UNA FOTO, UN PRONTUARIO Y EL FIN DE UNA ÉPOCA

Julio De Vido ya es "historia" y, ahora, el Congreso de la Nación debe "ir por más"
DE VIDO PRONTUARIADO

En una editorial que publiqué la semana pasada, antes de las elecciones legislativas del pasado domingo, hice referencia a la importancia que significaba este acto comicial para la actual administración de “Cambiemos”, elecciones que comúnmente se denominan de “medio término” y que en muchas ocasiones sólo han servido para demostrar, como si se tratara de la más fiable y completa de las encuestas, el grado de adhesión o rechazo ciudadano al conjunto de políticas implementadas por un gobierno en particular.

De ese modo, en más de una oportunidad, este tipo de convocatoria a las urnas sólo ha significado un enroque de nombres, pero con muy pocos resultados, en cuanto a cambios de rumbo se refiere. Baste nombrar como ejemplo el fracaso que significó para la oposición al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner el triunfo obtenid en los comicios que se llevaron a cabo después de la denominada “Crisis del Campo”, en dónde el oficialismo kirchnerista perdió muchas bancas en el Congreso, abriendo la lógica expectativa ciudadana de que, a partir de ese momento, el Poder Legislativo iba a retomar su normal e independiente funcionamiento. Pero ya todos los argentinos sabemos que esto no fue así. Con mayorías y quorums difíciles de conseguir, la administración “K” se las arregló para gobernar con decretos de “necesidad y urgencia”, haciendo que lo manifestado en las urnas no pudiera verse reflejado en los hechos, es decir, para utilizar otros término, anulando o haciendo caso omiso de la voluntad ciudadana expresada de la única y más contundente manera en que ésta puede hacerlo: a través del voto.

Esto último, si se quiere verlo así, configuró una de las características más salientes de los doce años de hegemonía del régimen “Nac & Pop”, ya que de manera formal la democracia funcionó en el país con aceitada ingeniería, pero no así en lo material, puesto que se “borró con el codo” lo que la ciudadanía expresó con sus sufragios.

En cambio, la contundencia e importancia del resultado obtenido por “Cambiemos” el 22 de este mes fue tal, que sus consecuencias no se hicieron esperar ni siquiera hasta la asunción de los nuevos diputados y senadores electos, que van a hacer variar, sustancialmente, el equilibrio de fuerzas dentro del Congreso Argentino. No, el triunfo de la administración de Mauricio Macri en las elecciones legislativas, que tiñó al país de color “amarillo”, ya ha producido su primer acto fuerte en el día de ayer: nada más y nada menos que el desafuero, y la posterior detención, de Julio De Vido, sindicado por algunos como el hombre más fuerte y más corrupto de todo el período kirchnerista, aunque otros lo ubican por detrás de la ex Presidenta de “todos y de todas”.

Hasta hace sólo un par de meses, llegar a imaginar al ex Ministro de Planificación Federal de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner despojado de sus fueros parlamentarios era sólo una muy ambiciosa expresión de deseos. Ni que hablar de la idea de ponerlo “tras las rejas”. Todos recordarán la interminable sesión de la Cámara de Diputados, en donde se trató un proyecto de ley que intentaba apartar de ese cuerpo a Julio De Vido por la causal de “inhabilidad moral”, y que no obtuvo la cantidad de votos necesarios para lograr ese cometido. Claro, todavía, por esos días, el “cajero” de los kirchner, como lo bautizó la Diputada Elisa Carrió hace ya muchos años, contaba con el apoyo de muchos sectores legislativos opositores al gobierno de “Cambiemos”, sin mencionar a la bancada del Frente Para la Victoria, a la que todavía pertenece, que no se animaron o no quisieron suscribir la iniciativa oficialista, quizá por un muy justificado temor a quedar mal parados ante un eventual triunfo de “Unidad Ciudadana” en los comicios que se avecinaban. Sin embargo, este triunfó no se dio y lealtades que hasta hace muy poco parecían inquebrantables demostraron ayer que no hay nada que no pueda sufrir deterioros, sobre todo cuando de “perdedores” se trata.

Teniendo esto en cuenta, y habiéndose logrado un hecho de una trascendencia con aristas y ribetes difíciles de imaginar y mucho menos de calcular, este sano y renovador aire de buena funcionalidad del Poder Legislativo de la Nación debe proseguir haciendo su propia depuración interna, ya que, como una de las “patas” sobre la que se sostiene todo el sistema democrático, republicano y representativo de gobierno, es su deber inalienable desprenderse de todos los elementos que mancillen su noble y fundamental cometido para el que está constituido.

En ese camino, para el Congreso de la Nación, Julio De Vido debe ser ya historia. Se hizo lo que se tenía que hacer. Ahora hay que dejar que la otra “pata” de nuestro republicanismo, esto es el Poder Judicial, actúe conforme a las leyes y hago su trabajo. Sin embargo, no son historia, aún, para el Poder Legislativo los nombres de Carlos Saúl Ménem, Cristina Fernández de Kirchner y tantos otros que se cobijaron, en unos casos, y se cobijarán, en otros, al amparo de una inmunidad legislativa mal interpretada y peor ejecutada.

El Congreso de la Nación tiene hoy, quizá como hacía tanto tiempo no lo tenía, pero venía siendo reclamado por vastos sectores políticos y sociales argentinos, una oportunidad inmejorable para demostrar para qué sirve, por qué la ciudadanía hace inmensas erogaciones dinerarias para su sostenimiento, en detrimento de necesidades mucho más urgentes y acuciantes.

Profundizar una verdadera “purga” dentro de su seno, sin que esto último se transforme en persecución política o de ideas, sino con el objetivo puesto en devolverle el brillo y el protagonismo que jamás debió perder, es tarea prioritaria de un Congreso que la sociedad argentina reclama y necesita más que nunca.

Ahora, el Poder Legislativo de la Nación debe “ir por más”, pero en el mejor sentido de la palabra. Con el amparo de la legalidad; con la mira puesta en los más altos intereses de todo el pueblo argentino; con el más depurado y acabado sentido de ética, moral y honorabilidad que siempre debió ser su más grande y notable característica, abandonado para siempre el camino errático que lamentablemente padeció por el despreciable “copamiento” que hicieron de él la banda de delincuentes que se instaló en la cúspide de la república durante los doce largos años de la experiencia kirchnerista, y que van a quedar para la posteridad como los más oprobiosos y corruptos de toda nuestra historia institucional.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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