LA FOTO DEL DÍA

Los argentinos hemos vuelto a recuperar la República
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Tal como lo vaticiné por este mismo medio, días antes de las elecciones del pasado 22 de octubre, un eventual triunfo de “Cambiemos” iba a tener grandes repercusiones difíciles de dimensionar.

Y ese vaticinio no fue fruto de una corazonada, de la mera intuición, no, nada de eso. Fue la lectura de lo que en la calle, en el café, en los más diversos ámbitos de la vida cotidiana se podía palpar.

Desde el mismo día en que Mauricio Macri asumió la Primera Magistratura de la Nación, tanto en aquellos que lo votaron como los que lo hicieron por otras fuerzas políticas, el reclamo de la ciudadanía era, principalmente, uno solo: basta de impunidad en la Argentina, basta de vivir en un país dónde se premie la “viveza criolla” en la peor de sus acepciones y en el que el honrado trabajador, el que se gana todos los día su sustento y el de su familia con el sudor de su frente sea el único obligado a pagar los “platos rotos”.

En 2015, la inmensa mayoría del pueblo argentino dio un mensaje inequívoco. Claro está, que en política existen los tiempos, los momentos, las oportunidades. Quizá, me atrevo a decir que hacia diciembre de ese año, la nueva administración nacional recién comenzaba a comprender, con la capacidad de recursos que sólo cuentan quienes están en la cúspide del Poder, los verdaderos alcances de la crisis que heredaban. No es ilógico, entonces, suponer que había temas más urgentes que solucionar; había que ponerse de “lleno” en la tarea de una reconstrucción muy delicada de las instituciones republicanas, vilipendiadas durante los 12 años en que el kirchnerismo se sintió, y de hecho fue, “amo y señor” de todo y de todos.

Esa tarea fue imposible llevarla a cabo en el transcurso de unos pocos meses, porque el daño que se había hecho superaba lo posible, lo imaginable. Siendo así, la responsabilidad de los hombres y mujeres que hoy conducen los destinos de la Nación se abrió paso por sobre el clamor ciudadano, e hizo las cosas según un orden de prioridades muy bien delineado y concebido: primero, se abocó a atender las cuestiones de primordial urgencia, en un todo de acuerdo con necesidades impostergables de todos los habitantes. Luego, se tuvo que reorganizar el enorme andamiaje sobre el que se asienta el sistema republicano de gobierno, que no es otra cosa que volver a otorgarle el valor que nuestra Carta Magna le asigna a los Poderes del Estado. En ese orden, el Congreso Argentino dejó de funcionar como una “Escribanía de Gobierno” y retomó sus indelegables funciones de ser el órgano del Estado encargado de elaborar las leyes, de discutir en su seno los grandes temas nacionales, de generar diálogos, consensos e instrumentos indispensables para encarar las necesarias reformas que los tiempos actuales exigen. Lo propio se hizo también con el Poder Judicial, copado durante el transcurso del régimen del “relato K” por jueces y funcionarios militantes, que desoyeron, de manera ex profesa, los más elementales principios de la institución encargada de ejecutar la leyes que garantizan todos y cada uno de los derechos de quienes habitamos en este suelo.

Para nadie, que entienda aunque solo sea muy por arriba sobre juridicidad, puede ser ajena el razonamiento lógico de que sin justicia no hay forma de convivencia en cualquier parte del mundo. Los seres humanos nos congregamos en comunidades organizadas, justamente, por la necesidad que tenemos de cobijarnos bajo un marco legal y regulatorio de todas las relaciones interpersonales que se producen en nuestro diario transcurrir.

Lamentablemente, durante mucho tiempo, la justicia argentina estuvo demasiado distante del ciudadano común, demasiado alejada de las preocupaciones y padecimientos de la gente. Esta distancia, este alejamiento, fue la lógica y necesaria consecuencia de ese plan sistemático de apropiación de los fondos del Estado, al que en tantas de mis editoriales me he referido, instrumentado por la “banda mafiosa” que se disfrazó con los atuendos de una democracia “Nac & Pop”. Sin la complicidad del Poder Judicial, nunca hubiera sido posible lograr impunidad durante tantos años.

Pero, como siempre sostengo, todo relato tiene su fin. Y el relato kirchnerista, que entre sus características más visibles conllevaba la supremacía del Poder Ejecutivo sobre los otros dos Poderes del Estado, es decir sobre las otras dos “patas” en las que se asienta el republicanismo que nos dimos como sistema de gobierno, del mismo modo que la inmovilidad o paralización de ellos, como más guste al lector catalogar el manifiesto “sopor” que campeó en sus recintos y en los espíritus de quienes en ellos tenían la alta tarea que cumplir, tuvo su punto final recién con el aplastante triunfo de “Cambiemos” de hace muy pocos días.

Y resalto de manera expresa el corto tiempo transcurrido desde el domingo 22 de octubre pasado, tan sólo poco más de una semana y media, porque pareciera que fue hace mucho más tiempo, dado el vertiginoso giro que este acontecimiento imprimió a todo la dinámica que se venía desarrollando en el país, en los temas de mayor actualidad y repercusión.

Seguramente, esa mayor dinámica pueda verse reflejada en muchos aspectos de la actividad estatal, pero en dónde más se ha notado ha sido, sin lugar a dudas, en el ámbito de la justicia. El desafuero y posterior detención del diputado Julio de Vido, y la detención del ex Vice Presidente de la Nación, Amado Boudou, ocurrida en las primeras horas de hoy, son la más clara y acabada muestra de que las cosas, en este país ya no son iguales a como lo eran, no solamente durante la administración de Cristina Fernández de Kirchner, sino a como se percibían antes de las elecciones legislativas.

Es que el espaldarazo dado por la ciudadanía a la gestión de “Cambiemos”, echó por tierra muchas ilusiones de nostálgicos “trasnochados” que gritaban a los cuatro vientos “volveremos”, del mismo modo que quitó temores, muy justificados, en estrados judiciales que supieron exhibir una cautela por demás perniciosa para con la vía legalmente establecida que debería llevar al esclarecimiento y castigo de los grandes y aberrantes delitos cometidos por los más altos representantes del pueblo de la Nación.

Aún queda mucho camino por recorrer y faltan muchas cosas por hacerse y por cambiarse en esta nueva etapa por la que transita la Argentina; pero las imágenes de Amado Boudou, una de las figuras más emblemáticas de la “corrupción y de la era K”, con el típico chaleco antibalas y esposado, que recorre y recorrerá las redacciones de los más prestigiosos medios periodísticos del país y del mundo, es un símbolo, a la vez que un mensaje inconfundible del cambio propuesto por el Presidente Macri durante la campaña electoral que lo depositó en el “Sillón de Rivadavia”.

Finalmente, y como lo dije hace ya bastante tiempo, serán largas las filas que se formen en los Tribunales Federales de Cómodoro Py y del resto del país, con ex funcionarios que estuvieron a las ordenes de la ex Presidenta de “todos y de todas”, esperando su turno para que la justicia argentina los coloque en el lugar que les corresponde, tras los barrotes de sus celdas, después que se los someta a juicio y se les de su merecido castigo.

Mientras esto suceda, quedará grabada en nuestras retinas lo que yo denomino “la foto del día”: el otrora burlón, ácido y hasta caricaturesco ex Vice Presidente de la Nación, Amado Boudou, hoy esposado y en manos de la justicia como el delincuente que siempre supimos que era.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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