el complemento. Fue tal el dominio y el control del juego en esa primera parte que el descuento nigeriano (un preciso tiro libre de Iheanacho que Marchesín no logró despejar) pareció un gol de otro partido, nada que ver el parcial 2-1 con lo visto en el campo de juego.

En ese lapso se vieron muchas virtudes del equipo de Sampaoli: hubo tenencia de pelota y circulación precisa en campo rival, se encontraban líneas de pase por los carriles internos (bien Enzo Pérez profundizando, no tanto Lo Celso) y por las bandas (mejor Pavón que Di María). Todo digitado a través de los pies de los tres encargados de conducir desde la mitad de la cancha: Mascherano, Banega y Otamendi. Con Pezzella en la retaguardia, los otros dos centrales avanzaban con la pelota para conducir y meter pases filtrados junto con el volante central.

Más arriba, Agüero salía del área e intentaba sumarse al circuito junto con Dybala, poco participativo y algo atado al comienzo pero más suelto luego del primer gol, un tiro libre de Banega en el que se aprovechó del regalo del arquero, al dejar libre su segundo palo. El futbolista de la Juve tuvo decisión participación en el 2-0, con su pase profundo para el desborde de Pavón, quien, como ante Rusia, asistió al Kun.

Todo cambió en el segundo tiempo. Nigeria, que en la primera etapa había apostado a salir jugando, -muchas veces con cierta ingenuidad-, apeló al juego directo para aprovechar la velocidad de sus delanteros. Y esa intensidad en la búsqueda del empate desnudó la fragilidad defensiva del conjunto argentino. Con la pelota se había mostrado fuerte, dueña de las acciones y protagonista absoluta. Sin el balón se desfiguró y quedó reducido a un equipo desequilibrado, defendiendo mano a mano y mal ante el avance del rival. En dos minutos, Nigeria ya lo había dado vuelta. En el 2-2, Enzo Pérez y Mascherano no lograron impedir el remate de Iwobi. En el 3-2, el que no llegó para tapar a Idowu fue Pavón, lo que dejó al descubierto un problema estructural: el de Boca, como antes Salvio y Lautaro Acosta sobre la banda derecha, debe hacer todo el carril ante la falta de un marcador de punta. Algo que también ocurre por la izquierda con Di María. 

Argentina intentó reaccionar pero la circulación de la pelota ya no tenía la fluidez del comienzo. Sampaoli movió el banco y los cambios no aportaron demasiado. Y Nigeria, que llegó al cuarto, se hizo peligrosa ante cada contra, en la que también se notó la falta de un volante central con mayor capacidad para el retroceso. Banega, muy bien con la pelota en los pies pero flojo sin ella, fue quizá el reflejo de todo el equipo, que a siete meses del Mundial y sin Messi capaz de salvarlo, dio un paso atrás.

Fuente: Olé

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