EL "ESCRITOR" DE MARCOS PAZ

Julio De Vido y el despertar de una nueva vocación
2017-10-31_DE_VIDO

Parece que a algunos ex funcionarios de la “década ganada” la prisión no les cae tan mal. Es más, muchos han llegado a confraternizar de una manera que no lo habían podido hacer durante los doce años en los cuales el kirchnerismo estuvo en la cúpula del poder en el país. Quizá, esto último se deba a que tienen que compartir cosas que antes les estaba vedadas: charlar sin la siempre amenazante presencia de la “jefa”, compartir algún “pucherito” preparado con sus propias manos, ya que les sobra tiempo para dedicarse a los placeres de la gastronomía, comentar la lectura de un buen libro al estilo de “Aprende a consolarte entre tus pares” o “Nuevas técnicas para no pagar por tus delitos”, y, por qué no también, controlar los “estados de cuenta” de sus depósitos en el extranjero, sobre todo en la intrincada ingeniería que supone la triangulación de transacciones hacia la enorme variedad de “paraísos fiscales” que existen en el mundo, y en los que de seguro estará depositada gran parte de la aún incalculable fortuna que amasaron con el dinero de todos los argentinos.

Claro que, también hay detenidos, como el Arquitecto Julio De Vido, ex ministro de Planificación Federal de la Nación y actual diputado “desaforado” de la Cámara Baja, que se le ha dado por la explotar la veta de escritor que debe de haber sido una asignatura pendiente en su ajetreado trajinar por la función pública. Pero, ahora, lo que le sobra es tiempo, y lo está dedicando a esa noble inclinación artística.

En menos de quince días, que es el corto período que lleva privado de su libertad, por orden de la justicia argentina, el ex todo poderoso funcionario, que desde 2003 y hasta diciembre de 2015 dedicó todo su tiempo a pergeniar y llevar a cabo, junto a sus “socios”, el más acabado y sistemático plan de apropiación de fondos públicos que se pueda registrar en la historia institucional de la Argentina, ha producido cuatro escritos, dirigidos a la opinión pública en general, pero más específicamente a sus ex cómplices, en los que no ahorra adjetivos, acusaciones y solapadas amenazas, demostrando una muy fina percepción del oportunismo y haciendo gala de un regio y grande conocimiento del arte de la pluma y la palabra.

Este novel escritor, que no se amilana en calificar como “mis lectores” a aquellos que, por simple curiosidad o para saber hasta dónde es capaz de “prender el ventilador”, consumen sus divagaciones literarias, está convencido que ha obrado de manera honesta y correctamente, tal vez inspirado en la idea que tiene en cuanto a que la “corrupción K” es una simple “sensación”, como alguna vez se quiso imponer es misma idea en la ciudadanía argentina con respecto a la inseguridad, aún cuando su propia esposa, Sandra Minicelli, admitió públicamente la enorme corrupción que cruzó los doce años de experiencia del régimen “Nac & Pop” en el país.

De esta manera, el “prisionero” Julio De Vido imagina la actividad de un denominado por él “Monje Negro” que está manipulando la voluntad de quienes supieron ser sus compañeros de gabinete en algún momento del largo período de la Administración Kirchnerista, que los ha llevado a hacer denuncias que no hacían cuando eran colaboradores de la ex Presidenta de “todos y de todas”. Así, en la última entrega de su “folletín carcelario”, nombra a Sergio Massa, Florencio Randazzo, Martín Lousteau y Graciela Ocaña, haciéndolos responsables por haber mantenido un riguroso silencio sobre los delitos de corrupción registrados en aquella época y, como expresa el “escritor”, necesariamente debían conocer, ya que fue uno de los ejes sobre los que basaron sus recientes campañas electorales.

Y más aún, De Vido, en la mencionada última entrega, se pregunta por qué ningún fiscal de la Nación ha actuado de oficio, instruyendo causas contra los mencionados Massa, Randazzo, Lousteau y Ocaña, en un intento por sugerir que la justicia argentina, que ahora se ve liberada del freno y de las inhibiciones que el avasallamiento del sistema republicano y la independencia de los Poderes del Estado configuraron como característica saliente de la experiencia del “populismo” que campeo por estas latitudes, no actúa conforme a las leyes y al derecho que le asisten. Esto, que para cualquiera que sepa interpretar la realidad social y política vivida en el país hasta diciembre de 2015, denota el grado de impunidad con que este tipo de personajes se movía cuando era poseedor de una inmensa cuota de poder, hoy se convierte en el más insolente de los cinismos y en una medida de la gran “caradurez” con la que se manejaron los que aseguraban a los ciudadanos argentinos que estaban trabajando por el bienestar general de la población.

Hoy, todo el espectro político que acompañó y que formó parte, directa o indirectamente, del “relato” del régimen kirchnerista, siente que, de una manera u otra, está comprometido y es responsable por los hechos antijurídicos producidos por ese gobierno. Y el Arquitecto Julio De Vido, que de “Monjes Negros” sabe y de sobra, y no por haber leído la biografía del tristemente célebre Rasputín, sino por estar él mismo catalogado por admiradores y detractores de su figura como un verdadero “monje Negro”, quiere valerse, quizá por que se sienta despechado por sus ex “compañeros”, de la gran información que posee, como instrumento para comprar un silencio que impida a la justicia imponerle las sanciones previstas en nuestro ordenamiento jurídico para con los aberrantes delitos cometidos desde la función pública.

Es muy probable que, el “desaforado” diputado Nacional Julio De Vido tenga razón, en lo que respecta al conocimiento que muchos de quienes compartieron gabinete con él y luego participaron dentro de otras fuerzas políticas tenían de la gravísima actividad delictiva del gobierno kirchnerista. Pero, a fuerza de sinceridad objetiva, hay que decir que el ex “lugarteniente” de Néstro y de Cristina Fernández de Kirchner omite aclarar que Graciela Ocaña presentó, en su oportunidad, la renuncia a la titularidad del Ministerio de Salud de la Nación, justamente por los actos de corrupción que llegaron a su conocimiento, además de ser quien denunció, ante la inoperante y copada justicia de esos momentos, la denominada “mafia de los medicamentos”. Esta última aclaración, no configura de mi parte, una defensa hacía la hoy electa Diputada Nacional, sino únicamente un acto de estricta verdad, acto del que es incapaz quien hoy está alojado en el Penal de Marcos Paz, aunque, seguramente, debe saberse muy conocedor de pormenores que comprometen, y mucho, a todo aquel que intente aportar alguna prueba concreta en su contra.

En definitiva, éste debe ser su fin último en la naciente vocación por las letras que hoy le conocemos.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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