Macri convenció al electorado; ahora debe probar su liderazgo

OPINIÓN 05/11/2017 Por
Siete días de política. Lanzó un programa de reformas que afecta a las corporaciones política, sindical y empresaria. Debe conseguir su aprobación en el Congreso, donde los poderes "de facto" esperan atrincherados.
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Mauricio Macri gobernó dos años como si caminara sobre una fina capa de hielo. Bautizó esa combinación forzada de temor y prudencia con el nombre de "gradualismo". Atrasó el reloj de la bomba que le había dejado el gobierno anterior, pero no la desmontó.

Gestionó la crisis endeudándose y sumando algunos recursos genuinos como el aumento de tarifas, pero los desequilibrios de fondo persistieron: enorme déficit fiscal, alta inflación, falta de competitividad, feudos corporativos, trabas burocráticas, "peajes". Para removerlos en la última etapa de su mandato (aunque sea parcialmente) y evitar el habitual estallido macro con que terminan todas los ciclos en la Argentina, diseñó un plan de reformas que tiene mucho de voluntarismo.

Sin embargo, el voluntarismo económico no es el problema principal. Su desafío más duro estará en el Congreso, poder en el cual los grupos de interés tratarán de zafar del ajuste. La suerte de los próximos dos años se definirá en los próximos dos meses en un escenario resbaladizo.

A pesar del triunfo electoral, Macri se encuentra en minoría en las dos Cámaras. Cuenta a su favor con la circunstancial dispersión opositora, pero debe hacer cambios que no serán pacíficos. Y debe hacerlos rápido: sabe que no hay alternativa. Será una prueba de fuego para su liderazgo. Demostró que sabe ganar elecciones. Ahora debe demostrar que sabe conducir políticos.

La ecuación a resolver tiene varias incógnitas. La primera es cómo reaccionarán los gobernadores a la reforma fiscal. La idea es reducir los impuestos que pesan sobre la inversión y la producción. Aumentarlos, además, para algunos consumos y bajarlos para otros.

Para aumentar la inversión el gobierno quiere reducir ganancias, un impuesto que es coparticipable; para aumentar las exportaciones, reducir ingresos brutos y sellos que recaudan los gobernadores. La propuesta es que lo que se pierda por la baja de alícuotas se ganará por mayor recaudación, producto de una actividad en alza. Como se ve, no falta voluntarismo.

Los gobernadores tienen plantas de personal monumentales y gastos injustificables, pero al mismo tiempo tienen los votos en el Congreso para que los proyectos que quiere el Ejecutivo salgan en tiempo y forma. Si no se renueva el pacto fiscal antes de fin de año, perderán recaudación de ingresos brutos. Con eso presionará Macri. Pero las provincias quieren que se coparticipe el impuesto al cheque; con eso presionarán los gobernadores.

A esto hay que agregar que se espera el fallo de la Corte sobre la actualización del fondo del conurbano. El peronismo sospecha que será a favor de María Eugenia Vidal. El senador Miguel Pichetto ya advirtió que habrá que buscar una salida política, no judicial, al conflicto.

Además de los tironeos con las provincias por la manta corta de la recaudación, hay problemas sectoriales que también tienen su lobby. La suba de impuestos internos a las gaseosas y al vino puso en pie de guerra a los legisladores interesados en el tema. Pero no solo la suba de alícuotas provoca convulsiones, también la baja. La reducción del gravamen a los electrónicos enfureció a representantes de Tierra del Fuego en el Senado, que no atienden a ninguna lógica económica y terminan protegiendo intereses empresarios apenas ocultos detrás de las amenazas de despidos de personal.

La baja en la actualización de jubilaciones con las que el gobierno piensa ahorrar 100 mil millones de pesos anuales también enfrenta dificultades. Los peronistas no "K" de Diputados la rechazan. Por su parte los sindicalistas también se oponen a la reforma laboral y todas las capillas del PJ se alineará detrás de ellos como ocurrió invariablemente después de las derrotas electorales. Pero los sindicalistas se están volviendo vulnerables a investigaciones por corrupción. Si no, que lo diga el "caballo" Suárez. La impunidad, además, pasa por un mal momento. El lunes pasado rodó Gils Carbó y el viernes, Boudou. Mala época para moyanos.

En síntesis, al gobierno le espera una partida compleja. Tiene una parte importante de la opinión pública a favor y el impulso del triunfo electoral. Entra en el difícil terreno de la negociación frente a políticos experimentados. Esta es la prueba que Macri deberá superar para saber si realmente puede quedarse hasta 2023 en la Casa Rosada.

Fuente: La Prensa

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