La derrota de Cristina sólo ha comenzado

OPINIÓN 29/10/2017 Por
Siempre se sabe cuándo comienza una derrota, pero nunca cuándo ni cómo termina.
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Siempre se sabe cuándo comienza una derrota, pero nunca cuándo ni cómo termina. La caída electoral del cristinismo significó también la cárcel inmediata del otrora todopoderoso Julio De Vido. En esa cabeza está el disco rígido de la corrupción de 12 años de gobierno. A su vez, gobernadores y muchos legisladores peronistas rompieron las cadenas del tutelaje cristinista. Y está por suceder el colapso definitivo de Cristóbal López, a punto de perder todas sus empresas y su libertad. Sólo una coincidencia es perceptible en un amplio abanico de la dirigencia política y social: preocupa en esos sectores que Cristina Kirchner caiga presa prematuramente. ¿Para qué crear una mártir entre sus fanáticos? ¿No sería mejor, acaso, que su inevitable prisión ocurra por razones justas y limpias? En esta conclusión convergen oficialistas, peronistas y empresarios, entre otros.

La Cámara de Casación Penal definirá en los próximos días si la apropiación por parte de Cristóbal López de dinero del Estado es un delito del fuero Penal Económico o del Penal Federal. Si como quiere la AFIP, el tribunal decidiera que es un delito federal, a Cristóbal lo espera la cárcel. Cerca de la Cámara de Casación se adelantó que la voluntad mayoritaria de los jueces se inclina por considerarlo un delito federal; es decir, un delito que se paga con prisión. Si, por el contrario, fuera un delito penal económico, Cristóbal podría arreglar sus cosas ingresando a una moratoria. La AFIP detesta esa alternativa. La posición de la agencia tributaria es que Cristóbal no es un evasor más, sino un empresario que cometió defraudación al Estado y que, por lo tanto, debe ir a la cárcel. Sin embargo, lo que se discute se reduce a cuál será el final personal de Cristóbal. El derrumbe definitivo de lo que fue un imperio económico, que creció a la sombra del poder kirchnerista, es ya una realidad inmodificable.

La agencia tributaria logró la inhibición de todos los bienes de Cristóbal. Llamó la atención del Gobierno, por eso, que un fondo de inversión manejado por Ignacio Rosner anunciara la compra del Grupo Indalo. No es un fondo con espaldas suficientemente anchas como para hacerse cargo de la compra y la deuda. La Justicia deberá autorizar esa venta. Antes de hacerlo, el juez le pedirá la opinión a la AFIP y ésta pondrá muchas condiciones. Cauciones, fideicomisos, garantías para resguardar el dinero que es del Estado. ¿Sirve una empresa con semejantes limitaciones? En la AFIP investigan si no se trata de una autocompra para distraer a la Cámara de Casación con la supuesta ausencia de Cristóbal. Es decir, si detrás de Rosner no está el propio Cristóbal.

La caída definitiva de uno de los dos empresarios más emblemáticos del kirchnerismo (el otro es Lázaro Báez y ya está preso), tiene su correlato en la política. La mayoría de los gobernadores peronistas (con las excepciones de los arcanos sin luz que significan Gildo Insfrán en Formosa y los Rodríguez Saá en San Luis) se desligaron de Cristina, promovieron la renovación del peronismo y se manifestaron dispuestos a iniciar un período de diálogo con el gobierno de Macri. Otro hermético, el pampeano Carlos Verna, que ganó por 76 votos, ya anticipó que sus senadores no estarán con Cristina. La posición de esa mayoría de mandatarios es importante porque son la fuente de poder que alimenta al influyente jefe del bloque de senadores peronistas, Miguel Pichetto. Pichetto es el principal ideólogo de una refundación del peronismo, que propone que su bloque fije claras posiciones centristas, alejadas de la izquierda y la confrontación perpetua que expresa Cristina. Es una manera elegante de decirle a Cristina antes de que llegue que ese bloque, que podría llamarse del PJ, no la quiere ni la necesita. Es probable que el destino de la jefa política de la tercera sección electoral bonaerense se limite al aislamiento en el Senado, al liderazgo de un bloque de no más de ocho o nueve senadores. Nada.

Tal vez la modificación más importante entre los gobernadores peronistas la protagonizó el tucumano Juan Manzur. Tucumán es el sexto distrito electoral del país, después de los cuatro grandes y Mendoza. Manzur es, así las cosas, el más importante de los gobernadores peronistas que ganaron. Tuvo una primera relación ríspida con Macri hasta que, poco antes de las elecciones, el gobernador le aclaró al Presidente que las fricciones debían limitarse a la campaña electoral. Macri le devolvió el gesto y Manzur fue el único gobernador invitado a la cena de honor al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, que visitó el país pocos días después. ¿Quién dijo que Macri no hace política?

La primera reacción poselectoral de Manzur fue abandonar el barco de los Insfrán y los Rodríguez Saá y buscar una coincidencia inmediata con Sergio Uñac, el triunfante gobernador peronista de San Juan, una figura joven y moderada que siempre cultivó el diálogo con el gobierno de Macri. Los dos, Manzur y Uñac, promovieron la reunión de gobernadores del jueves pasado en la que se explicitó una posición dialoguista. El diálogo no significa, desde ya, que les dirán que sí a todas las propuestas de Macri. Significa que están dispuestos a retomar la función principal de la política, que es la conversación. El paquete económico, con impuestos coparticipables que bajarán, compromisos mutuos de no aumentar el déficit y el conflicto de la provincia de Buenos Aires por el fondo del conurbano, pronostica largas, y quizá tensas, negociaciones. Pero será un diálogo por las cosas tangibles de la política, no por las banderas de una ideología obsoleta que el peronismo dice ahora que no son las suyas. Esas banderas son de Cristina, un liderazgo tan presente como decadente. La historia es indudable: al peronismo nunca lo entusiasmaron un proyecto romántico o una causa perdida.

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